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Yard Act

“Bajo la ironía debe haber un gran corazón, porque si solo te basas en la ironía, tus temas no duran”

Fotos: James Winstanley

13.10.2026

Varios años de actividad y tres aclamados álbumes después, James Smith, líder de Yard Act, sigue sufriendo el síndrome del impostor. Pero para él no es un problema, sino una forma asegurar el seguir estando alerta y lograr que su banda continúe siendo relevante y evolucionando artísticamente. En el reciente “You’re Gonna Need A Little Music”, el otrora emblema del nuevo post-punk se afirma como grupo posgénero mientras lanza líneas resonantes sobre todo lo que está mal en Reino Unido y bastante más allá. Este octubre, su ansiedad se podrá disfrutar en directo en Barcelona (20) y Madrid (21).

Y

ard Act lanzaron su primer single, “The Trapper’s Pelts”, el 18 de marzo de 2020, solo cuatro días después de que entrara en vigor en España el estado de alarma y el Gobierno decretara el confinamiento de toda la población. Podíamos bailar con esa canción, pero en casa y enfadados. Esto último, el enfado, encajaba con el espíritu de una sátira del neoliberalismo en la que el cantante y letrista James Smith, antes en Post War Glamour Girls, nos recordaba que la gente trabajadora no recibe un pago justo por su esfuerzo. “The Trapper’s Pelts”, como el resto de primeras señales reunidas en el EP “Dark Days” (Zen FC, 2021), era un elogio de la angustia bailable, de la canción protesta no exenta de hedonismo.

Yard Act satisficieron las expectativas con “The Overload” (Zen FC-Island-Universal, 2022), un primer álbum nominado al premio Mercury sobre, entre otros temas complejos, qué se siente al ser corrompido por el capitalismo que tanto criticabas y acabar vendiéndote a una multinacional. Lo siguió el todavía mejor “Where’s My Utopia?” (Island-Universal, 2024), sobre ser menos rico de lo que la gente cree y tener encima el cartel de persona sin principios. En el falsamente desordenado “You’re Gonna Need A Little Music” (Island-Universal, 2026), nuestro antihéroe ya no sabe muy bien quién es ni qué hará de aquí en adelante, de ahí los constantes altos y bajos de ánimo y la abundancia de virajes estilísticos.

Pero Smith no escribe solo sobre su grupo –que completan el bajista Ryan Needham, el guitarrista Sam Shipstone y el batería Jay Russell–, sino, en términos más generales e impresionistas, sobre qué significa ser una persona en el mundo ahora mismo, en un momento en que fuerzas oscuras luchan por dividirnos, nadie se preocupa por el vecino de al lado y el ruido de las redes no deja escuchar la vida. Nos lo explica él mismo con respuestas-diatriba que todavía fueron más largas antes de ser condensadas por cuestiones de legibilidad y claridad.

“Empty Pledges”, el tema que abre “You’re Gonna Need A Little Music”.

Felicidades por “You’re Gonna Need A Little Music”, qué gran disco. Y qué gran título para un álbum y una canción. ¿Es una recomendación sincera? ¿Crees que en los poderes curativos de la música?

Sí, sí que lo es, aunque en realidad me he pasado toda la vida restando importancia a la sinceridad. Es una especie de mecanismo de defensa. La música me ha servido de terapia porque me permite interpretar a un personaje y denunciar las cosas que no me gustan. Pero no puedo ser abiertamente sincero porque esa clase de actitud siempre me hace levantar la ceja. Toda mi música favorita es un poco ambas cosas: sincera a la vez que irónica. Es algo que las bandas británicas siempre han hecho muy bien. Bajo la ironía debe haber un gran corazón, porque si solo te basas en la ironía, tus temas no duran.

Solo por curiosidad, ¿has visto el reciente documental de Oasis, banda de la que sé que sois admiradores? Es sobre lo mismo: la música como medicina.

Todavía no lo he visto, pero quiero ir a verlo. Soy un gran fan de Oasis. Su música es mayor que ellos mismos. Las composiciones de Noel, unidas a la voz de Liam, dan como resultado algo realmente poderoso. Mucha gente dice que sus letras son absurdas, pero ahí radica el poder de la música: logra que letras que no son poéticas adquieran sentido. Son auténticos y siempre lo han sido. Nunca han sido pretenciosos y eso me parece algo bello.

De lo que no se habla mucho en el filme es de política. Bueno, hay un momento al final en el que niegan ser “una cosa de derechas” y aseguran que simplemente defienden la unidad entre la gente. Yard Act es claramente “una cosa de izquierdas”, pero evitáis sermonear.

Mis ideas son bastante de izquierdas, pero también creo que es necesario que existan un equilibrio y una oposición. Me asusta el auge de la extrema derecha, pero tampoco es que crea que el conservadurismo no deba existir. Lo que defendía en el primer álbum y lo que recorre todas mis letras es, más allá de cualquier política identitaria, una firme oposición al capitalismo, algo que nos está destruyendo. A nosotros y al planeta. No podemos vivir en esta economía de pequeños trabajos, luchando, luchando y luchando para llegar a fin de mes. Sube la inflación, pero no suben los sueldos. No estamos en un mundo donde puedas vivir bien si trabajas duro. Parece bastante claro que algo no funciona. Pero no, no creo que la buena política se traduzca en buen arte y soy un poco escéptico con el hecho de que tantas bandas se muestren tan políticas ahora mismo. Se han subido al carro de Sleaford Mods o IDLES y no sé si son conscientes de que están sacando provecho de eso. Al principio nos metieron un poco en ese cajón y me posicioné contra ello, o sea, no es quien quiero ser, no es quien soy. Prefiero hacer que la gente piense a simplemente decirles lo que ya saben. Porque todos esos grupos solo se dirigen a un público que ya está de acuerdo con ellos.


“La música me ha servido de terapia porque me permite interpretar a un personaje y denunciar las cosas que no me gustan. Pero no puedo ser abiertamente sincero. Toda mi música favorita es un poco ambas cosas: sincera a la vez que irónica”

James Smith


O sea, no os sentíais cómodos con la etiqueta de “crank wave”, inventada por Mark Beaumont de ‘NME’ en 2010 para hablar de grupos de revival post-punk con cantantes aficionados a la diatriba gritada.

La verdad es que no, pero es que ninguna banda quería estar metida en esa etiqueta. También se hablaba de escena Windmill, de escena del South London… Si escuchas a los grupos que han salido de eso, no suenan a escena para nada. Algunos son buenos, algunos no me gustan, pero cada uno está haciendo su propia historia. Todos los grupos quieren sostenerse sobre sí mismos sin necesidad de formar parte de algo mayor. Tampoco es que me moleste que nos llamen “crank wave” o post-punk. Es el modo de encontrarnos en una tienda. Pero ya hemos trascendido todo eso, me parece.

En cierto modo, ya sois casi una banda posgénero. Me ha sorprendido encontrar en el disco algo como “Thrill Of The Chase”, una canción en la que te atreves claramente a rapear y que tiene sintes rave como salidos del arsenal de The Prodigy. ¿Os sorprendisteis a vosotros mismos con alguno de los desvíos estilísticos que decidisteis tomar?

Compusimos unas cuarenta canciones para el disco. Seguimos trabajando en algunas de ellas, las que queremos incluir en una edición deluxe que verá la luz el próximo año. En un principio íbamos a hacer un álbum doble, pero el sello dijo que no (se ríe). Mi idea era que fuese nuestro “The White Album” (1968). O nuestro “Revolver” (1966), que es uno de mis cinco discos favoritos de todos los tiempos. Es increíble que The Beatles pasaran, solo en los cinco o seis primeros temas, de “Taxman” a “Eleanor Rigby” y de ahí a “I’m Only Sleeping”, y que poco después sonara “Yellow Submarine”. Es el sonido de The Beatles disfrutando de su libertad. Nuestro disco, evidentemente, no es tan rompedor, porque llega 60 años después y es imposible escapar de la sombra de The Beatles. Pero al hacerlo no nos sentíamos restringidos por una identidad, una especie de noción preexistente de quiénes éramos. Nos lo pasamos en grande, probamos de todo. Poco a poco di forma al puzle y reformulé el repertorio para tener un disco con un concepto y un relato.

Desde luego, escuchando las canciones se nota que os divertisteis. Grabar juntos en vuestro propio estudio en lugar de registrar cada pista por separado debió ayudar a esa liberación.

Esa fue la principal razón para construir un estudio propio. Queríamos poder tocar juntos el tiempo que nos apeteciera. Yo no escribo letras mientras el resto del grupo hace sus jams, así que me ponía a tocar el piano para acompañarlos musicalmente. Tocábamos durante horas, capturábamos lo mejor y trabajábamos sobre eso. Si queríamos bajar los BPM o cambiar el tono, podíamos hacerlo sin ordenador. Todo era más disfrutable y empezamos a apoyarnos mucho más en los errores que en el pasado. Mientras tanto, el mundo no dejaba de hablar de la IA. Era algo que nos resultaba tan lejano en ese momento… De aquí en adelante, nos vamos a esforzar por dejar las notas disonantes y las partes desafinadas, como en una especie de acto de resistencia a lo que un ordenador haría perfecto. Los vientos suenan desafinados en “Move On Up”, de Curtis Mayfield. Creo que es en la tercera estrofa: entran y están en la tonalidad equivocada. ¿Y a quién le importa? Suena de maravilla, como si estuvieras en la habitación con esos músicos, viviendo el momento. Sospecho que la música va a volver a esa idea.

Jay Russell, Sam Shipstone, Ryan Needham y James Smith.
Jay Russell, Sam Shipstone, Ryan Needham y James Smith.

Se puede ver claramente en el nuevo disco de Alabama Shakes, “I Must Be Dreaming”, que suena increíblemente sucio para ser el gran regreso de una banda con cuatro premios Grammy en su haber. No sé si lo has oído, pero está cargado de fuzz.

Me gustan Alabama Shakes. Todavía no he oído el nuevo. Lo escucharé, desde luego, porque me interesa eso que cuentas. Y así es, creo que los grupos se están abrazando a la idea de hacer que su musica suene tan humana como sea posible. Llevamos muchos años aplaudiendo a la máquina que te hace cantar bien. O la que coloca el redoble de batería en la posición correcta. Creíamos que era lo que nos hacía falta pero… ¡fíjate en toda la música antigua que no necesitó nada de eso! Si tienes delante una herramienta útil es tentador usarla, pero en este momento debemos luchar contra eso, crear fricciones y tener el valor de decir no al perfeccionismo, por mucho que nos cueste. Que alguien te diga “oye, esto podría quedar mucho mejor si apretamos este botón” y que tú prefieras no pulsarlo es un gesto importante. Nuestro viaje nunca se ha basado en la idea de sonar mejor, más grandes, más perfectos. Parece más interesante desviarse de lo grande y limpio y abrazar el desorden y el caos.

“Thrill Of The Chase” ejemplifica en cierto modo este rechazo a los caminos consabidos, a seguir los ritmos y las exigencias del capitalismo tardío.

Desde la Segunda Guerra Mundial nos vienen diciendo que podías construirte una vida y que además sería una buena vida a base de trabajo duro. Y creo que para mi generación y generaciones más jóvenes que la mía esa fantasía se ha terminado. Mientras crecíamos nos tuvimos que olvidar de la idea de comprar una casa o poner dinero en un plan de pensiones. Todo lo que está pasando en este país con los caseros privados es una auténtica locura. Solo porque hace veinte años pudiste comprarte una casa, ahora te dedicas a estrujar a alguien para que te pague la hipoteca y no tenga dinero para otra cosa que no sea pagarte a ti. Es un sistema desquiciado, sin más. No entiendo cómo alguien puede ver eso y verlo como un modelo eficiente. Es simple corrupción, es abuso. La industria musical es lo mismo, aunque nosotros tampoco podemos quejarnos mucho, al menos de momento, porque trabajamos con gente increíble. Sea como sea, da miedo meterse en una industria en la que no vas a tener más prestaciones ni aumentos de sueldo por el hecho de seguir trabajando mucho tiempo y hacerlo bien. Vivimos pendientes de los gustos del público, lo que genera mucha ansiedad. Es lo que hemos elegido, no es culpa de nadie, pero realmente tenemos la sensación de estar metidos en una rueda de hámster.


“Desde la Segunda Guerra Mundial nos vienen diciendo que podías construirte una vida y que además sería una buena vida a base de trabajo duro. Y creo que para mi generación y generaciones más jóvenes que la mía esa fantasía se ha terminado”

James Smith


Es evidente que todos, tanto a la izquierda como a la derecha, somos víctimas del capitalismo, pero ni siquiera nos ponemos de acuerdo en eso. Parece una preocupación clave de Yard Act desde el principio: nuestra infinita capacidad para hablar y nuestra no menos importante incapacidad para escuchar al otro. Ya en el tema titular del primer disco oíamos conversaciones cruzadas. En este encontramos una canción como “Talky Talky People”: “Gente parlanchina parlanchina, que nunca escucha / Siempre quieren que sepas lo que te están contando”.

Creo que es algo producto de internet en particular, pero también del modo en que nos han forzado a, ya sabes, darte de bofetadas por un trabajo, cuidarte tú solo las espaldas y ponerte a ti mismo por delante de todos los demás. Todo esto ha resultado en una verdadera falta de sentimiento de comunidad. Sobre todo entre la gente mayor de derechas, cualquier idea de comunidad ha desaparecido. Muchos ni siquiera se plantean la necesidad de hablar con otras personas, escuchar otras opiniones. Ahora mismo nos comunicamos, sobre todo, a través del móvil, algo que deshumaniza totalmente las conversaciones. La gente utiliza las redes sociales para mostrar su vida, e incluso si solo la muestran ante amigos cercanos, están vendiendo… una versión idealizada de sí mismos. Antes estábamos más cómodos con nuestros propios líos y te comunicabas con otra gente que los tenía y todo el mundo sabía lo que le pasaba a todo el mundo en su comunidad. Algo así nos humaniza a todos. Ahora, en cambio, mostramos esta especie de versión manufacturada de quiénes somos, tenemos miedo a cometer un error todo el tiempo… Y fuerzas nefarias se han apoderado de esta mecánica, se han lanzado a enfrentarnos a unos con otros. La izquierda es especialmente nefasta en este sentido; no deja de castigar a la gente por sus errores y por tener creencias diferentes a las suyas. Antes, esta clase de debates se daban en las calles. Podías mirar al otro a los ojos. Esto se ha acabado y ahora se discute en internet, donde generalmente una opinión no está acompañada de un rostro humano. El efecto en la sociedad ha sido completamente devastador. Queda por ver, además, cómo afectará todo esto a la gente que ha crecido exclusivamente en ese entorno virtual y que solo sabe comunicarse de esa manera. Igual sueno ya como un anciano que no pilla nada, quién sabe. Pero realmente creo que hay motivaciones humanas básicas que han muerto con la tecnología. El primer paso para revertir todo este proceso sería, básicamente, salir a la puta calle y hablar con la gente, hablar con tus vecinos.

Aunque ya vayáis por el tercer álbum y las críticas hayan sido excelentes, las mejores de vuestra carrera, no parecéis poder escapar de la excesiva autoconciencia y del síndrome del impostor. Es como si os sorprendiera, todavía hoy en día, lo mucho que os admira el público y la prensa. En el tema “Empty Pledges” cantas: “¿Tú también te sientes como un impostor con cada nivel por el que asciendes?”. ¿Qué tiene que pasar para que os sintáis más cómodos con la importancia de la banda?

Umm… No lo sé. Creo que me hago esto a mí mismo porque si me acomodo demasiado perdería un poco la motivación. Y creo que la motivación te mantiene anclado a la realidad. Te mantiene conectado al mundo real. Y quiero seguir formando parte de ese mundo. La motivación me mantiene hambriento. No quiero sentirme plenamente satisfecho de lo que he conseguido. Y eso no quiere decir que quiera autosabotearme, ni que quiera ser un nihilista y ver tan solo lo peor en cada situación; esa clase de mecanismo de defensa no me parece saludable. Pero sí que me gusta hacer gimnasia mental y desafiarme a mí mismo, porque eso significa que voy a seguir evolucionando. Eso es todo lo que quiero en esta vida tan corta. En cierto modo, envidio a la gente que es muy segura de sí misma. Es gente que vive su vida cómodamente. Pero a la vez disfruto estando todo el tiempo en tierras movedizas. Me mantiene alerta. Creo que es algo innato en mi ser. ∎

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