“Ziggyología. La breve historia de David Bowie y Ziggy Stardust” (“Ziggyology. A Brief History Of Ziggy Stardust”, 2013; Ondas del Espacio, 2025; traducción de Javier Peleteiro) cumple indudablemente con lo que promete su ambicioso título. A lo largo de 336 páginas divididas en dos bloques, “Libro I. El advenimiento del hombre de las estrellas” y “Libro II. La tierra bajo el hombre de las estrellas”, el periodista galés Simon Goddard (Cardiff, 1971), escritor de espíritu enciclopédico, como ya mostró en “Canciones que te salvaron la vida. The Smiths 1982-87” (2002; Ondas del Espacio, 2024), teje una red de antecedentes, causalidades y concatenaciones milimétricamente sincronizadas que confluyen en ese objeto de estudio, adoración y deseo llamado Ziggy Stardust, el más importante de los personajes imaginados por David Bowie para crear su gran obra maestra “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” (1972) aunque creyera que “Aladdin Sane” (1973) era mejor.
El autor recurre a una lista multidisciplinar de referencias bibliográficas, más de 130 sin incluir revistas y similares, donde entran los libros canónicos sobre Bowie relativos a la época –en un apartado especial el propio Goddard comenta tres de ellos, que mencionamos para quien pueda interesar: “Moonage Daydream. The Life And Times Of Ziggy Stardust” (Mick Rock y David Bowie, 2005), “Any Day Now. The London Years 1947-1974” (Kevin Cann, 2010) y “The Complete David Bowie” (Nicholas Pegg, 2011)– pero también autores como Carl Sagan, Antoine de Saint-Exupéry o William S. Burroughs. Y aunque lo haga empleando un estilo florido y elaborado, más novelesco que periodístico, Goddard engarza en su relato todo lo plausiblemente conocido sobre el Bowie Stardust y la onda sísmica que provocó con un grado de detalle historiográfico tal monumental –hasta identifica el contenido del cubo de basura que aparece en la icónica portada del álbum– que solo puede calificarse de obsesión bíblica.
Publicado originalmente en 2013, lo ideal para un libro con tan altas expectativas hubiese sido incluir un índice onomástico que permitiera acudir con comodidad a todos los nombres que Goddard dispone razonadamente en esa línea de puntos que dibujan la constelación Stardust. Solo por mencionar alguno de los más importantes y bizarros: Ludwig van Beethoven, H.G. Wells, Gustav Holst, Jack Kerouac, Elvis Presley –Bowie nació también un 8 de enero–, su hermano Terry Burns, Joe Meek, Syd Barrett, Stanley Kubrick, Lindsay Kemp, Kansai Yamamoto, The Velvet Underground, The Legendary Stardust Cowboy, Jacques Brel, Anthony Newley, Charlie Mingus, Moondog, Vince Taylor, Marc Bolan, Iggy Pop, el cine Odeon de Hammersmith –al que dedica una descripción antológica–, series televisivas como “Quatermass” (Nigel Kneale, 1979) y películas de ciencia ficción como “Ultimátum a la Tierra” (Robert Wise, 1951), el caso Roswell y otros hitos culturales que fueron calando en la imaginación calenturienta de David Bowie para sacarlo de la mediocridad. Todos ellos cuentan con su propia historia abreviada haciendo de este libro una lectura épica que va más allá del mero encadenamiento biográfico.
Entre la balada novelesca y la fiabilidad periodística de un fan recalcitrante que apenas tenía año y medio cuando “murió” Ziggy Stardust el 3 de julio de 1973, también con mucho sentido del humor y un corolario no por previsible menos cierto, salvando las distancias –“Porque todos estamos hechos de polvo de estrellas. Todos somos Ziggy Stardust”–, “Ziggyología” termina con un epílogo que da cuenta del paradero de todos los personajes principales de esta historia de rock’n’roll suicida y un itinerario turístico por el centro de Londres desde Charing Cross hasta los estudios de grabación Trident, Heddon Street o la cabina telefónica modelo K6 –la K2 de la época ya no existe– con identificación telefónica 0207 734 8719, donde Ziggy Stardust, esa “otredad hechizante” de existencia tan breve como trascendental, posa para la eternidad. Y si la pregunta es si “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” justifica toda esta glosa heroica de fama y sordidez, la respuesta sería afirmativa. ∎