Minimalismo de primera.
Minimalismo de primera.

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Gavin Bryars

“La música minimalista ahora es ‘segura’, pero hace cincuenta años era ‘peligrosa’”

Fotos: Alfredo Arias

03.02.2026

A finales de 2025, el octogenario compositor minimalista británico intervino al frente de su Gavin Bryars Ensemble en la segunda edición del festival Real No Real. Aprovechamos su visita para charlar sobre sus piezas más célebres, la relación entre música y arte, y los “supergrupos” de compositores.

A

sus 83 años, el compositor británico Gavin Bryars (Goole, 1943) es una de las leyendas vivas de la música minimalista. El creador de obras como “The Sinking Of The Titanic” (compuesta entre 1969 y 1972) o “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet” (1971) intervino en el pasado 22 de noviembre en el festival Real No Real, con una actuación de su Gavin Bryars Ensemble en el Espacio Gaviota del madrileño barrio de Carabanchel, interpretando “A Man In A Room, Gambling” (compuesta en 1992, con texto del escultor español Juan Muñoz, fallecido de un paro cardíaco en 2001, mientras veraneaba en Ibiza) y la citada y celebérrima “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet”.

Con algo de sobrepeso y evidentes achaques de la edad en la dificultad para caminar, Bryars dirigió sentado a los cuatro miembros de su ensemble (violín, violonchelo, guitarra eléctrica y contrabajo) en la obra compuesta junto al escultor español, y se limitó a escuchar con los ojos entrecerrados la que es, probablemente, su obra más popular e interpretada internacionalmente. La casualidad hizo que apenas cuatro días antes de que se celebrara la actuación se hubiera inaugurado en varias de las salas y el exterior del Museo del Prado la exposición “Juan Muñoz. Historias de Arte” –abierta hasta el próximo 8 de marzo–, algo de lo que Bryars no tenía conocimiento. “¡No lo sabía! Es una grata sorpresa y me encanta, porque Juan y yo éramos buenos amigos, por supuesto, y trabajamos juntos”. La relación con Muñoz vino de la mano de Alberto Iglesias. Sí, el compositor donostiarra, conocido sobre todo por sus multipremiadas bandas sonoras para las películas de Pedro Almodóvar, y hermano de la escultora Cristina Iglesias, esposa y viuda de Juan Muñoz.

Todavía en la brecha.
Todavía en la brecha.

“Conocí a Juan y a Alberto, su cuñado, el mismo día. Alberto ya conocía mi música y le había hablado a Juan de mí. El encuentro lo posibilitó una organización inglesa llamada Artangel, que está especializada en organizar proyectos artísticos en entornos no convencionales, y en encontrar personas que puedan colaborar juntas. Juan ya tenía en mente la idea de este proyecto, ‘A Man In A Room, Gambling’”. La obra en cuestión era una pieza basada en la manipulación de cartas y el truco callejero que ya no se ve nunca por las calles, desde hace añísimos, en el que se trata de desplumar a incautos tratando de adivinar dónde-está-la-carta. “Se nos ocurrió la idea de algo que no fuera una pieza visual ni tampoco puramente musical, sino una pieza de audio que te obligara a ‘visualizar’ imágenes. Pensamos en ella como una pieza radiofónica y decidimos que constara de diez fragmentos con textos escritos y narrados por Juan, inspirados en un libro de magia muy conocido, ‘El experto en la mesa de juego’, escrito por un manipulador de cartas canadiense llamado S. W. Erdnase. Se trataba de que el oyente siguiera la narración y tratara de visualizar qué es lo que se estaba haciendo pero que, al mismo tiempo, y como sucede en los trucos callejeros, se produjeran ‘distracciones’, para que el oyente perdiera el hilo y la concentración, y estas distracciones vinieran también propiciadas por la música, con cambios armónicos o movimientos melódicos”.

Todas y cada una de esas diez piezas duran lo mismo, cinco minutos, y tienen una estructura uniforme que comenzaba con la frase: “Buenas noches. Bienvenidos a ‘A Man In A Room, Gambling”. A los 4’52” el narrador se despedía: Gracias y buenas noches”, y se producía una pausa de cuatro segundos hasta la siguiente pieza. Juan y Gavin interpretaron varias veces en directo esa pieza antes de la muerte del escultor. Después, Bryars la ha seguido dirigiendo con la grabación de su voz. 

En realidad, la relación del compositor con el arte no es nada extraordinario en su trayectoria. Desde finales de los años sesenta –cuando debutó como compositor después de años en el mundo del jazz: formó parte, como contrabajista, del trío de jazz Joseph Holbrooke junto con el guitarrista Derek Bailey y el batería Tony Oxley– y durante gran parte de los setenta impartió clases en escuelas de arte. Luego ha realizado colaboraciones con numerosos artistas visuales como Bruce McLean, Tim Head o Bill Woodrow. En uno de los castillos de la región francesa del Loira –el de Oiron, que funciona desde 1993 como museo de arte contemporáneo– se exhiben obras de más de sesenta artistas muy diversos: desde el escenógrafo Bob Wilson –del que se incluyen piezas de mobiliario de sus espectáculos “King Lear” y “Doctor Faustus”– al español Joan Fontcuberta, pasando por esculturas, instalaciones u obras conceptuales de Christian Boltanski, Marina Abramović, Sol LeWitt, Daniel Spoerri, James Lee Byars, Peter Fischli y David Weiss… También sendas instalaciones sonoras creadas específicamente para su escucha en el castillo: “Concert For Flies” de Vladímir Tarásov e Ilya Kabakov y “A Listening Room (Chambre d’écoute)” de Bryars, compuesta expresamente para la apertura del castillo como museo. La obra evoca nueve salas del castillo, teniendo en cuenta su volumen y su resonancia particular y se puede escuchar sentado en un par de butacones en una auténtica sala de escucha.


“Conocí a Juan Muñoz y a Alberto Iglesias, su cuñado, el mismo día. El encuentro lo posibilitó una organización inglesa llamada ArtAngel, que está especializada en organizar proyectos artísticos en entornos no convencionales, y en encontrar personas que puedan colaborar juntas. Juan ya tenía en mente la idea de este proyecto, ‘A Man In A Room, Gambling’”


“A finales de los años sesenta, los músicos que trabajábamos de forma experimental no éramos considerados músicos propiamente dichos por la mayoría del mundillo musical. No se nos permitía enseñar en un conservatorio ni podíamos enseñar en una universidad. Se nos consideraba una especie de… ‘peligro’. Sin embargo, las escuelas de bellas artes sí nos acogían: les gustaba tener a su lado gente que hacía arte de una manera diferente. Y terminé dando clases en una escuela de arte porque compartíamos ideas, no técnicas; no la forma de hacer las cosas, sino las ideas que había detrás de ellas. Así que durante unos diez años daba clases en una escuela de arte, incluidas algunas materias de bellas artes e historia del arte”. Lo que destaca Bryars de su relación con los artistas visuales es que “piensan de forma diferente a los músicos, igual que nosotros pensamos de forma diferente a ellos, pero podemos compartir ideas. Eso sí, la forma en que las combinamos será diferente, pero trabajando con otra persona descubres una especie de tercera vía. Demasiados compositores y demasiadas composiciones se crean simplemente sentándonos solos en una habitación para escribir música que luego sale al mercado y alguien la interpreta. Esa es una forma de trabajar muy limitada. Cuando trabajas con un artista lo normal es hacerlo en un espacio que no es una sala de conciertos; a veces es en una galería o incluso al aire libre. En 2022 hice una pieza para una instalación del italiano Massimo Bartolini y el año pasado creé con mi hijo Yuri una instalación en los jardines de la Bienal de Arte de Venecia”. Se refiere, respectivamente, a “In là” –una composición creada por Bryars para la instalación sonora inmersiva de Bartolini del mismo título, que se expuso en el Centro de Arte Contemporáneo Luigi Pecci de Prato, y que consta de 75 metros de andamios transformados en tubos de órgano y que serpenteaban a lo largo de siete salas del museo– y a “Due qui / To Hear”, expuesta en el Pabellón de Italia. “Cuando trabajas con artistas, estos te llevan por un camino diferente”, añade. “La cuestión es si estás realmente abierto a eso o no, y yo lo estoy. Y lo disfruto porque te hace empezar a pensar de una manera diferente. Te abre la mente y piensas en nuevas ideas. De lo contrario, si solo te dedicas a componer música, corres el peligro de repetir las mismas ideas musicales. Yo intento que cada pieza sea nueva y no basarla en una idea central o en algo que ya haya hecho. Intento pensar en cada pieza con frescura, sin seguir una dirección o un camino concreto”.

Ese anhelo por la frescura puede chocar con la imperiosa necesidad de seguir vinculado desde hace ya más de cincuenta años a dos de sus composiciones primitivas, “The Sinking Of The Titanic” y “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet”, reclamadas constantemente en infinidad de festivales y conciertos. “Lo bueno de esas dos piezas es que son, en muchos sentidos, bastante abiertas”, afirma. “En el caso de ‘The Sinking Of The Titanic’ a veces le añado material nuevo y así puedo mantener el interés en la composición. Con ‘Jesus’ Blood’ puedo incorporar diferentes instrumentos en el conjunto, etc. La he hecho con una orquesta y con muchos tipos diferentes de formaciones. Pero lo que descubrí es que en realidad es la voz del anciano lo que me mantiene interesado. No importa qué acompañamiento utilice, su voz siempre es la misma y es también constantemente interesante. Cada vez que la escucho es casi como si la escuchara por primera vez y siempre me sigue emocionando. Así que no es algo de lo que me canse en absoluto y volver a ella es realmente un placer. La gente piensa que debe resultar muy aburrido y que quizá prefiera tocar cosas nuevas, y es cierto que prefiero tocar cosas nuevas, pero no me importa tocar ‘Jesus’ Blood’. No es como ‘Satisfaction’ para los Rolling Stones o algo así. Es algo que puedo escuchar y sentir con frescura cada vez”.

Mr. Bryars, director.
Mr. Bryars, director.

Cuando el minimalismo era “peligroso”

Bryars ha hablado antes de la sensación de “peligro” que suponía la música experimental de los sesenta para las instituciones. Las cosas han cambiado notablemente. En la actualidad, hasta los más afamados directores de orquesta como Gustavo Dudamel o Simon Rattle han dirigido obras de autores minimalistas como John Adams, Terry Riley o Steve Reich. “La de Bryars todavía no”, dice. “La música minimalista ahora es segura, pero hace cincuenta años, en 1972, no lo era. Era peligrosa. En los años sesenta y setenta estaba fuera del ámbito de la música clásica y nadie de ese mundo la interpretaba. Ahora por supuesto es mucho más fácil. La publican las editoriales ‘adecuadas’ y hay una gran diversidad de orquestas y formaciones de cámara que la interpretan. Se ha convertido en música normal y, por lo tanto, ya no es experimental”.

Bryars me recuerda que su primera visita a España se produjo precisamente en 1972, cuando actuó en los Encuentros de Pamplona, formando parte de los Musicians de Steve Reich. “Cuando Steve vino de gira por Europa, para ahorrar dinero, en lugar de venir con sus músicos estadounidenses nos cogió a cuatro músicos ingleses para tocar con él, entre ellos Michael Nyman, Cornelius Cardew y yo. Estuvimos tocando ‘Drumming’ durante un año. El concierto de Pamplona fue fantástico, un acontecimiento realmente grande que se convirtió en algo muy famoso”.

Imaginar una orquesta de cámara formada por Reich, Nyman, Bryars y Cardew podría ser como los supergrupos de rock al estilo de Asia, Blind Faith, Traveling Wilburys, Audioslave… o Los Abuelos de la Nada. ¿Por qué no se producen este tipo de proyectos en el ámbito de las músicas “de conservatorio”? “No sé por qué”, responde Bryars. “Hace cincuenta años éramos mucho más jóvenes, pero entonces no nos gustaban mucho las grandes estrellas del rock. Si nos uniéramos ahora sería diferente. Sería como si Mick Jagger tocara con Paul McCartney, algo así de loco. Yo conocí a Steve y Philip Glass alrededor de 1970 y nos hicimos amigos, porque ninguno de nosotros era muy conocido. Todos intentábamos hacer cosas muy similares, ideas de repetición. Estábamos en la misma onda, pero encontrábamos todo tipo de enfoques diferentes”.


“La música minimalista en los años sesenta y setenta estaba fuera del ámbito de la música clásica y nadie de ese mundo la interpretaba. Ahora por supuesto es mucho más fácil. La publican las editoriales ‘adecuadas’ y hay una gran diversidad de orquestas y formaciones de cámara que la interpretan. Se ha convertido en música normal y, por lo tanto, ya no es experimental”


De los citados, Cardew murió en 1981, pero Reich tiene 89 años y Glass los cumplió el 31 de enero y ambos siguen activos y estrenando nuevas piezas casi cada año. Igual que Bryars, que dispone también de su propia compañía discográfica. Nyman, al que se debe el ¿honor? de haber acuñado el término “minimalista” para este tipo de músicas basadas en la repetición, en cambio, y pese a ser el más joven de todos ellos, con 81 años, es el que peor se encuentra de salud, según me confirma Bryars: “Michael está muy enfermo. Lleva tres o cuatro años muy mal, viviendo en una residencia. Está llegando realmente al final de su vida. Ha sufrido depresión y todo tipo de cosas y simplemente ha desaparecido. Todo lo que hizo antes sigue existiendo, obviamente, pero no ha hecho nada nuevo desde hace quizá cinco o seis años”. Y pese al peso que Glass y Reich tienen en el canon minimalista, la música de Bryars ha seguido una dirección muy diferente, más cercana a la de los minimalistas místicos europeos: los ya fallecidos John Tavener y Henryk Górecki o el estonio Arvo Pärt, que cumplió 90 años el pasado mes de septiembre. “Pärt es un buen amigo mío. Lo conozco desde hace cuarenta años y, cuando yo iba a Berlín cuando él vivía allí, me quedaba en su casa. Ahora cuando voy a Estonia intento visitarlo, somos buenos amigos”.

“Cuando la gente empezó a escuchar su música, a principios de los ochenta, en cierto modo cambió las cosas, porque se alejó de la música minimalista en el sentido de que la música minimalista no tiene por qué ser sólo rápida y enérgica”, añade. “También puede ser lenta y reflexiva, como en el caso de Pärt, que no es exactamente minimalista, aunque se relacione con ella. Pero también se relaciona con la música antigua. Y, respondiendo a tu pregunta, sí: mi música sí se puede definir como espiritual, pero no la relaciones con ninguna religión específica. La repetición puede funcionar como una forma de oración laica dentro de la música contemporánea, pero ha cambiado su significado. La música repetitiva se ha convertido casi en una especie de técnica, un estilo que la gente puede utilizar a su antojo. A principios de los años setenta era una estética, aunque marcaba un camino de dirección única. Ahora un compositor puede incluir un pasaje de música repetitiva en una sinfonía y se puede utilizar como un elemento que se toma prestado. Simplemente, ha cambiado. Creo que se ha vuelto más segura en muchos sentidos”.

Siguiendo con el tema de la espiritualidad, le pregunto por Rosalía. “La conozco, sé que existe, aunque no la conozca personalmente. Leí una reseña de su nuevo disco, pero no lo he escuchado”. En realidad, preguntarle a Bryars por Rosalía no es por patrioterismo o cotilleo, sino por el papel de Caroline Shaw –indudablemente, una de las grandes compositoras del siglo XXI– en los arreglos instrumentales y coproducción de varias de las canciones de “LUX” y que ya venía de atrás, en concreto de “Motomami”. Pero pincho en hueso. “La verdad es que no escucho a muchos compositores jóvenes. Hay algunos que no son muy conocidos, como Bill Vine, que es un buen compositor al que conozco y me gusta. Simplemente tiendo a concentrarme en el trabajo y no escucho mucha música de otros”. ∎

Grandes clásicos y otras obras oscurecidas por su fama

Gavin Bryars
“The Sinking Of The Titanic” / “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet”
(Obscure, 1975)

En 2025 se ha conmemorado el quincuagésimo aniversario del lanzamiento discográfico del primer disco de Gavin Bryars, también primera referencia del sello Obscure Records, creado por Brian Eno casi ex profeso para ello, dado que Eno había intervenido como instrumentista en el estreno en el Queen Elizabeth Hall de Londres, en 1972, de “The Sinking Of The Titanic”. Estas primeras versiones de estas piezas seminales son relativamente breves: los veintipocos minutos de una cara de LP de vinilo, pero se han convertido en leyendas del minimalismo. Luego llegarían versiones mucho más extensas, de poco más de una hora cada una de ellas. En el caso de “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet” hay incluso una versión cantada por Tom Waits (en el disco de Gavin Bryars de 1993). Sin embargo, aquí ya estaba su esencia, deudora del minimalismo repetitivo estadounidense –en el caso de la segunda está inspirada en “Come Out” e “It’s Gonna Rain”, de Steve Reich– pero con una carga espiritual personalísima y distintiva.

Gavin Bryars / Balanescu Quartet
“The Last Days”
(Decca, 1995)

Alexander Balanescu tocaba el segundo violín en el Cuarteto Arditti cuando Gavin Bryars compuso el “Cuarteto de cuerda nº 1” para ellos. En esta grabación, Balanescu ya al frente de su propio cuarteto reúne “String Quartets Nos. 1 & 2” y “The Last Days”, una secuencia de fabulosos y variados dúos para violín que ponen de manifiesto la compenetración entre Balanescu y Clare Connors, una violinista que, además de pertenecer al Balanescu Quartet, ha trabajado para John Lurie, Kraftwerk, David Byrne o Pet Shop Boys, por citar solo unos pocos.

Gavin Bryars / The Crossing
“A Native Hill”
(Navona, 2021)

“A Native Hill” es la segunda pieza que Gavin Bryars escribió para el gran coro estadounidense The Crossing. La primera fue “The Fifth Century” (2016) y logró el Grammy en 2018 a la mejor grabación de música coral. Se trata de una formación dirigida por Donald Nally y especializada en música contemporánea. En una reciente entrevista para ‘Financial Times’, Bryars lo consideraba su disco propio favorito y en nuestro encuentro en Madrid me confirmó no solo lo mucho que disfruta componiendo música vocal, sino que The Crossing son “tan increíbles técnicamente que puedo escribir casi cualquier cosa que se me ocurra. Así que fui mucho más lejos y probé muchas cosas que nunca habría probado con ningún otro coro”. ∎

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