Manual de resistencia.
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En portada

La Estrella de David

Lo que mejor se le da

Fotos: Alfredo Arias

14.07.2026

Si hablamos de rock independiente español, David Rodríguez es uno de los pocos que siempre estuvo allí. Empezó con Bach Is Dead entre finales de los ochenta y principios de los noventa y el pasado mes de mayo publicó un nuevo álbum bajo el apelativo artístico de La Estrella de David. No exageramos al decir que tal vez sea el mejor disco que ha firmado en todo este tiempo. Lo va a presentar en directo el 10 de septiembre en la sala El Sol de Madrid, dentro del ciclo de conciertos MAZO.

David Rodríguez, cuerpo y alma de La Estrella de David, cita a Rockdelux en la estación de metro del barrio de San Lorenzo, en el corazón del distrito de Hortaleza, muy cerca de su casa. Es casi mediodía, estamos a principios de julio y con el termómetro a punto de entrar en cuarentena ya no hay quien pare en la calle. Mientras llega Alfredo Arias, fotógrafo de la casa, empezamos a pegar la hebra a propósito de “Máximo” (Sonido Muchacho, 2026), el álbum que hoy nos ha traído hasta aquí. “No me están haciendo demasiado caso con el disco”, afirma Rodríguez, para aclarar del tirón que no quiere sonar quejica ni nada parecido. No conozco su estadística ni sé sus escalas, pero me creo tanto lo uno como lo otro. Y da coraje pensar que un trabajo como este –guitarreo indie rock a la antigua usanza cosido por melodías fetén con letras que son puro nervio y dicen mucho más de lo que parece a simple vista– vaya a quedarse donde siempre, en la estación término prefijada como destino para las cosas de verdad especiales. “No pasa nada. Creo que es como son las cosas y ya está”, asegura. “Lo primero es que hay muchísimas cosas. Lo segundo es que soy un señor mayor que nunca ha triunfado. Siempre digo lo mismo, creo que lo tengo que decir: si hubiera triunfado, si hubiera sido ‘vuelve Sabina’ o ‘vuelven los Presuntos Implicados’, cambia la cosa. Y creo que el nombre tampoco ayuda. Tal y como está el mundo ahora mismo tiene sentido: llamarse La Estrella de David es como llamarse Esvástica”.

Antes de refugiarnos en un bar cercano para continuar la conversación, damos un pequeño pirulo por la zona. Alfredo localiza del tirón y dispara en tres o cuatro rincones de esta cuadrícula de plazas, pasajes, calles y aparcamientos que desde hace años es el hábitat de Rodríguez. Nacido en Sant Feliu de Llobregat en 1968, David ha encontrado aquí su sitio, ha hecho nuevos amigos, ha ensanchado su vida social y se ha integrado en un barrio bastante parecido al que lo vio crecer. No se lo esperaba, pero es lo que hay: “He sido siempre bastante sociable, en mi pueblo tenía pandilla, pero cuando me mudé aquí me tuve que forzar a integrarme un poco, porque venía con una hija pequeña y no quería que pensara que su padre era un miserable que no la sacaba de casa. Hice por meterme en algunas asociaciones de aquí, metí a mi hija en teatro en una asociación, ahí conocí gente y ese círculo se fue abriendo con el Club del Disco del barrio, que nos reunimos unos pollaviejas ahí y… bueno, hay chicas también. Y entre una cosa y otra, pues sí, podría tener vida social todo el puto día. Tengo mucha más vida aquí que cuando vivía en el centro”. Rodríguez apenas se aventura ahora más allá de la M-30, aunque la ciudad de Madrid es un personaje recurrente en “Máximo”: “Es que me siento más cómodo en la periferia. Veo un poco, no sé… Hay gente muy maja en el centro, pero veo todo un poco más impostado y que en la periferia vive gente más normal, que te acerca un poco a… te sientes menos raro si vives aquí. En el centro al final solo conoces a músicos, diseñadores, rentistas…, y eso aquí no abunda mucho. A mí me gusta más esto”.

“Mari Carmen”, vídeo realizado por Daviz Pé.

Al escuchar este disco, el primero de La Estrella de David a solas desde “Consagración”, que salió en 2018 vía Sonido Muchacho, la sensación fue que esta vez te había apetecido más el guitarreo.

Es un poco bajar el nivel, que al final no baja, porque me gusta más que el anterior, me gusta más que “Consagración”. Lo que sí que me planteé fue no innovar, porque ya no estaba innovando hace 40 años y, cuando innovábamos, en realidad no lo estábamos haciendo, estábamos copiando a Sonic Youth; tampoco era innovación. En este me planteé no intentar hacerme el moderno, hacerlo urgente con la guitarrita, no pensármelo mucho y no tener miedo a asociar cosas que ya no escucho, porque yo no escucho indie, ya no me pongo The Wedding Present. Bueno, The Wedding Present puede que sí, pero estos grupos que dices “se parece a The Wedding Present” no los escucho. Sobre todo era no tener miedo a hacer lo que mejor sé hacer, que creo que es hacer rock con la guitarrita e intentar no meterme en experimentos.

Sí: guitarra, bajo, batería y p’alante, básicamente. ¿Quizá te diste cuenta de que lo que intentaste con el anterior no te iba tan bien?

No, no había una premeditación, no había ningún plan, simplemente me encontré haciendo esto que te digo. No pensé mucho las cosas y prácticamente hice las canciones una cada día, no tenía otra cosa que hacer. Me acuerdo que me preguntabas el verano pasado si estaba con canciones de La Estrella de David y te dije que no, pues en octubre hice una y en enero ya tenía el disco hecho.

Lo has ido haciendo en casa y también en Barcelona, ¿no?

Las canciones están todas hechas en casa, luego viene Sergio Pérez y grabamos las baterías en Barcelona. Sergio hace todo de puta madre, que se lo lleve. Está todo hecho en mi casa, las guitarras prácticamente todas en casa salvo alguna cosa, alguna colaboración. Y Sergio hace que suene muy bonito. Y he hecho otro. Con el rollo este he hecho dos discos, en octubre saldrá otro de un grupo que he montado con Srta. Trueno Negro, con la Nati. Hacíamos una o dos canciones cada vez que nos juntamos, me ha llegado la mezcla la semana pasada y suena impresionante, son canciones hechas en casa también.


“Las canciones están todas hechas en casa, luego viene Sergio Pérez y grabamos las baterías en Barcelona. Sergio hace todo de puta madre. Está todo hecho en mi casa, las guitarras prácticamente todas en casa salvo alguna cosa, alguna colaboración. Y he hecho otro álbum. Con el rollo este he hecho dos discos, en octubre saldrá otro de un grupo que he montado con Srta. Trueno Negro”


Ella es de esa estirpe de indie rock guitarrero, como tú.

Sí, sí, nos juntábamos y ese día hacíamos dos canciones. He tardado en hacer el disco dos meses y está muy bien, ella canta en argentino y nos llamamos Los Hermanos Reid.

En los últimos años también has participado en la producción de discos de La Bien Querida, con quien sigues tocando en directo. Hay una canción en tu disco, “No me quieras tanto”, que me la puedo imaginar en ese repertorio de La Bienque.

Porque La Bien Querida hemos copiado mucho a New Order y esta es una copia de New Order. Es un plagio descaradísimo.

El año pasado produjiste un disco que fue una sorpresa para todos, “El Ghorba” de Rachid B. Imagino que os conocisteis en el barrio. ¿Qué es lo que de entrada te atrajo de él?

La voz que tiene, el cabrón. Se puso a cantar ahí con esa voz que tiene, así, de desierto. ¡Qué voz tienes, cabrón! Eso es lo que me llamó la atención. Él es muy de “no, yo no, yo no”, pero está deseando tocarte la guitarra, y vino a casa y me tocó la guitarra y dije: “Vamos a grabar esto”. También es una cosa muy del barrio, con esta gente del Club del Disco, que lo han pagado ellos. Yo lo produje gratis y al final me dieron 500 euros, porque los vendieron todos.

¿Te sorprendió el eco que ha tenido?

Un poco. Bueno, un poco y a la vez no, porque estos eran muy de “que no, que no”, pero yo sabía que si lo oía la gente podía gustar. Y también tenía la ventaja de que era la primera vez, a Rachid no le pasa lo que me pasa a mí, que ya no me hacen tanto caso. Era la primera vez que se oía su voz, se vio lo que hacía y estaba bien la voz: cuando cantaba subía el pan. Me ha sorprendido un poco, pero no del todo. Sabía que podía gustar. También sabía el target de gente a la que le podía gustar, que es a los hípster podemitas, que digo yo.

David Rodríguez, siempre al máximo.
David Rodríguez, siempre al máximo.

En “Demasiado bien” planteas que alguien se ha enamorado y debería estar contento y feliz, pero no lo disfruta.

Vive la experiencia del amor acordándose de las experiencias anteriores, que siempre le han salido mal. Empieza bien al principio, pero acaba mal, y prefiere ahorrarse el trance de la separación. El miedo a enamorarse, que pasa mucho ahora. El miedo al compromiso. Me pongo en la piel de un personaje que piensa eso.

¿Eso lo ves en el entorno?

Bueno, sí, lo ves. Es una exageración, pero en cierta manera me puede haber pasado a mí, lo que pasa es que ya he puesto el parche mucho antes. El que canta la canción es muy llorón, porque está de puta madre y ves que se está quejando. ¡Disfruta del momento, chaval! El personaje que canta es muy cenizo.

En “Haciendo el tonto” disparas algunos dardos contra Madrid, enumeras una serie de cosas que no te gusten de la ciudad o que no encajan contigo. Parece que asumes vivir aquí aunque no te mola del todo.

Esto que dices de Madrid son prejuicios que tengo, pero más que nada prejuicios un poco de ser izquierdoso o algo así. Aquí está la corte, aquí vienen todos los espabilados a medrar, está el postureo, que es un poco lo que pasa en Cataluña, en Barcelona, que también está odiosa. Aquí pesa mucho el postureo, la impostura… Pues yo qué sé, la picaresca, es Madrid, tío. Es la capital del mundo de la picaresca, tristemente, y eso me da un poco de rabia.

En la canción dices que los sombreros no te quedan bien…

Eso es por algún cantante que se pone el sombrero, ese tipo de impostura que a mí me parece… Pero, bueno, ya digo que son prejuicios míos, lo sé, porque Madrid es más que eso. Por eso estoy mejor aquí, porque no noto la impostura. Estoy de puta madre porque esto puede ser Madrid como podría ser Hospitalet o podría ser cualquier otro lado, aunque tiene cosas en que se nota Madrid.


“En Barcelona fuimos los primeros en cargarnos la ciudad. Valencia se la han cargado, Málaga se la han cargado o nos la estamos cargando. Sí, sí, está todo fatal. Pero también es que nos hacemos mayores y, como tenemos perspectiva, vemos que las cosas empeoran porque las hemos conocido de otra manera, porque lo de Madrid es un escándalo, lleváis diez años jodiéndola. Pero en Barcelona os ganamos, nos la cargamos en el 98”


¿Por qué está Madrid especialmente odiosa últimamente?

Es general. Se han cargado Madrid muchísimo. En Barcelona fuimos los primeros en cargarnos la ciudad. Valencia se la han cargado, Málaga se la han cargado o nos la estamos cargando. Sí, sí, está todo fatal. Pero también es que nos hacemos mayores y, como tenemos perspectiva, vemos que las cosas empeoran porque las hemos conocido de otra manera, porque lo de Madrid es un escándalo. Pero en Barcelona os ganamos, nos la cargamos en el 98. Vosotros lleváis diez años jodiéndola.

Una de las canciones que más me gusta es “Nombre provisional”. Me da mucha vidilla, tanto por el ritmo como por esa melodía supercontagiosa. Esos dos elementos le van muy bien a la idea de que alguien ha encontrado a una persona que le hace querer ser mejor.

Está un poco hilada con “Demasiado bien”. Es un poco el mismo rollo: ojalá pudiera ser la persona que se enamora, ser la persona que no soy, o algo así.

¿Cómo nació esta?

Estuve viendo la película “Los fantasmas atacan al jefe”. La redención esta de Mr. Scrooge, que lo visitan los fantasmas de la Navidad y acaba siendo al día siguiente muy buena persona. Pues aquí es el amor esa fuerza que te cambia de un día para otro, que puede serlo. Va por ahí. Lo dice en la letra: “Como los fantasmas de las navidades, como un pastor viendo un milagro, como la caída del caballo de San Pablo”. Que el amor sea esa fuerza redentora que hace que tu vida… que tú seas mejor persona de repente.

El ambiente al inicio de “El Látigo Negro” me ha recordado a una canción de Morrissey que se llama “Spring-Heeled Jim”.

No la conozco. Es un poco como las cosas que hacía con los Beef en los noventa. La música es un poco parecida a cosas que hacía en esa época. Puede ser. Y luego me han dicho que se parece a Fontaines D.C. porque también tienen este rollo así, como los Beef de los noventa pero mejores, claro, cantan mejor, suenan mejor.

Emisiones de puente aéreo.
Emisiones de puente aéreo.

En esta hablas más que cantas.

Sí, últimamente en alguna digo: “Voy a hablar”. En el anterior hice una que hablaba de Madrid, en la que sale el Museo del Jamón. Esta es de las primeras que hice. Cuento una historia que me contó mi padre, la contó en el pueblo, que ya de mayor estaba en el pueblo con alzhéimer y queríamos que nos contara cosas, y se acordaba siempre de la historia de este señor, al que llamaban El Látigo Negro. El nombre nos hacía mucha gracia en la familia y le digo: “Papa, voy a hacer una canción con esto”. Contaba eso, que le robaba al patrón y que luego se espabiló. Lo de que se vino a Madrid me lo he inventado. Es un poco meter basura a Madrid,

Otra vez…

Otra vez, otra vez (se ríe). Es un rollo así de ¿dónde va a ir? Pues se viene a Madrid. ¿El ladrón dónde va? A Madrid.

Y además aquí metes en la ecuación a Amancio Ortega.

Sí, Amancio Ortega es el símbolo de que todas las ciudades son iguales. ¿Dónde voy a ir, si siempre está Amancio Ortega? Si me voy a Berlín, va a estar Amancio Ortega. Voy a ir a Valencia y tenemos el Zara, el Bershka. Todas las ciudades se parecen ahora, que es de lo que nos quejábamos antes, que están perdiendo toda su personalidad, se están vendiendo al dinero y Amancio Ortega es una metáfora de eso.

Tiene su sustrato político…

Casi todos los discos míos lo tienen, el anterior también lo tenía.

Se mueve entre eso y toda la parte de los sentimientos y las relaciones, que en este disco es especialmente poderosa.

También hablo de cómo se afrontan los sentimientos hoy en día, y es política eso. El individualismo y este tipo de rollos también está ahí.


“¿Dónde voy a ir, si siempre está Amancio Ortega? Si me voy a Berlín, va a estar Amancio Ortega. Voy a ir a Valencia y tenemos el Zara, el Bershka. Todas las ciudades se parecen ahora, que es de lo que nos quejábamos antes, que están perdiendo toda su personalidad, se están vendiendo al dinero y Amancio Ortega es una metáfora de eso”


“Acordándote de mí” tiene este par de líneas: “La vida me ha sonreído, y yo no le sonreí” y “He hecho mucho más daño del que me han hecho a mí”.

Bueno, estoy hablando de ser un cenizo… Sí, y luego: “Y aun así he sido siempre el primero en llorar”. El rollo este de cantautor quejumbroso… Me imagino a todos los cantautores quejumbrosos que me vienen a la cabeza, que deben ser más malos que la quina y luego se están quejando todo el rato: “Hoy me duele el baaaazo” (canturrea).

¿Estas son conclusiones recientes o están sobrevolando por ahí desde hace tiempo?

No, estas son recientes. Esta es una copia de… No hay que decir ninguna canción porque no es ninguna en particular. Esto es The Wedding Present, el rollo ese. Es una típica canción de amor. Y luego, fustigarme, que también se me da bien. Sí, debería hablar bien de mí en alguna canción.

No estaría mal. Tampoco pasaría nada.

Hay un género de canciones que se hacen, mítico, que es el de echarle la culpa al otro: Los Planetas, la gran Paquita la del Barrio… A mí no se me da bien, tío. No se me da bien, siempre tengo yo más que reprocharme a mí mismo que a la pareja. Debería trabajar en ese género un poco. Pero a mí no me sale. No sé.

¿Has pensado en por qué no te sale?

Pues porque soy un enfermo, yo qué sé, por complejos, no lo sé, no lo sé… Pero en el fondo tampoco tengo nada que reprocharle a nadie, que es lo que dice la canción, que tienen más que reprocharme a mí que yo a los demás, sobre todo en las relaciones.

Personal y político.
Personal y político.

“Andrés” me ha hecho recordar el disco que hiciste con Soleá Morente en 2020, “Lo que te falta”.

Esta canción debe ser de la época en que estaba haciendo el disco con Soleá, que era mucho más… como rumba, ¿no? Yo creo que de hecho esta canción el coro lo hacía con Soleá, pero luego lo quité. Como es tan antigua… Podría ser, le podías poner unas palmitas, creo que se las pusimos, incluso. Estaba haciendo el disco con Soleá, que venía a casa y le decía: “Soleá, cántate algo, a ver esas palmitas”. En su momento sí se la enseñé a ella. Creo que también un día vino Miren Tulsa y le dije: “Canta esto”. Tenía coros de Soleá, de Tulsa, de La Bien Querida, de Andrea Buenavista…, de mucha gente, pero tuve que escoger. Bueno, pues que se quede en esto porque tiene una voz mucho más poderosa Soleá y quedaba un poco rara.

Soleá cuenta que tú fuiste el principal responsable de que ese disco sonara como sonó, que fuiste quien le dijo que lo llevara a su entorno, a los músicos que tenía más cerca.

Ella quería hacer un disco de noise, sí, rollo Triángulo de Amor Bizarro y cosas así, y me daba un poco de pereza eso. Con el background que tiene, con el rollo que tiene, con los músicos que tiene y la voz que podía sacar, le dije: “Tienes que hacer un rollo María Jiménez, Bambino y cosas así”. Parece que estoy encantado conmigo mismo, porque me encanta el disco de Soleá, el que he hecho ahora, el que hice con Maria Rodés me gusta… Tampoco escucho mucha música e igual me gusta más lo que hago porque no lo comparo con lo de los demás.

¿Hay algo que te haya sorprendido últimamente, de música nueva?

No escucho mucha música. Pongo lo de siempre, Richard Cocciante, Popol Vuh... este tipo de música es la que me gusta a mí oír. Yung Beef es buenísimo. Me pongo una playlist, algunas canciones, pero no sé ni lo que es... No estoy al tanto de nada de lo que hay. Y aparte es que, aunque quisiera, hay tanta cosa... Ahora no te puede dar por un disco, eso de que te quedas en un disco durante una semana o un mes. ¿Cuántos lanzamientos había antes y cuántos lanzamientos hay ahora? Da la sensación de que hay muchísimos más ahora. Claro, estoy superfuera, voy al centro de Madrid o a festivales y veo la gente que toca y no conozco ni al tato. El otro día estuve con una amiga que me dice sobre los Jayhawks… pues no sé. Dejé un poco de estar al tanto en el 97 o 98. Fui un friki de comprar discos hasta ese momento y luego ya lo dejé, me estabilicé y dejé de comprar. Me dio por Battisti, me dio por el krautrock y me quedé un poco ahí.


“No escucho mucha música. Pongo lo de siempre, Richard Cocciante, Popol Vuh... este tipo de música es la que me gusta a mí oír. Yung Beef es buenísimo. Me pongo una playlist, algunas canciones, pero no sé ni lo que es... No estoy al tanto de nada de lo que hay. Y aparte es que, aunque quisiera, hay tanta cosa...”


No sabía ese rollo tuyo hacia la música italiana.

Si te gustan las melodías, el sentido melódico que tienen los italianos creo que es superior. Battisti, también Battiato, Cocciante… Se está perdiendo un poco la melodía como gancho de la canción, ahora es más el ritmo. De hecho, cualquier canción ahora, incluso las melódicas, tiene su momento rapeado que no es más que ritmo. Se pierde la melodía. A veces me compro discos, me compro cosas de Bach y cosas así, de viejos, de música clásica, que para las melodías son buenísimas. Tampoco estoy puesto en Bach, pero si me tengo que comprar algún disco, me compro cosas de Bach y de Vivaldi y clásicos de estos.

“Cariño madrileño”, tiene letra de Luis Troquel y en ella se vuelve a cuestionar cosas de la ciudad.

Son cosas más de Luis, pero lo compro todo, es lo típico que se le achaca a Madrid, este rollo de que por la noche somos todos muy amigos y vamos a hacer tal, y luego por la mañana te olvidas de todo. Pero en Madrid yo pienso que sí, que en Madrid sí que se hacen las cosas, no estoy de acuerdo un poco con la letra de Luis. Porque en Madrid sí, te emborrachas, te metes algo con alguien en un lavabo y dices “vamos a hacer algo” y normalmente se lleva adelante lo de los negocios de la noche, menos en el amor, que en el amor es verdad que todo de lo que habla Luis es más vano. Pero aquí se han hecho muchos negocios, se han hecho muchas empresas y construido muchos edificios a base de por la noche salir y pimplar.

El disco termina con “Mari Carmen”, una canción con recuerdos de tu infancia.

Sí, de mi escalera, es lo que describe. Me impactó porque murió una vecina que era amiga. Se llamaba Mari Carmen y se murió de golpe. Era de mi edad, con ella me había criado, y va un poco por ahí. Tiene cierto rollo político sobre lo que había en las ciudades en los setenta, que ahora aplicarían la ley antiterrorista, porque nos decían: “Niños, hay que ir a cortar la carretera porque no tenemos ambulatorio”. Y allí que íbamos los niños. Cortamos la carretera y se consiguió el ambulatorio. En Sant Feliu no había algunas cosas, no había zonas verdes y en el único sitio de zona verde iban a poner una gasolinera, y quedaban los vecinos cada noche y tiraban la excavadora al hoyo para que no hicieran la gasolinera, luego uno que tenía una excavadora llegó, aplanó el terreno, vino otro que era jardinero e hicieron una plaza para no poner la gasolinera. Si esto lo haces ahora ya tienes a Ana Rosa Quintana diciendo que tal... Pues nada, hoy no es una gasolinera, hay una plaza allí. ¡Ahora haces eso y acabas en la cárcel! Son cosas de viejo, porque no es que fuera un tiempo mejor, pero por lo menos este tipo de cosas…

Guitarras callejeras.
Guitarras callejeras.

¿A Sant Feliu vas habitualmente?

Sí, voy cada mes y medio o dos meses a ver a mi madre, pero ya no hago tanta vida social, estoy desentrenado. Tengo amigos, quedo con ellos, pero ahora tengo más amigos aquí. Siguen estando los colegas, pero los que siguen saliendo pues obvio que son los campeones de la noche. Yo no puedo seguir el ritmo.

¿Sigue habiendo ese poso de movimiento vecinal o ya no?

Menos que aquí, puedes luchar más aquí que allí. No sé, se ha convertido un poco en ciudad dormitorio para matrimonios que se van de Barcelona y tiene un punto en que parece que estás en Gràcia, está un poco aburguesada. Hay inmigración, pero no pesa mucho. Estando al lado de Barcelona se ha aburguesado mucho.

Llevas haciendo canciones y tocando en grupos más de 30 años, casi toda tu vida. Has conocido el negocio desde entonces hasta hoy.

El negocio no ha sido mi especialidad. He estado ahí metido de alguna manera, pero la parte del negocio no ha sido mi especialidad. No tenía conciencia, siempre me ha quedado esa tara hasta que no estuve con La Bien Querida: yo no pensaba que se pudiera vivir de esto, no tenía ni idea y tampoco le veía el sentido. Mis referentes, más que el indie y eso, eran los punkis, y los punkis de antes no pensaban en vivir de esto. Ahora todo el mundo quiere vivir de la música, pero yo no pensaba que esto era un negocio. Los primeros que se lo plantearon fueron Los Planetas, porque los indies aquellos no nos mirábamos en la gente que hacía dinero, sino en ese rollo más de universitario flipao. Por eso la parte del negocio primero la veía con desconfianza, por la actitud tan prejuiciosa del punk, y no me metí mucho en eso.

¿Si te pregunto a qué te dedicas, qué respondes?

Ahora digo “voy con la guitarra con una cantante, me pongo al lado y toco con la guitarra”. Músico, claro. Pero, bueno, el músico de pop-rock es el escalafón más bajo, no sabemos tocar ninguno mucho. ¿Tú tocas algo? ∎

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