El renacimiento.
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Patrick Wolf

Renacer entre las ruinas

Foto: Furmaan Ahmed

25.11.2025

Tras más de una década de silencio discográfico, el británico ha regresado en 2025 con “Crying The Neck”, un álbum donde duelo, renacimiento y paisaje inglés se entrelazan como en un rito pagano. Conversamos con él sobre la pérdida, la recuperación, el paso del tiempo y el vínculo sagrado entre cuerpo y música. El artista presentará el disco en España a primeros de diciembre.

A

costumbrados a ver a Patrick Wolf habitando escenarios que rozaban lo fantástico durante la primera década de este siglo, resulta casi desconcertante comprobar que en los últimos años haya elegido algo tan mundano y necesario como el reposo. Después de trabajos que parecían portales a mundos oníricos –esas dos cumbres del pop de inclinaciones arty que fueron “Lycanthropy” (Tomlab, 2003) o “The Magic Position” (Loog, 2007)– y después de una carrera que lo situó tanto como alumno de la tradición de Kate Bush como referente para artistas contemporáneos como Perfume Genius, Moses Sumney o SPELLLING, su silencio prolongado había hecho dudar incluso a los más fieles: ¿había existido realmente aquella época de esplendor barroco-pop o había sido una ensoñación colectiva?

Ahora, más de una década después, Wolf retorna con “Crying The Neck” (Apport-Virgin, 2025), su primer álbum “oficial” desde 2011 y el séptimo de su discografía. El disco suena a ajuste de cuentas, a homenaje, a renacimiento y a arraigo: un trabajo con el que mira a la tierra, a la casa y a la herencia, y que atraviesa la pérdida para buscar renovación. Patrón y promesa, tristeza y gratitud conviven en él. En diciembre lo va a presentar en el teatro La Rambleta de Valencia (2) y en la intimidad del teatro Lara de Madrid (3). Unas citas, en fin, que prometen ser tanto un rencuentro como una ceremonia. Como se pudo comprobar el año pasado en su concierto en Barcelona.

Hablamos con Wolf sobre ese paisaje emocional que lo condujo a escribir el disco, la diferencia entre volver a la música y volver a la industria, la relación con la tierra inglesa, la recuperación y la manera en que la música lo ha sostenido. Conversamos también sobre la vocalización de la herencia, la sacralidad de lo físico en la era digital y sobre cómo, de nuevo, componer y tocar le ha servido para sostener la vida.

“Jupiter”, uno de los temas de “Crying The Neck”.

Tu nuevo álbum se percibe como un ajuste de cuentas, una recuperación y, al mismo tiempo, una resurrección. ¿Qué paisaje emocional recorrías mientras lo escribías?

Prefiero pensar que ahora tengo algo más de perspectiva, aunque resulta extraño. Siento que entregué el álbum y luego pasé a la siguiente obra, dejando que el mundo entre, explore y se instale en ese universo. Es como haber construido una casa y luego irse a vivir a otra, confiando en que los demás la habiten. Sabía que estaba creando un disco en tributo a mi madre. Su cumpleaños y el aniversario de su muerte caen ambos en agosto. Ese mes se convirtió en el eje. Por eso me atraía el tiempo de la cosecha en el folclore. Ese período justo antes del otoño, cuando las flores dejan de florecer. Nada ha muerto aún, pero la muerte se acerca. Es un instante suspendido, cargado de tensión. El paisaje se vuelve amarillento, quemado, listo para renacer, para ser segado y comenzar una nueva vida. Me interesaba ese punto de decadencia en el paisaje y en el espíritu. En “Jupiter” se escucha una ciudad y una persona en decadencia, buscando renovación y renacimiento. No es solo destrucción: es preparación. La muerte aparece con frecuencia en el álbum, pero siempre reflejada junto a nuevos comienzos. No hay muerte sin semilla. Agosto representa un momento clave en la tierra y el paisaje, y eso determinó la música y los instrumentos que elegí para capturar ese gran cambio en la naturaleza y en mi vida. Elegí sonidos que evocan la siega, el crujido de la paja, el viento en los campos secos. Todo está ahí.

Tras años de relativo silencio, ¿qué instante o sentimiento te hizo comprender que debías volver a la música?

Hay dos formas de responder a la pregunta. Una se refiere al regreso a la industria musical; la otra, al regreso a la música. Son dos realidades completamente distintas. La industria gira en torno a negocios, confianza, ego y finanzas. Es un mundo de contratos, giras, prensa, números. La música, en cambio, es un camino vital y un lenguaje que hablo desde los 9 o 10 años, cuando empecé a componer canciones en mi cabeza. Nunca desapareció. Durante ese período, la industria me daba motivos para terminar temas, grabarlos y convertirlos en propiedad pública. Era el motor externo. Pero la música está constantemente en mi mente, en mi corazón y en la forma en que experimento y proceso la vida. Eso no se fue. Lo que sí perdí fue toda confianza, alegría y amor por la industria musical. Volver a entrar en ella parecía un área traumática, peligrosa para mi recuperación y para la fragilidad mental en la que me encontraba. Tras un par de años de psicoterapia, me di cuenta de que se acercaba el décimo aniversario de mi último disco y el vigésimo de mi debut. Pensé que, si alguna vez iba a saltar de nuevo al ciclo, ese año era el momento. No había otra ventana. En 2022 lancé el EP “The Night Safari”, o quizá fue 2021, coincidiendo con esos aniversarios (en realidad fue 2023). Todo encajó. Apareció un mánager. Mi ingeniero me pidió volver al estudio para terminar cosas. Pensé: “De acuerdo, me rindo, el mundo me reclama”. No fue una decisión heroica. Fue una rendición.


“La industria gira en torno a negocios, confianza, ego y finanzas. Es un mundo de contratos, giras, prensa, números. La música, en cambio, es un camino vital y un lenguaje que hablo desde los 9 o 10 años, cuando empecé a componer canciones en mi cabeza”



En “Reculver”, el primer curso de piano ya suena a regreso al hogar. ¿Sabías desde el principio que este álbum empezaría ahí, geográfica, emocional y sónicamente?

Emocionalmente, sí. Sentía la necesidad de limpiar el aire. Todo el mundo preguntaba:“¿Te casaste? ¿Qué te pasó? ¿Por qué estuviste tanto tiempo en silencio?”. Todas esas cuestiones las abordé de forma rápida y contundente en “Reculver”. Quería aclarar el terreno y avanzar. No quería arrastrar rumores ni especulaciones. Geográficamente, también. Cuando buscaba un nuevo hogar tras dejar Londres, las torres de Reculver –situadas en el borde de la isla donde vivo, dominando el mar– marcaban el punto en el mapa. Cada vez que salía o regresaba en busca de casa, esas torres eran la señal: este es mi nuevo comienzo, mi nuevo hogar. Así desarrollé una relación con ellas. No son solo arquitectura. Son un faro personal.

Este nuevo álbum resulta luminoso y pesado a la vez, como el verano como estación, pero también como el duelo como subtexto. ¿Qué te impulsó a iniciar tu ciclo de cuatro álbumes con esta mezcla paradójica?

Lo más urgente que necesitaba abordar era la muerte de mi madre. Pesaba mucho en mi corazón y era lo primero que debía compartir, entregar al público para poder explorar otras cosas. No podía avanzar sin cerrar ese capítulo. Si observamos las estaciones que vendrán, no podía hablar de los elementos más grotescos y psicóticos de mis canciones o de mis experiencias de los últimos diez años sin establecer antes el escenario: dónde he estado, qué he perdido y hacia dónde voy. Es bueno comenzar con esperanza, con la tierra y con el lugar donde vivo. “Crying The Neck” es un ancla. Para mí, documenta la tierra que amo y la madre que perdí. Además, me permite aventurarme. Ahora que he echado el ancla, puedo explorar. El ciclo tiene sentido así: primero la raíz, luego la tormenta.

Música sagrada. Foto: vía Facebook
Música sagrada. Foto: vía Facebook

Hay algo muy inglés –no solo británico, sino específicamente mítico, pastoral y herido– en tu forma de escribir canciones. ¿Qué significa para ti Inglaterra, la tierra, el país, ahora?

He tenido que encontrar mi propio significado. Forma parte de mi trabajo. No es popular ser folclorista en Inglaterra. Gran parte de nuestro folclore adoptado proviene de lo celta, yo soy medio irlandés, lo cual está bien, pero tanta espiritualidad inglesa se ha importado de Oriente, de principios orientales, y muy poco proviene de nuestra propia ascendencia y herencia. Por alguna razón, no resulta atractivo para los británicos mirar hacia dentro y examinar lo que realmente hemos heredado espiritualmente. Busco constantemente el libro que no se ha publicado en los últimos veinte años sobre algo que ocurrió hace un siglo: la extinción de la espiritualidad de este país. Hablo de espiritualidad, no de religión. Son espiritualidades que existen en la relación del ser humano con la tierra, las piedras, el sol y las estaciones. No son espiritualidades organizadas, monetizadas ni encerradas en iglesias. Simplemente se han olvidado. A lo largo del álbum menciono la leyenda de las piedras incontables y, en general, hay referencias a espiritualidades y leyendas inglesas muy oscuras y extinguidas. “The Last Of England” está repleto de ellas, pero de modo que, espero, alguien pueda escuchar y la leyenda siga viva. No es nostalgia. Es arqueología emocional. Espero y deseo que en estas nuevas canciones encontréis un sentido de gratitud en medio de toda esta melancolía de la que te hablo.

¿Has encontrado nuevas formas de acceder a la alegría como práctica diaria?

Lo intento con mucho esfuerzo. La gratitud es la base de la recuperación. La ingratitud es la raíz de mi miseria. Si no practico la gratitud, acabo sintiéndome ingrato y ciego ante las cosas pequeñas o grandes que tengo delante. Un café bien hecho, un atardecer, un mensaje de un amigo. Todo cuenta. Sí, es algo que debo practicar a diario. No es natural. Es disciplina.



“No es popular ser folclorista en Inglaterra. Gran parte de nuestro folclore adoptado proviene de lo celta, yo soy medio irlandés, lo cual está bien, pero tanta espiritualidad inglesa se ha importado de Oriente, de principios orientales, y muy poco proviene de nuestra propia ascendencia y herencia”



¿Cómo procesas tu propio legado? ¿Sientes que tu obra temprana ha sido reevaluada en la era actual del pop queer y del colapso de géneros?

¿Te refieres a cómo me siento respecto a mi obra temprana? ¿Y a cómo encaja en el contexto actual?. Creo que, en cierto modo, iba por delante de su tiempo. La gente lo decía ya entonces: “Quizá ahora no lo entiendan, pero un día lo harán”. O en diez años. No lo sé. He tenido que dejar de mirar, incluso tras lanzar “Crying The Neck”, cuán popular o impopular es. No quiero que eso distraiga mi próximo paso, mis decisiones futuras ni, sobre todo, el valor que le doy a mi obra pasada. He estado lo suficiente como para ser increíblemente impopular e increíblemente popular. Es un vaivén constante, y muchas veces estoy en el medio. Debo esperar ese movimiento de ida y vuelta. Me sorprendo cuando, en una gira, una canción que fue desechada o impopular en su momento se convierte en la favorita del público. No tengo control sobre eso. Si no lo tengo, no me preocupo. No es mi problema.

Tu álbum de debut llegó en un momento en el que la industria musical aún estaba definida por el medio físico, pero a la vez empezaban a irrumpir cosas como MySpace. Tu nuevo álbum, en cambio, aparece en un contexto radicalmente diferente, en una era de fluidez digital. ¿Cómo ha evolucionado tu proceso creativo ahora que estamos en esta era digital fluida y prioritaria?

Es curioso porque ahora hay una obsesión con el vinilo, una reacción humana a la naturaleza efímera de la música. Está en nuestros teléfonos. Es algo casual. En cierto modo, es maravilloso: la música está en todas partes y es accesible. Siento que forma parte mucho más de la vida de las personas que antes. Pero, al mismo tiempo, es menos sagrada. Ya no elegimos la música; la música nos elige. Recientemente estuve en Marbella y Málaga. En ambos lugares, en espacios públicos –grandes plazas abiertas, zonas comerciales– sonaba música. Aquí no lo tenemos, pero escuché y pensé: “Dios mío, están poniendo música en la plaza pública”. Obviamente porque es libre de derechos y no hay que pagar a los músicos. Pensé: “Esto es la profanación”. Si la música se convierte en algo que no buscamos, que viene a nosotros, tendrá que ser tan accesible como el aire o el agua. Entonces, por supuesto, empezará a generarse por ordenadores. Cuanto menos sagrada sea la música, menos importará qué es y quién la hace. Quizá vayamos en esa dirección. Pero si algo podemos leer en esta obsesión por el vinilo es que el ser humano siempre buscará algo físico, táctil, humano con lo que relacionarse. Siempre habrá rebelión. Habrá un sector de la humanidad que digiera música de IA sin valorar la experiencia, y otro obsesionado con el elemento humano, la pureza de la música hecha por personas. Seguro que iremos por ahí. Ha sido divertido observar durante veinte años cómo los formatos vienen y van, cómo se publican las cosas. Todo esto me fascina. La IA no me aterra en absoluto. Ningún colapso o reconstrucción de la industria. Como dije al principio, la música y la industria musical son dos cosas completamente distintas. La industria puede acabar mañana y la música seguirá aquí.

“The Magic Position”, el hit del álbum titular de 2007.

El cuerpo, su vulnerabilidad, el éxtasis y el deterioro han sido partes centrales de tu obra. ¿Ha cambiado tu comprensión de la encarnación a lo largo de los años, especialmente tras la recuperación?

A mi edad, ahora mismo, estoy en la mejor forma física de toda mi vida. Estoy muy agradecido por haber salido de quince años de adicción y alcoholismo con un hígado que se reparó solo. Mi cuerpo, salvo algunos problemas de espalda por tocar la viola, los instrumentos y las giras, está en su punto álgido de salud. Eso es maravilloso. El día que decidí abrazar la sobriedad fue el día en que mi cuerpo empezó a sanar, mi cerebro, mis sinapsis comenzaron a reconstruir lentamente caminos hacia la alegría, la inocencia y el asombro. Todo eso llevó años. Pero cuando volvió, ahora lo protejo con mi vida. Está relacionado con correr, nadar, la dieta y todo eso. Soy muy protector de mi salud ahora. Trabajo duro en ella.

¿Escribes pensando en un oyente imaginario, alguien como tu yo más joven? ¿O es puramente para ti, en primer lugar?

Creo que termino muchas canciones porque sé que la obra puede ser útil, que lo que acabo de vivir será valioso para otros. Es bonito sentir, como ser humano, que eres útil y tienes un propósito. Si voy a tener uno, que mi trabajo ayude, sea útil y sirva de guía para ciertas cosas. El peligro está en no escribir nunca una canción con esa intención, porque entonces te vuelves evangélico. Eso es peligroso. Prefiero que la obra sea útil de forma accidental. Así es como puede ser más útil. Si entras con fuerza pensando “esto va a salvar a esta persona”, mejor montar un culto o hacerse católico.

¿Crees que la música te salvó literalmente la vida?

Si miro la canción “The Magic Position”, me ha mantenido lejos de la calle. Debo estar agradecido y respetuoso con esa canción. O “The Days”: esa canción significa que no paso hambre. Mis canciones me cuidan y yo debo cuidarlas. Financieramente, sí. Emocionalmente, si preparo unsetlist para un concierto y tengo un problema concreto que me impide subir al escenario, ahora tengo 120 canciones publicadas. Sé que una de ellas, si la canto esa noche, puede cambiar mi opinión y volver al escenario. Tengo suficiente obra para salir de cualquier situación si decido cantarla. Sí, me da razones para querer seguir vivo y trabajar. Una de las muchas razones para seguir adelante y no tirarme por un acantilado es que aún tengo otro álbum que terminar. Y cuando lo termino, pienso “ah, tengo otro más”. La música, de muchas maneras, me ha mantenido vivo. ∎

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