esde que el 30 de septiembre de 2022 salió “The Bible” (Merge-City Slang, 2022), ya el penúltimo disco de Lambchop, hasta el 21 de agosto de 2026, que es cuando salió “Punching The Clown” (Merge-City Slang, 2026), pasaron 1421 días. Durante el segundo semestre de 2018, en Cataluña había 1421 enchufes de recarga de vehículos eléctricos. La cooperativa andaluza Dccop, el mayor productor de aceite de oliva del mundo, facturó 1421 millones de euros en 2025. El pueblo francés de La Bégude-de-Mazenc tenía 1421 habitantes en 2007 (de los cuales, 72 eran hombres que vivían solos; familias monoparentales con hijos había 24).
La numerología es un mundo muy peligroso. Solo quería dejarlo caer.
¿Por qué? Porque, ojo al dato, la primera frase que se escucha en “Punching The Clown”, es “soy una calculadora humana y nunca cometo errores”. Así empieza la canción inicial, “Just West Of Nicollet”.
La segunda frase que se escucha también tiene su miga, pero ya va de otra cosa, pues dice “y he estado fumando como un cosmonauta ruso”. Vale, de acuerdo, según la Organización Mundial de la Salud, Rusia es el país con más fumadores del mundo. Pero resulta que los cosmonautas rusos tienen prohibido fumar cuando están en el espacio. “Escribir canciones es como atrapar pájaros sin matarlos. A veces terminas con la boca llena de plumas y nada más”. Esto lo soltó Tom Waits hace años.
Más numerología. En “White People”, Kurt Wagner –voz, guitarra y compositor del grupo– canta que hay “demasiadas lágrimas y seis millones de formas de morir, elige una”.
“White People” es el sexto de los doce temas de “Punching The Clown”.
De seis millones de formas de recordar, elijo una. Recuerdo que en 2004 escribí un capítulo dedicado al country alternativo y la americana en el libro colectivo “Teen Spirit. De viaje por el pop independiente” (Reservoir Books, 2004; coordinación de Javier Blánquez y Juan Manuel Freire) en el que al citar a Lambchop solté lo siguiente: “Con Kurt Wagner al timón, Lambchop han sido en los noventa tan importantes –a un nivel artístico, que no comercial– como R.E.M. en los ochenta. También han ido parejos a Giant Sand, porque la música de esta macrobanda de Nashville –entre doce y quince miembros, redondeando– es, más que un country alternativo, una alternativa al country. Hasta lo son en las letras –esa atracción suya por la sordidez cotidiana, mismamente–, y en las pintas parecen la Desahuciados Big Band de la Esquina”.
Veintidós años después de eso, aquí siguen, con Wagner como único máximo común denominador y todavía manteniendo ese toque en su forma de juntar las palabras, con ese ingenio suyo surrealista, que me lleva al que refiere la mexicana Cristina Rivera Garza en su estupendo libro “Había mucha neblina o humo o no sé qué” (2016), al hablar de su paisano Juan Rulfo: “Solo un hombre de provincias, con esa atención desmedida ante su entorno, apegado hasta la médula a las cosas de la tierra, pudo haber traducido los murmullos cotidianos en pura escritura”.
Como decíamos al principio, “Punching The Clown” significa el regreso de Lambchop al circo de la novedad discográfica, ese que, en el mejor de los casos promocionales, incluye alguna entrevista. Como en este caso. De manera que, si sigues leyendo, verás que Kurt nos va a contar el intríngulis de este álbum, un trabajo cuya génesis se encuentra a principios de 2024, cuando, mientras iba a echar gasolina, escuchó en la radio de su coche una canción donde sonaba un banjo rasgueando un único acorde minimalista y un pequeño grupo de voces.
“Parecía perfecta en ese instante y el momento mismo se volvió perfecto”, dice Wagner. Impactado por la escucha, se puso a investigar y descubrió que se trataba de una antigüedad góspel conocida como lined-out singing, un estilo de canto a capela surgido a finales del siglo XIX en Escocia basado en la llamada (el guía vocal) y la respuesta (el coro) y en el peso de la palabra, que, con su armatoste sencillo, sin adornos, cruzó el Océano Atlántico para migrar a los Apalaches y a partir de ahí enredarse entre las raíces del góspel y el country estadounidenses.
“Quería grabar un disco que emulara ese tipo de música”, apunta Kurt, y lo expresa sin ápice de novolatría. En un texto explicativo que ha escrito para que la discográfica lo distribuya, comenta lo siguiente: “¿Es esto aquello? Tal vez. Ryan y yo decidimos hacer otro disco juntos después de ‘The Bible’. Mi idea era volver a componer canciones tal como lo hacía al principio, y luego presentarlas únicamente con banjo, voz y coro. Ryan mencionó que Justin había estado tocando el banjo; yo ya había trabajado previamente con Blake en una actuación en directo en Londres con un coro... y ahí estaba la clave. Grabado en tres días, un año después, en los estudios April Base de Wisconsin: Andrew, Justin, Ryan, Nevers y Blake con su coro seleccionado de seis voces, confiando en nuestro amor y respeto mutuos por las inclinaciones artísticas de cada uno; más tarde se sumaron otros doce cantantes en Londres y Randal en Minneapolis. Dimos con la fórmula”. Ryan es Ryan Olson, el productor del disco. Justin es Justin Vernon aka Bon Iver. Blake es el cantante, director de coro, arreglista y pianista Blake Morgan. Andrew es Andrew Broder, compositor. Nevers es Mark Nevers, mezclador. Randall es Randall Thorckmorton, cantante. Más o menos, you get the picture.
El resultado es un disco magnífico (cercano, contenido y espartano, pero muy emocional), tanto como su título. Porque “Punching The Clown” significa “hacerse una paja”. Se me pasó preguntarle por qué. Error.
A continuación, Kurt al habla. Seis millones de formas de leer, elige una.
¿En este nuevo álbum te sientes más que nunca como el predicador que dirige un coro, debido a esa dinámica de llamada y respuesta propia del lined-out singing?
Probablemente no me siento como lo describes; no soy muy dado a dar sermones. Ser predicador implica una cierta afiliación religiosa que yo rechazo. Hay un componente espiritual que intento mantener, pero sin ese tono de sermón. Dicho esto, durante la grabación del disco me descubrí adoptando distintas personalidades según la canción y hacia donde esta me llevara. Casi como un actor de método que se metía en un papel. Pero no fue algo intencionado, simplemente surgió y me sentí cómodo dejándolo fluir. Realmente no sabría explicarlo mejor.
Entonces, y continuando con lo del lined-out singing, ¿no sientes que estas nuevas canciones tienen una especie de impulso religioso, no restrictivo ni crítico, sino tal vez en el sentido de una cualidad que busca trascender?
Sin duda, hay cualidades trascendentes en juego, especialmente en lo que respecta al coro. Llevo un tiempo explorando la idea de la religión frente a la espiritualidad. Empecé con nuestro anterior disco, “The Bible”, y con este nuevo trabajo sigo planteándome esa misma pregunta, aunque ahora parece centrarse más en qué es la espiritualidad y en cómo se manifiesta a través de la canción. ¿Es eso el alma? ¿O es algo más cercano a la búsqueda de algún tipo de verdad? Sea lo que sea, es parte de lo que me impulsa a crear y está vinculado a si considero que una canción es buena. Si es una canción que me gusta y que quiero compartir. Aunque, ¿cómo se traduce eso?
Al investigar el lined-out singing, ¿tuviste la sensación de estar ante una partitura escrita hace muchos años y que ahora te correspondía interpretarla? Como si estuvieras frente a una promesa cumplida.
Nunca se me había ocurrido eso. Simplemente me parecía su manera de celebrar la unión y el poder y la gloria del espíritu humano a través de la voz. En el fondo, aquello era algo rudimentario y sin pulir, pura expresión visceral, pero, maldita sea, a veces me resultaba increíblemente conmovedor, y quería averiguar por qué. Es como oír llorar a un bebé e intentar descifrar qué quiere, qué está diciendo. Mira, no pretendo perpetuar ninguna gran tradición ni adaptarla a usos contemporáneos. Simplemente estoy indagando en la búsqueda de la verdad, buscando alguna pista sobre qué es lo que me conmueve de la maravilla de nuestras voces.
Me gustaría saber si podrías hablar sobre el aspecto onírico de tu obra, sobre el papel que desempeñan el sueño y la fantasía en lo que haces.
Esa es una cuestión compleja. Para mí, los sueños y la fantasía son simplemente eso: ficción creada con un propósito determinado. No me interesan en absoluto. Baso mi trabajo en la observación y en las experiencias, casi como lo haría un documentalista o un periodista. Es posible que lo que creo evoque esa clase de sensaciones o reacciones propias de los sueños y la fantasía, pero probablemente se deba a que, como suele decirse, la realidad supera a la ficción, sumado a que mi forma de presentarla es bastante peculiar. Aun así, para mí tiene todo el sentido del mundo, ya que mi proceso es sólido y se basa en la lógica; eso sí, en mi propia lógica retorcida.
¿Cuándo y por qué empezaste a interesarte por la música de Bon Iver?
Me interesé por Justin y su música desde el principio, y no pasó mucho tiempo antes de que nuestros caminos se cruzaran. Él parecía entenderme y yo comprendía su perspectiva; además, teníamos varias cosas sorprendentes en común. La gran diferencia entre nosotros era que él tenía un talento excepcional, mientras que yo no, al menos no en cuanto a habilidades musicales. Ambos lidiamos con grandes bandas e intentábamos descifrar cómo crear música basándonos en los entornos musicales de los que nos rodeábamos. Con el paso de los años, eso pasa factura: ser responsable de tantas personas a las que querías y que te eran leales. Es una situación que solo se puede sostener durante cierto tiempo; termina por agotarte. Con el tiempo, ambos empezamos a buscar formas de rencontrarnos con nosotros mismos como individuos, lo cual exigió tomar decisiones dolorosas. Debo añadir que, aunque no nos comunicamos con mucha frecuencia, cuando nuestros caminos se cruzan es como si el tiempo no hubiera pasado; simplemente retomamos las cosas donde las habíamos dejado. A veces ni siquiera hace falta decir nada, porque siento que existe un entendimiento, un respeto y un cariño mutuos que no requieren mucho más. Es una relación casi fraternal. Le tengo un gran aprecio y siempre estaré agradecido por su generosidad.
¿Cómo logras, después de todos estos años, seguir sorprendiendo a tus fans y a ti mismo? ¿Te sientas a esperar la inspiración –ya sabes, las musas– o sales a buscarla a través del trabajo?
Simplemente me gusta trabajar. Me gusta crear cosas e intento que el proceso siga siendo interesante, tanto para mí como para los demás, supongo. El proceso en sí puede resultar muy gratificante y, a medida que pasa el tiempo, prefiero esa parte frente a todos los demás aspectos que conlleva compartir el trabajo con el público. No me malinterpretes: realmente quiero que la gente escuche lo que creo, pero cada vez resulta más difícil lograrlo. Llegará un momento en que siga creando cosas, pero será poco probable que mucha gente llegue a escucharlas.
Como aficionado a la música, ¿prefieres escuchar música que no controlas, música que se sale de tu zona de confort? Si es así, y parece que sí, viendo cómo se ha gestado el nuevo álbum, ¿qué opinas de que las plataformas musicales se estén moviendo en la dirección opuesta, proponiendo o recomendando a sus usuarios artistas que se ajustan perfectamente a lo que ya escuchan, limitando así el desafío de la aventura y el descubrimiento sonoro?
Todavía disfruto de un buen programa de radio, donde las canciones no son predecibles y, sin embargo, reflejan algo de la persona que las pone; aprecio el pensamiento detrás de la elección y el arte de ensamblarlas a lo largo de un período de tiempo. Ser un curator no es la palabra exacta; se asemeja más a la música misma, a la interpretación, al mensaje o a contar una historia. Las plataformas se esfuerzan por descifrar tus gustos y preferencias, pero no tienen otro objetivo que los likes; no comparten ninguna personalidad porque carecen de ella. Dada la enorme cantidad de música que aparece a diario, es inevitable que el verdadero descubrimiento solo pueda darse como una interacción humana, de una persona a otra.
¿Qué tal si nos recomiendas música –ya sea nueva o clásica– que hayas estado escuchando últimamente y que te encante? Es decir, puedes mencionar lo típico, pero también puedes salirte de lo habitual.
Preferiría saltarme esto, ya que requiere mucha investigación para hacerlo como se debe y, al final, no deja de ser un ejercicio para exponer mis gustos del momento, los cuales cambian según las circunstancias. Me gusta toda la música, siempre y cuando no sea pésima. Hoy escuché “Exile On Main St.” de The Rolling Stones; fue un viaje nostálgico al pasado, justo antes de reunirme con un viejo amigo con quien, cuando el disco salió, lo escuché durante todo aquel verano del 72.
Si no me equivoco, siempre has tenido tu base en Nashville. ¿Qué Nashville prefieres y por qué: el de hace treinta años, más centrado en géneros específicos, o el que se ha vuelto más parecido a cualquier otra gran ciudad creativa, como Nueva York o Los Ángeles?
Desde que terminó la pandemia, he ido trabajando cada vez más en Minneapolis. La escena musical allí es increíble, llena de gente cálida y generosa, con un talento descomunal y muy activa. La música en directo, cualquier noche, es de un nivel altísimo, pero a la vez totalmente sencilla y accesible. Es muy diferente al Nashville actual, y agradezco mucho haber dado con ella. Quiero a mi ciudad natal, pero Nashville se ha transformado en algo que me resulta irreconocible.
Hay una canción titulada “Wilderness”, del primer y único álbum de la banda Middle Brother, que dice: “Espero el día en que pueda explicarme ante ti; pero el hecho de que eso sea sincero no lo convierte en verdad, y esa es la respuesta a las preguntas que nos quedan”. Por la razón que sea, la letra de tu nueva canción “To Do” me ha hecho pensar en eso cuando cantas: “Y si lo pensamos, no hay tiempo que perder, ¿y qué pasa con todas nuestras mejores intenciones de hacer cosas?”.
Gracias por compartir esa canción conmigo. Porque sí, para mí “To Do” trata sobre aceptar nuestras limitaciones y asumir el hecho de que siempre habrá más cosas por hacer.
Este mes de octubre cumplirás 67 años. ¿Tienes muchas cosas pendientes como músico? Me refiero, por ejemplo, a ese tipo de proyecto que has ido posponiendo o dejando para otro día y que, con el paso de los años, te lleva a decirte: “Realmente debería ponerme con eso”.
Soy como cualquier otra persona: tengo sueños, obligaciones y una lista interminable de ideas. He aprendido a aferrarme a unas pocas buenas y trato de ser paciente con el tiempo que requieren para concretarse; es más difícil de lo que parece. Pero, por lo general, las buenas ideas perduran y terminan conduciendo a lo siguiente que vale la pena intentar.
¿Y algún otro propósito que no tenga que ver con ser músico? Como lo de “antes de llegar al cielo me gustaría pintar un cuadro” que cantas también en la canción “To Do”.
Simplemente la eterna búsqueda de ser mejor persona, a pesar de mí mismo y mis defectos.
En tu nueva canción “A Doctor In The House” percibo una especie de cadencia en la melodía –un eco en el ambiente– que me remite a “Blind Willie McTell”, de Bob Dylan. ¿Son cosas mías y de mi paranoia o existe realmente alguna conexión –alguna fuente de inspiración– que apunte en esa dirección?
Vaya, esa es sin duda una gran canción. Es uno de esos magníficos ejemplos de algo que roza la perfección. Aunque tu comparación resulta halagadora, creo que está un poco desencaminada; si existe alguna conexión, sería, en el mejor de los casos, subliminal. Ambas canciones me parecen maravillosas, así que sí: tal vez compartan ese halo de misterio.
¿Hay algún elemento autobiográfico en la creación de los personajes de tus nuevas canciones? Me refiero –no subestimemos el sentido del humor–, por ejemplo, a cuando en “Just West Of Nicollet” cantas: “Soy una calculadora humana y nunca me equivoco, y he estado fumando como un cosmonauta ruso”. ¿Qué porcentaje de verdad autobiográfica hay? Quizá sea pedir demasiado si hago la misma pregunta sobre cuando en “White People” dices: “Oye, tú, nena, con ese arbusto rizado en la cabeza, voy a follar en el camino de entrada a tu casa con una bomba de neutrones”.
Este disco está lleno de elementos autobiográficos filtrados a través de mis propias percepciones y observaciones, basadas en una especie de anotación fáctica. Todo ello salpicado con una buena dosis de autocrítica y humor. Supongo que siempre ha sido así, solo que intento expresarlo mejor. En algún momento me di cuenta de que necesitaba esforzarme más e intentar presentar las cosas en un contexto un poco más accesible. Todavía no lo he conseguido, pero quizá también espero no llegar nunca.
¿Ha influido esta segunda presidencia de Donald Trump en tu escritura y, si es así, cómo se refleja eso en este nuevo álbum? Quizá canciones como “White People” o “The New World Wave” tengan esa especie de vibración que sugiere que tal vez no las habrías compuesto con Barack Obama en la Casa Blanca.
Desde el principio he intentado integrar el mundo en el que vivo con aquello sobre lo que escribo, todo ello en tiempo real. Acaba de pasar un camión mientras escribo esto y se oye el zumbido de un aire acondicionado; estoy al aire libre, los pájaros pían y hace un calor infernal, así que pían bajito, con sed. Estoy aquí fuera intentando conciliar este mundo que está terriblemente mal con la idea de que, de algún modo, debemos seguir avanzando hacia un nuevo día; es una mezcla de esperanza y temor. ¿Cómo podría eso no afectar a lo que hago, a lo que pienso, siento y escribo? Es un reto. Y, sin embargo, parece que realmente no tenemos más remedio que centrarnos en las cosas que podemos controlar, al menos por el momento: hacer que la vida sea lo más llevadera posible para quienes amamos y para nosotros mismos. ∎