El verano pasado, desde la ciudad de Donald Trump, unos jovencísimos Been Stellar debutaban con “Scream From New York, NY”, trabajo discográfico donde certificaban que, a veces, el lenguaje es insuficiente: toca gritar. Fue saludado desde el negociado alt-rockero con la ilusión de que Nueva York vuelva a ser en esta materia lo que fue a principios de siglo. En el disco, además, la canción homónima asumía los riffs melodramáticos de unos Interpol, con la suave voz de Sam Slocum en modo bajón juvenil, porque el futuro no solo es ausente sino angustioso. Por otro lado, yendo más hacia atrás, en algunos cortes asomaba la deuda menos evidente de bandas fetiche como The Afghan Whigs.
Slocum y el guitarrista Skyler Knapp partían, como tantos chicos que quieren rockear, de un encuentro en el instituto en Michigan, allá por 2017. Superada la secundaria, se produjo la “llamada” de Nueva York –urbe descrita telegráficamente por Knapp como “rápida, honesta, difícil”– en un contexto donde el hazlo tú mismo se extiende tanto en el tiempo que se confunde con la precariedad permanente. Hubo que tocar para otros amigos sin parar, dando un trabajoso paso detrás de otro, con un antes y después a raíz de la pandemia y después del encuentro, clave, con el sello Dirty Hit. Actualmente funcionan como quinteto en sus directos, tras algunas entradas y salidas de miembros, junto con Nico Brunstein (bajo), Ally Sianga (guitarra) y Gigi Giobbi (batería). Esta última sustituta, por cierto, de la percusionista original, Laila Wayans.
Hace nada, en el superfinde musical británico capitalizado por Oasis, Black Sabbath y Fontaines D.C., Been Stellar –pipiolos, también, del último Primavera Sound– se subían al escenario de Finsbury Park para acompañar a los dublineses, con los que comparten productor, Dan Carey. La acogida de Gran Bretaña, dicho por los estadounidenses, ha sido clave en su trayectoria ascendente, con conexiones de relieve (han girado con Shame, Inhaler y The 1975, entre otros grupos). Been Stellar, que rinden tributo con su eufónico nombre a Ben Stiller, incluyeron en este set el single que nos ocupa: “Adored”. El sonido de esta gente es noventero, shoegazer –la actitud de sus jefes los delata– e intenso, como si aún les costara lo suyo salir de la habitación, pasar del garito minúsculo a las multitudes, tan deseadas como temidas.
“Adored” –más allá del post-rock, el dream pop más o menos canónico o las tentativas post-punk de la banda tan neoyorquinas de principios de siglo– abraza un sonido guitarrero honesto, directo, que emociona. Es probable que sea este elemento el que favorece al tándem Slocum-Knapp, y que pueda sumar nuevos oyentes del grupo en un futuro, si es cierto eso de que el rock vuelve (¿se fue?). Aquí lo personal es artístico y el pecoso letrista no muestra inconveniente en el desnudo integral emocional: “In a frame of rented sheets”, escribe. Como cantante que en sus cotas altas mira cara a cara a Thom Yorke y no oculta sus aspiraciones, junto con el resto de la banda, desde un local de ensayo neoyorquino subterráneo. ∎