Álbum

The Bug Club

Every Single MuscleSub Pop-Popstock! 2026

Bienvenida sea la nueva y gloriosa gamberrada anatómica que The Bug Club acaba de perpetrar en su quinto largo, “Every Single Muscle”. Sam Willmett y Tilly Harris regresan desde su periférico rincón galés no para ponerse trascendentales, sino para diseccionar el cuerpo humano con la lógica disparatada de un alienígena atrapado en un ataque de risa existencial. Solo en un ecosistema tan maravillosamente libre e inmune al pudor es posible que un par de canciones convivan con la misma naturalidad cantándole al lévrier de una novia con un pene descomunal en “My Uncle Warren Drives A Passat”“My girlfriends greyhound has a much bigger / A much bigger penis than me”– o asumiendo la torpeza más cruda de un primer encuentro nudista entre testículos y pechos en “Make It Count”, suplicando: “I’m naked now / When I turn around try not to stare at my testicles and penis”.

Y es que el costumbrismo de estos dos artesanos de lo absurdo no conoce filtros: son capaces de dar un volantazo surrealista frenando el mismísimo apocalipsis en “A Good Day For Dying” para presumir de haber aprendido a decir bonjour en francés (“I learned how to say bonjour which means hello in french I’m sure of it / Well that doesn’t mean anything when the four horsemen ring my little bell”), o de decretar que es técnicamente imposible ser amigos de alguien si nunca antes le has visto la entrepierna en “How Can We Be Friends”: “I’ve never seen your dick / I’ve never seen your penis / So how can we be friends”. Pura dinamita dentro de la provocación pop más terrenal y desvergonzada.

Ahora sí, demos un paso atrás para revisar lo que es su portada más desquiciada y bonkers hasta la fecha. Una ilustración firmada por Ross Willmett (hermano de Sam) que estampa en nuestras retinas a un minotauro hipermusculado, hipervascularizado y deliciosamente grotesco, erigiéndose como el preludio visual perfecto para este festín de body horror guitarrero. Conviene recordar además el ritmo estajanovista de este dúo, capaz de lanzar en un lapso de tiempo de récord el contundente “On The Intricate Inner Workings Of The System” (2024) y el reciente y brillante “Very Human Features” (2025). Todo esto lo han logrado sin apenas bajarse de la furgoneta, inmersos en una gira incesante que este mismo mes de mayo los ha llevado a abrir, nada más y nada menos, que para Super Furry Animals en el mítico Brixton Academy londinense, antes de asaltar el mercado norteamericano. Y a pesar de tanto trasiego transatlántico, encontraron el hueco exacto para encerrarse en los Rat Trap Studios de Cardiff. Allí, bajo la certera producción y mezcla de Tom Rees (corazón de Buzzard Buzzard Buzzard) y el pulido masterizado del infalible Mikey Young, han sabido empaquetar estos dieciocho trallazos de punk-pop sin perder un solo gramo de su efervescente y cruda urgencia.

En el epicentro de este vendaval eléctrico, hacemos dos últimas paradas que demuestran la envidiable versatilidad de la banda. Por un lado asoma “Watching The Omnibus”, una miniatura de garage-punk existencialista que, en apenas noventa segundos y cabalgando sobre un riff febril, despacha ganchos certeros y una desolación asfixiante directamente desde el sofá cama del primo Andy. Por otro, si toca hincar la rodilla en el barro, lo hacemos ante la inmensa perfección pop de “Yours (If You Want Me)”. Aquí el dúo baja las revoluciones para mostrarnos su perfil más reflexivo, ansioso y vulnerable, tejiendo unas armonías desaliñadas que huelen a himno de trinchera. Cuando entonan con el alma en vilo aquello de “My brain is broken / My body’s a mess / My heart’s wide open / I’m ready for this” y rematan jurando “I don’t wanna be adored / But I’m yours if you want me”, la rendición del oyente es sencillamente incondicional.

Al final, después de los cuarenta y un minutos de disección lo-fi que despacha “Every Single Muscle”, uno está dispuesto a entregarles el corazón o cualquier otro músculo que tengan a bien exigirnos. Una devoción absoluta que seguramente no comparta el verdadero protagonista de la hilarante “It’s Our Manager David”: ese representante desesperado que, al otro lado del auricular, asiste impotente a cómo estos dos se jactan de pasarse los días holgazaneando mientras ignoran deliberadamente sus malditas llamadas. Dejemos que siga sonando el teléfono. ∎

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