El trío irlandes KNEECAP –formado por Móglaí Bap, DJ Próvaí y Mo Chara– apareció ante la mirada de medio mundo con la distribución de su película semiautobiográfica “KNEECAP” (Rich Peppiatt, 2024). En ella, la banda relata sus inicios en Belfast, Irlanda del Norte, recalcando la necesidad de que existan música y productos culturales para las masas en gaélico irlandés, idioma que ha perdido protagonismo tras los sucesivos procesos coloniales que el país ha sufrido durante siglos por parte de los poderes imperiales de Reino Unido.
Está claro por la trayectoria del grupo que su música tiene un claro posicionamiento político respecto a este conflicto a día de hoy, y de aquí el título de su tercer álbum después de “3CAG” (2018) y “Fine Art” (2024): “FENIAN”. La palabra fenian se refiere originalmente a un antiguo guerrero irlandés, aunque en los siglos XVIII y XIX pasó a nombrar a los rebeldes irlandeses que luchaban por la libertad ante la dominación británica. Más recientemente se convirtió en un término peyorativo para aludir a los norirlandeses como incivilizados o burros.
En este disco producido por Dan Carey –Wet Leg o Fontaines D.C en su amplio currículo–, el trío que comenzó rapeando sobre drogas y canalizando su enfado adolescente contra el gobierno británico adopta una dirección más madura en sus letras. Profundizan en sus posturas políticas, abordando cuestiones como el colonialismo y el genocidio en Palestina –en “Palestine” colabora Fawzi, rapero de Ramallah–, al tiempo que incorporan temas más personales. El resultado es un álbum de mayor seriedad, que logra trascender aquella postura inicial burlesca.
Al igual que muchas bandas españolas que recalcan la necesidad de cantar en la lengua con que se identifican –véase EZEZEZ o Tatxers en el País Vasco–, las canciones de KNEECAP son cantadas en su mayor parte en irlandés, con algunos fragmentos en inglés. Estas pequeñas fracciones son las que permiten adentrarse con mayor facilidad en el contenido lírico del álbum.
Por ejemplo en el caso de “Irish Goodbye”, que rinde tributo –con la colaboración de Kae Tempest– a la madre de Móglaí Bap, quien se suicidó en 2020, o en “Carnival”, que describe el proceso legal de Mo Chara. La acusación de la fiscalía británica en mayo del año pasado hacia Liam Óg Ó hAnnaidh –es el nombre real de Mo Chara– lo acusaba de exhibir una bandera de Hezbolá en uno de sus conciertos, aunque finalmente el caso fue considerado nulo y no siguió adelante. “Carnival” denota cómo este proceso solo sirvió como otra forma de desviar la atención sobre el terror que domina en la Franja de Gaza y lo que sucede cuando alguien se atreve a alzar la voz. Esta actitud tan estricta respecto al asedio político y militar de Palestina es también lo que ha llevado a que la banda tenga prohibido actuar en Hungría y Canadá.
En muchas ocasiones, la presencia del mensaje político en la música ha pasado desapercibida por las estrategias de marketing que han conseguido convertir el artefacto cultural en producto de consumo puro. Esto es especialmente evidente en el contexto actual, plagado por la sobresaturación de contenido vacío y despolitizado, donde resulta fundamental que sigan existiendo bandas que reflejan los problemas socioculturales de nuestro contexto histórico.
En este sentido, el poder de “FENIAN” es evidente: su propuesta es bailable y accesible, con toques de EDM que lo sitúan en el terreno de lo que cabría esperar en una discoteca o en un festival multitudinario, mientras continúa demostrando el poder de emancipación política de la música. En definitiva, más allá de afinidades personales, su presencia sostenida en la industria musical es algo que merece ser celebrado. ∎