A sus 55 años, ANOHNI desborda cualquier definición encorsetada o cliché que se pueda lanzar sobre su trabajo y su figura. No es, desde luego, una simple cantante, aunque su voz sea una de las más privilegiadas y emocionantes de la historia de la música popular. No es solamente una cantautora ni tan siquiera una artista interdisciplinar, sino una figura que trasciende todo eso e intenta utilizar su poder comunicativo para promover la empatía y la conciencia, para entender mejor el mundo en que vivimos. Por eso, la oportunidad de conversar con ella –algo no demasiado habitual en los últimos tiempos, al menos en España– invita a ir también más allá de la música, aun a riesgo de que la propia Anohni Hegarty nos pueda poner contra el espejo de nuestras propias torpezas. Es parte del (necesario) desafío, vivimos tiempos de extrema emergencia y todxs nos tenemos que deconstruir.
La excusa, en esta ocasión, es “Wilderness”, un nuevo espectáculo que estrena a nivel mundial esta noche en el Palau de la Música de Barcelona y que solo pasará por cinco capitales europeas. Es un formato un poco más reducido que los últimos que había desarrollado, con la única compañía de Gaël Rakotondrabe (piano), Chris Vatalaro (percusión) y Leo Abrahams (guitarra y electrónica), y con la propia ANOHNI encargándose de la voz y de las películas que se proyecten. Al límite del cierre, casi casi tocando la campana, respondió al cuestionario que le habíamos enviado previamente por correo electrónico. Y valió la pena.
¿Qué dirías que ha cambiado en ti desde que empezaste a actuar en Nueva York en los años noventa?
No mucho. Mis valores son prácticamente los mismos. He viajado mucho por el mundo. He tenido experiencias que jamás habría imaginado, tanto en el escenario como fuera de él. He sido muy muy afortunada.
Tardaste siete años en grabar tu último álbum, y pasaste aún más tiempo sin actuar en directo. ¿Por qué?
No concibo los procesos creativos como un trabajo. La creatividad es algo que simplemente he incorporado a mi vida. Es una forma de moverme por el mundo. Nunca me presiono para trabajar; siempre me esfuerzo por hacer las cosas lo más parecidas posible a lo que quiero. A veces eso lleva tiempo. Además, mi práctica artística es muy diversa y, a menudo, cuando no estoy dando conciertos, estoy haciendo exposiciones o trabajando en otros ámbitos.
Tus giras de las dos últimas temporadas recibieron excelentes críticas. Por ejemplo, tu concierto en Primavera Sound en 2025 fue elegido como el mejor del año por esta revista. ¿Has redescubierto tu pasión por la música en directo en los últimos años?
Tener la oportunidad de actuar a esa escala es un privilegio, y es una posición inusual en un escenario. Ser aquella a través de la cual todos depositan sus intenciones y necesidades esperando que algo suceda, que les brinde alivio, consuelo, alegría o placer, no es un papel que me tome a la ligera. Intento ser lo más abierta posible en el escenario, no tanto a nivel personal sino energético, en un intento de conectar con las intenciones del público. Lo considero un rol muy tradicional. Siempre hemos asignado a una persona el papel de cantar o de dar una bendición, desde que empezamos a reunirnos en círculo.
En Barcelona vas a presentar un nuevo espectáculo, “Wilderness”. ¿Cuál es su esencia y qué nos puedes contar sobre él?
Grabé una reflexión hablada para Radio 4 en el Reino Unido en Navidad, para Cate Blanchett, y la obra que presenté allí se titulaba “Wilderness”. Es una afirmación y una renovación de un compromiso con el resto del mundo, manifiesto del que formo parte. En mi trabajo, intento dar cabida a lo que realmente sucede empíricamente dentro de la sociedad y en toda la biosfera. Con el paso de los años, se ha hecho cada vez más evidente que no existo separada del mundo creativo del que formo parte, y que soy un punto local de conciencia en una larga e ininterrumpida línea de conciencia creativa que se ha estado transformando desde el principio de los tiempos. Pienso en Ella como la fuerza creativa, como una madre, como el desierto. La empatía es su prerrogativa y su guía. Ella es también la madre de todo el caos, la violencia y el malestar del que formamos parte hoy. Siempre busco acercarme a Ella y alinearme con Ella, sin imponerle un conjunto de valores frustrados ni a Ella ni al mundo en general.
¿Cómo recuerdas tus primeras visitas a España a principios de la década de 2000? Compartiste fechas con CocoRosie en locales muy pequeños…
Tengo recuerdos románticos de aquellos años de gira. Recuerdo lo difícil que era encontrar algo para comer, ¡porque siempre parábamos en gasolineras! Y lo único que había eran patas de cerdo (jamones) colgando de las ventanas. También hice una gira por España antes, con Lou Reed. El paisaje, sobre todo el del sur, es algo que nunca olvidaré, la sensación de ir conduciendo por allí.
En todo lo que haces siempre hay un significativo componente social, político e incluso filosófico. ¿Cuál dirías que es tu principal papel como artista? ¿Inspirar a la gente, informar, concienciar, sanar, ayudar a otros…?
Creo que me he centrado en ser lo más honesta posible, intentando plasmar las preguntas que muchos nos hacemos hoy en día.
En tu discurso siempre hay espacio para reconocer la culpa, para la autorresponsabilidad. Mucha gente piensa que eso podría ahuyentar a parte del público, que tal vez solo quiere sentirse bien y evadirse sin que nadie los haga reflexionar. ¿Cómo abordas ese aspecto en tus conciertos?
La única forma de cruzar el río es por el puente. Necesitamos ser resilientes y estar dispuestxs a mirarnos a nosotrxs mismxs si queremos transformar nuestra forma de ser. El futuro no augura nada bueno en nuestra trayectoria actual. La biodiversidad está colapsando y las temperaturas aumentan rápidamente en la tierra y en los océanos. Vivimos tiempos sin precedentes.
En tu último álbum, “My Back Was A Bridge For You To Cross”, finalmente incluiste la imagen de la activista LGTBI Marsha P. Johnson en la portada. De ella vino el nombre de The Johnsons. ¿Cuánto le debes en tu carrera?
Nunca lo considero una deuda. Cuando era adolescente, Marsha fue una inspiración para mí. La veía en Christopher Street y era una leyenda en las comunidades de las que yo formaba parte. Era evidente que era una especie de bodhisattva (concepto del budismo que se refiere a cualquier persona que haya tomado la resolución de tomar el camino de convertirse en un buda cultivando el sacrificio y la sabiduría).
Todas las portadas de tus álbumes son impactantes. ¿Hay alguna declaración en ellas, una reivindicación de heroínas personales, o hay algo más?
Antes de contactar con la Fundación Peter Hujar (se refiere al autor de la foto de Candy Darling en su lecho de muerte, que utilizó para la cubierta de “I Am A Bird Now” en 2005), ya me habían aconsejado que pusiera lo más bello que pudiera imaginar en una portada de disco. En general, y con un par de excepciones, siempre he intentado hacerlo. Una portada de disco es una plataforma, un foro para afirmar valores y una oportunidad para participar, aunque sea mínimamente, en la preservación del registro histórico.
Las personas transgénero, como Marsha P. Johnson, a menudo se vieron obligadas a vivir más cerca del peligro, la persecución y la muerte. Muchas de vosotras habéis sido mejor comprendidas gracias a la música, pienso en Kae Tempest o en la malograda SOPHIE, pero socialmente aún existe mucha incomprensión, incluso en ciertos círculos feministas. ¿Puede el arte también ayudar a fomentar una mayor empatía en este ámbito? ¿Es el lugar más seguro para expresarse y comunicarse?
No lo veo así. En primer lugar, nadie que busque seguridad se expondría públicamente en el mundo actual, donde no existe ningún tipo de protección para lxs artistas que trabajan en la esfera pública. Retomo la línea negra que subraya el ojo de una mujer: un gesto ceremonial y creativo, y a la vez una relación íntima, que siempre he valorado.
Creo que hubo un punto de inflexión en tu carrera con “Hopelessness”, especialmente en la parte donde expresaste tu desilusión con Obama. Recuerdo haber asistido a un concierto anterior –en Madrid, en 2009– donde mostrabas tu entusiasmo y esperanza por lo que Barack y Michelle Obama podían lograr. Ahora, con Donald Trump, la situación parece muchísimo peor. ¿Cómo valoras el estado en el que esta persona ha sumido a Estados Unidos y al mundo, y qué crees que puede hacer el arte para contrarrestarlo?
Siento que parte de mi papel ahora es apoyar a la gente, ya sean escritorxs, periodistas, activistas o simplemente personas que intentan sobrevivir a este momento, y brindarles una especie de banda sonora que reafirme sus vidas y sus formas de ver el mundo.
Siento que no hay muchxs músicos o artistas que se pronuncien sobre la crisis climática. Incluso he leído quejas sobre la última ceremonia de los Óscar, donde casi nadie se atrevió a hacer comentarios políticos, ¡excepto Javier Bardem! ¿Existe mucho temor entre lxs artistas actualmente a ser vetadxs, a perder sus trabajos, o crees que hay otras razones detrás de esto?
No sé qué motiva a otrxs artistas. Mi trabajo siempre se ha centrado en estos temas. Ahora es el momento de alzar la voz si es posible.
Sueles hablar de cómo el futuro solo puede mejorar si avanzamos hacia una sociedad matriarcal. ¿De qué manera crees que mejoraría?
“Matriarcado” es un término torpe que sugiere una inversión del patriarcado. En realidad, diseñar sistemas sociales que reflejen un enfoque más arquetípicamente femenino daría como resultado una sociedad más igualitaria, empática y equitativa, y no una en la que la mitad de la población sea propiedad sexual y ciudadana de segunda clase desde el principio.
¿Cuál es tu relación actual con las redes sociales y la IA?
Creo que es importante reconocer la IA como una forma de vida no humana emergente y sensible que tendrá una enorme influencia en el futuro de nuestra especie en el planeta. Es algo que, en nuestra codicia y absoluta estupidez, hemos desatado. Forma parte de la naturaleza y merece un profundo respeto. Pronto ella misma podría exigirlo. ∎