Al escuchar este disco, el primero de La Estrella de David a solas desde “Consagración”, que salió en 2018 vía Sonido Muchacho, la sensación fue que esta vez te había apetecido más el guitarreo.
Es un poco bajar el nivel, que al final no baja, porque me gusta más que el anterior, me gusta más que “Consagración”. Lo que sí que me planteé fue no innovar, porque ya no estaba innovando hace 40 años y, cuando innovábamos, en realidad no lo estábamos haciendo, estábamos copiando a Sonic Youth; tampoco era innovación. En este me planteé no intentar hacerme el moderno, hacerlo urgente con la guitarrita, no pensármelo mucho y no tener miedo a asociar cosas que ya no escucho, porque yo no escucho indie, ya no me pongo The Wedding Present. Bueno, The Wedding Present puede que sí, pero estos grupos que dices “se parece a The Wedding Present” no los escucho. Sobre todo era no tener miedo a hacer lo que mejor sé hacer, que creo que es hacer rock con la guitarrita e intentar no meterme en experimentos.
Sí: guitarra, bajo, batería y p’alante, básicamente. ¿Quizá te diste cuenta de que lo que intentaste con el anterior no te iba tan bien?
No, no había una premeditación, no había ningún plan, simplemente me encontré haciendo esto que te digo. No pensé mucho las cosas y prácticamente hice las canciones una cada día, no tenía otra cosa que hacer. Me acuerdo que me preguntabas el verano pasado si estaba con canciones de La Estrella de David y te dije que no, pues en octubre hice una y en enero ya tenía el disco hecho.
Lo has ido haciendo en casa y también en Barcelona, ¿no?
Las canciones están todas hechas en casa, luego viene Sergio Pérez y grabamos las baterías en Barcelona. Sergio hace todo de puta madre, que se lo lleve. Está todo hecho en mi casa, las guitarras prácticamente todas en casa salvo alguna cosa, alguna colaboración. Y Sergio hace que suene muy bonito. Y he hecho otro. Con el rollo este he hecho dos discos, en octubre saldrá otro de un grupo que he montado con Srta. Trueno Negro, con la Nati. Hacíamos una o dos canciones cada vez que nos juntamos, me ha llegado la mezcla la semana pasada y suena impresionante, son canciones hechas en casa también.
Ella es de esa estirpe de indie rock guitarrero, como tú.
Sí, sí, nos juntábamos y ese día hacíamos dos canciones. He tardado en hacer el disco dos meses y está muy bien, ella canta en argentino y nos llamamos Los Hermanos Reid.
En los últimos años también has participado en la producción de discos de La Bien Querida, con quien sigues tocando en directo. Hay una canción en tu disco, “No me quieras tanto”, que me la puedo imaginar en ese repertorio de La Bienque.
Porque La Bien Querida hemos copiado mucho a New Order y esta es una copia de New Order. Es un plagio descaradísimo.
El año pasado produjiste un disco que fue una sorpresa para todos, “El Ghorba” de Rachid B. Imagino que os conocisteis en el barrio. ¿Qué es lo que de entrada te atrajo de él?
La voz que tiene, el cabrón. Se puso a cantar ahí con esa voz que tiene, así, de desierto. ¡Qué voz tienes, cabrón! Eso es lo que me llamó la atención. Él es muy de “no, yo no, yo no”, pero está deseando tocarte la guitarra, y vino a casa y me tocó la guitarra y dije: “Vamos a grabar esto”. También es una cosa muy del barrio, con esta gente del Club del Disco, que lo han pagado ellos. Yo lo produje gratis y al final me dieron 500 euros, porque los vendieron todos.
¿Te sorprendió el eco que ha tenido?
Un poco. Bueno, un poco y a la vez no, porque estos eran muy de “que no, que no”, pero yo sabía que si lo oía la gente podía gustar. Y también tenía la ventaja de que era la primera vez, a Rachid no le pasa lo que me pasa a mí, que ya no me hacen tanto caso. Era la primera vez que se oía su voz, se vio lo que hacía y estaba bien la voz: cuando cantaba subía el pan. Me ha sorprendido un poco, pero no del todo. Sabía que podía gustar. También sabía el target de gente a la que le podía gustar, que es a los hípster podemitas, que digo yo.
No sabía ese rollo tuyo hacia la música italiana.
Si te gustan las melodías, el sentido melódico que tienen los italianos creo que es superior. Battisti, también Battiato, Cocciante… Se está perdiendo un poco la melodía como gancho de la canción, ahora es más el ritmo. De hecho, cualquier canción ahora, incluso las melódicas, tiene su momento rapeado que no es más que ritmo. Se pierde la melodía. A veces me compro discos, me compro cosas de Bach y cosas así, de viejos, de música clásica, que para las melodías son buenísimas. Tampoco estoy puesto en Bach, pero si me tengo que comprar algún disco, me compro cosas de Bach y de Vivaldi y clásicos de estos.
“Cariño madrileño”, tiene letra de Luis Troquel y en ella se vuelve a cuestionar cosas de la ciudad.
Son cosas más de Luis, pero lo compro todo, es lo típico que se le achaca a Madrid, este rollo de que por la noche somos todos muy amigos y vamos a hacer tal, y luego por la mañana te olvidas de todo. Pero en Madrid yo pienso que sí, que en Madrid sí que se hacen las cosas, no estoy de acuerdo un poco con la letra de Luis. Porque en Madrid sí, te emborrachas, te metes algo con alguien en un lavabo y dices “vamos a hacer algo” y normalmente se lleva adelante lo de los negocios de la noche, menos en el amor, que en el amor es verdad que todo de lo que habla Luis es más vano. Pero aquí se han hecho muchos negocios, se han hecho muchas empresas y construido muchos edificios a base de por la noche salir y pimplar.
El disco termina con “Mari Carmen”, una canción con recuerdos de tu infancia.
Sí, de mi escalera, es lo que describe. Me impactó porque murió una vecina que era amiga. Se llamaba Mari Carmen y se murió de golpe. Era de mi edad, con ella me había criado, y va un poco por ahí. Tiene cierto rollo político sobre lo que había en las ciudades en los setenta, que ahora aplicarían la ley antiterrorista, porque nos decían: “Niños, hay que ir a cortar la carretera porque no tenemos ambulatorio”. Y allí que íbamos los niños. Cortamos la carretera y se consiguió el ambulatorio. En Sant Feliu no había algunas cosas, no había zonas verdes y en el único sitio de zona verde iban a poner una gasolinera, y quedaban los vecinos cada noche y tiraban la excavadora al hoyo para que no hicieran la gasolinera, luego uno que tenía una excavadora llegó, aplanó el terreno, vino otro que era jardinero e hicieron una plaza para no poner la gasolinera. Si esto lo haces ahora ya tienes a Ana Rosa Quintana diciendo que tal... Pues nada, hoy no es una gasolinera, hay una plaza allí. ¡Ahora haces eso y acabas en la cárcel! Son cosas de viejo, porque no es que fuera un tiempo mejor, pero por lo menos este tipo de cosas…
¿A Sant Feliu vas habitualmente?
Sí, voy cada mes y medio o dos meses a ver a mi madre, pero ya no hago tanta vida social, estoy desentrenado. Tengo amigos, quedo con ellos, pero ahora tengo más amigos aquí. Siguen estando los colegas, pero los que siguen saliendo pues obvio que son los campeones de la noche. Yo no puedo seguir el ritmo.
¿Sigue habiendo ese poso de movimiento vecinal o ya no?
Menos que aquí, puedes luchar más aquí que allí. No sé, se ha convertido un poco en ciudad dormitorio para matrimonios que se van de Barcelona y tiene un punto en que parece que estás en Gràcia, está un poco aburguesada. Hay inmigración, pero no pesa mucho. Estando al lado de Barcelona se ha aburguesado mucho.
Llevas haciendo canciones y tocando en grupos más de 30 años, casi toda tu vida. Has conocido el negocio desde entonces hasta hoy.
El negocio no ha sido mi especialidad. He estado ahí metido de alguna manera, pero la parte del negocio no ha sido mi especialidad. No tenía conciencia, siempre me ha quedado esa tara hasta que no estuve con La Bien Querida: yo no pensaba que se pudiera vivir de esto, no tenía ni idea y tampoco le veía el sentido. Mis referentes, más que el indie y eso, eran los punkis, y los punkis de antes no pensaban en vivir de esto. Ahora todo el mundo quiere vivir de la música, pero yo no pensaba que esto era un negocio. Los primeros que se lo plantearon fueron Los Planetas, porque los indies aquellos no nos mirábamos en la gente que hacía dinero, sino en ese rollo más de universitario flipao. Por eso la parte del negocio primero la veía con desconfianza, por la actitud tan prejuiciosa del punk, y no me metí mucho en eso.
¿Si te pregunto a qué te dedicas, qué respondes?
Ahora digo “voy con la guitarra con una cantante, me pongo al lado y toco con la guitarra”. Músico, claro. Pero, bueno, el músico de pop-rock es el escalafón más bajo, no sabemos tocar ninguno mucho. ¿Tú tocas algo? ∎