Con la muerte de Jane Birkin el 16 de julio de 2023, se desvaneció una forma entera de entender la cultura pop europea. Acostumbrados a su apacible sonrisa, su flequillo icónico o su eterno bolso de Hermès, se tiende a olvidar que Birkin fue una artista total y polifacética (cantante magnética y actriz de culto) y una superviviente feroz, capaz de sobreponerse a la muerte de sus tótems masculinos y al golpe devastador del suicidio de su hija Kate Barry en 2013. Ahora, la periodista californiana Marisa Meltzer asume el reto de diseccionar a la mujer detrás del mito en “Jane Birkin” (“It Girl. The Life And Legacy Of Jane Birkin”, 2025; Circe, 2026), un volumen que aterriza en nuestras librerías con la traducción de Jofre Homedes Beutnagel.
Para desentrañar el misterio, Meltzer acierta de pleno al sumergirse en la fuente primaria más cruda: los cuadernos íntimos de la artista. Esos mismos “Diarios 1957 · 1982. Munkey Diaries” donde Birkin se sinceraba ante su mono de peluche desde los 11 años –y que Felipe Cabrerizo ya nos trajo en una primorosa edición patria en Monstruo Bicéfalo en 2023– sirven aquí como columna vertebral. A través de ellos, descubrimos a una joven brillante lidiando con sus inseguridades. También entendemos que su estatus como musa no fue casual. Durante sus años salvajes, Birkin y Serge Gainsbourg (con quien nunca se casó) encarnaron a la perfección el concepto de épater la bourgeoisie, escandalizando a la respetable clase burguesa. Sin embargo, su legendaria estética de chica cool y despreocupada fue en realidad una coraza construida con una lucidez milimétrica.
A pesar de que la lectura es ágil, adictiva y un pasaporte de lujo para adentrarse en su universo, toda biografía tiene inevitablemente sus peajes. De entrada, resulta inquietante (y a la vez necesario) ver cómo la autora desmonta la idealización de sus años de formación, exponiendo sin tapujos a un Serge Gainsbourg asfixiante, ególatra y, por momentos, decididamente abusivo (como el melodramático salto de Birkin al río Sena para huir de una discusión). Sin embargo, la gran paradoja es que el libro termina cayendo en la trampa de orbitar en exceso en torno a estos satélites masculinos, sumando también los estragos de su precoz matrimonio con el compositor John Barry.
Si Birkin demostró una inteligencia brutal para escapar de la fuerza centrípeta de Serge y lidiar también con el director de cine Jacques Doillon (su pareja durante una década) para abrirse paso como actriz mayúscula –una brillante trayectoria con Michelangelo Antonioni, Agnès Varda o Jacques Rivette que el texto explora a medias– y coronarse finalmente como dueña absoluta de su música con obras reconocidas de la talla de “Oh! Pardon tu dormais...” (2020), sabe a poco que la biografía ignore u omita algunos de esos trabajos para detenerse tanto en el salseo de sus romances, aunque a veces queramos investigar incluso más en episodios dignos de tabloide, como el intento de secuestro de su hija Charlotte Gainsbourg. A este sesgo se suma el respetable pero sepulcral silencio de su círculo más íntimo: ni esta, ni su hermana Lou Doillon, ni su inseparable amiga Gabrielle Crawford participaron. Esta barrera infranqueable obliga a Meltzer a refugiarse en una exhaustiva labor de hemeroteca que a veces priva a la narración de esa calidez y profundidad emocional que solo otorgan las distancias cortas. Esa distancia clínica se hace aún más evidente si recordamos la devoción casi mística que inundó el teatro Olympia de París en el reciente homenaje póstumo “Jane Birkin By Friends” y que la autora cuenta al final de la obra. Ese calor familiar y afecto incondicional de su tribu musical es la pieza que le falta al puzle de Meltzer.
Con todo, que nadie se lleve a engaño: estamos ante una lectura absorbente y amena, editada con mimo por Circe. Meltzer, consciente del inmenso terreno que pisa, resume a la perfección el triunfo final de su protagonista: “La trayectoria de Birkin no encaja en ninguna categoría claramente definida. Fue más que la suma de todas esas partes”. Y es la más pura verdad. Verla solo como la percha de un bolso o la musa de un genio torturado es conformarse con las migajas. Jane Birkin fue el banquete entero. ∎