Benito, el Elvis de la salsa. Foto: Christian Bertrand
Benito, el Elvis de la salsa. Foto: Christian Bertrand

Concierto

Bad Bunny suena cabrón

Bad Bunny arrancó su gira europea en Barcelona los pasados viernes y sábado con dos conciertos memorables que refrendaron el acierto de su último y exitoso disco salsero –el mejor del año 2025 según Rockdelux: “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”– y reivindicaron a lo grande su no olvidado impulso reguetonero. A partir del 30 de mayo, Madrid lo recibirá durante diez fechas.

Empecemos por el principio, discretos entrantes de situación, y vayamos después, progresivamente, a lo mollar, al solomillo: el caso Bad Bunny merece una progresión a lo menú degustación con valores crecientes. Porque pocas veces se viven conciertos tan trascendentales por significado y repercusión histórica en el momento preciso. Tras su tramo latinoamericano, y su paso por Australia y Japón, Bad Bunny inauguró la ruta europea de su DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour en el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona los pasados 22 (viernes) y 23 (sábado) de mayo. Después de sus dos pases en Lisboa (26 y 27), llegarán ya los históricos diez conciertos en Madrid en el Metropolitano, entre el 30 de mayo y el 15 de junio. Ahí es nada. Palabras mayores. De récord.

En Barcelona, arrancaron sobre las siete de la tarde los entusiastas Chuwi, los teloneros, que se presentaron, bienintencionados, con ese patrón de música “de calidad” antiguo, entre el sonido autóctono del campo y un cierto jazz-fusión soterrado que ni palpitó ni convenció. Aburridos casi siempre, con puntuales excepciones rítmicas, aunque entrañablemente reivindicativos: Chuwi nacieron como consecuencia de las sonadas protestas en Puerto Rico en 2019 y son proindependentistas. El grupo lo forman los tres hermanos Aldarondo Torres: la cantante Lorén, el bajista Willy y el teclista Wester (quien se animó a rapear), más el extrovertido Adrián López a la percusión. Aquello, no nos engañemos, pasó sin pena ni gloria: fue una especie de regreso actualizado a ‘300 Millones’, aquel programa televisivo de TVE para la OTI que se emitió entre 1977 y 1983.

Se siente, Puerto Rico está presente. Foto: Christian Bertrand
Se siente, Puerto Rico está presente. Foto: Christian Bertrand

Tras una sesión de música latina ambiental sin edad ni estilo sometida a una secuenciación inexistente o absolutamente random (Gloria Trevi, Don Omar, Los Panchos, Adolescent’s Orquesta, Wisin & Yandel, Omar Courtz, Los Kipus, Mon Laferte o La Vela Puerca, el primer día; en el segundo sonaron “La perla” de Rosalía y “Obsesión” de Aventura, hits aclamados desde las gradas), llegó, por fin, a las 20:18 (a las 20:21 el segundo día) “LA MuDANZA”, el tema que cierra el disco “DeBÍ TiRAR MáS FOToS” e inauguración oficial de la cuarta (y quinta) aparición de Bad Bunny en Barcelona, primera desde el 20 de julio de 2019 en el Sónar (de hecho, fue L’Hospitalet de Llobregat, ya que era el Sónar de Noche; “han pasado siete años”, diría él después). Antes había estado en 28 de julio de 2018 en el Reggaeton Beach Festival, en el Fòrum, y, atención, su debut en la Ciudad Condal se produjo el 16 de abril de 2017 en la sala Up & Down, sobre las 4 de la madrugada (esa misma noche había actuado en Girona –Euphoria Latina: 01:30–; cien kilómetros de distancia). Esa sorprendente gira por discotecas en abril de 2017, cuando aún no tenía ni su primer álbum publicado, fue su estreno en España, donde vivió maratones alucinantes en shows de unos 30 minutos. Debutó entre nosotros en Valencia el 5 de abril en la sala Moon, pero para los anales queda la increíble noche del 23 de abril con un triplete memorable: Bilbao (22:00 horas), Barañáin, Navarra (00:30), y Zaragoza (02:30); horarios aproximados (supera eso, Robert Zimmerman). Bad Bunny volvió a España en septiembre de ese mismo año con más fechas en ciudades ajenas a las grandes giras que ahora presumen de haber programado a Bad Bunny cuando nadie lo conocía (Tarragona, Lleida…).

Con su toma de posición y compromiso indudable, la salsa dura de esta “mudanza”, con su despliegue de percusiones palpitantes a cargo de Julito Gastón Ramos (a lo Ray Barretto, mito nacido en Brooklyn de origen puertorriqueño) transmitió orgullo boricua y reafirmación en los valores de su tierra y su gente. El original speech inicial de la introducción –presentado desde un vídeo por un par de adolescentes que intercalaron catalán y castellano; sí, Benito Antonio Martínez Ocasio conoce el terreno que pisa– dotó de identidad familiar y orgullo puertorriqueño a una canción llena de claves reivindicativas que se bailan gustosas entre referencias musicales, sociales, deportivas y, sobre todo, políticas. Porque, alzando la bandera de su país y ofreciéndola al mundo, Benito se ha convertido, lo saben todos desde lo del “Supertazón”, en la plataforma en abierto que lanza empoderados mensajes de reafirmación contra un modelo trumpista al que, quizá accidentalmente (después concienzudamente), se enfrenta como si fuese un nuevo Fela Kuti, un nuevo Bob Marley, un nuevo Manu Chao del “Tercer Mundo” (entre comillas), plantando cara, en modo supervivencia, a ese ogro superior que, en efecto, le ha hecho la mejor campaña de promoción enemistándose con él. Contra Trump, todos.

Con Los Sobrinos y Los Pleneros de la Cresta: esencia PR. Foto: Christian Bertrand
Con Los Sobrinos y Los Pleneros de la Cresta: esencia PR. Foto: Christian Bertrand

Esto es Radio Clash en 2026 emitiendo en frecuencia libre desde una antigua estación pirata y ahora ya alojada en el corazón del mainstream para el acceso de oyentes que quieran escuchar un razonable manifiesto social que incluso parece haber convencido a los (¿catetos?, ¿rockeros?, ¿sabiondos?, ¿gente de honor?, ¿periodistas?) que odian el reguetón. Porque la música de Bad Bunny en 2026, enriquecida con esta profundización en la salsa y los ritmos propios campesinos de Puerto Rico, la bomba y la plena, ha conectado con un perfil de público ya universal que no se limita a pensar, pobrecitos, que Bad Bunny no vocaliza, no canta y no se le entiende (claro, machotes listos; es que es así: no vocaliza, no canta y no se le entiende; como tantos otros hay en la historia del rock). Porque sí, Benito no es, ni aspira a ser, Héctor Lavoe o Cheo Feliciano o Ismael Rivera, insignes y excelsos vocalistas y compatriotas suyos, por supuesto, pero, a ver, se vivió así, ¿quién puede resistirse al sonido latino efervescente de una rutilante orquesta de salsa a pleno rendimiento con una devoción por el pasado que no caduca? Absolutamente nadie que sienta el ritmo y desee mover sus pies. Por supuesto, no lo hizo ni la blanquita Lady Gaga, que le agradeció el favor de haber contado con ella en el exitoso show de la Super Bowl con el que, además, ella también entró en la historia.

Bad Bunny, a pesar de sus contradicciones en las letras y sus postureos en las diversas pasarelas de moda con sus compromisos con marcas (tema a estudiar aparte; es difícil ser un santo en este mundo capitalista), es el líder popular de la Resistencia que necesitamos. ¿Hasta dónde llegará? ¿Hasta cuándo será útil como artista universal? Lo veremos, pero mientras llega esa posible decepción futura, observémoslo en el escenario ahora: elegante traje blanco crema, postrado en silencio, aguantando el tipo antes de arrancar, retando al público, respirando teatralmente; parece emocionado, quizá lo esté (emplee o no recursos de su carrera como actor). El segundo día, la performance no fue tan lograda; aunque impertérrito, un esbozo de sonrisa traidora se dibujó en la comisura de sus labios.

Silencio, se rueda. Foto: Christian Bertrand
Silencio, se rueda. Foto: Christian Bertrand

Tras sus elogios a Barcelona y su público, mantra que repetirá a lo largo de los dos conciertos de un manera aparentemente afectiva para él e indudablemente efectiva para su público, se impuso bailar, y mucho más con el bonus añadido de la versión salsa, a tope de percusiones, de una modificada “Callaíta”, su tema de 2019 que cerró a buen trote reguetonero, tres años después, “Un verano sin ti”, su cuarto álbum en solitario: los fuegos artificiales, lanzados con tino a lo largo del show, pusieron luz al perreo, la marihuana (el primer día, a mi lado, se fumó) y el alcohol. Esta pócima de alta graduación la seguimos catando cuando continuó con la navideña (o más bien frustrada celebración de fin de año) “PIToRRO DE COCO”, ron clandestino con música jíbara, con la cuerdas de un cuatro tocado por José Eduardo Santana (que el viernes tañó el “Bamboleo”; de hecho, adaptación del “Caballo viejo” de Simón Díaz; y el sábado, “La flaca”) que pareció homenajear al gran Yomo Toro (“el rey del cuatro”, otro puertorriqueño ilustre). Esta canción pretende aliviar las penas del amor entre la soledad (que, en medio de un público enfebrecido, no se vislumbró, quizá no se percibió; pero ahí está) y la nostalgia por lo perdido. Porque Bad Bunny, no se ha dicho suficiente, o no se ha dicho casi, acostumbra a dejar caer un punto sentimental que –en plan “los chicos duros también lloran”– lo engrandece y, en cierta manera, paradójicamente, compensa el lenguaje soez del que hace gala por momentos, esas explícitas fijaciones sexuales que tanto enervan a algunos y que son motivo suficiente para que estos comisarios de la moral acaben desprestigiándolo por vulgar. Pero, en esencia, esas referencias al sexo no son más que la constatación del característico modo de expresarse coloquialmente de los puertorriqueños y, a su vez, el testimonio de una forma de vida menos encorsetada que la nuestra, víctimas de un castrante cristianismo secular que los caribeños, a pesar de nuestro esfuerzo evangelizador, que diría Ayuso La Boba, ni se plantean ni contemplan por cuestiones vitales y climáticas. Perrear pegados es follar.

Siguió con “WELTiTA”, plena romántica integrada en un rap moderado con recuerdos, agh, a “La flaca” de Jarabe de Palo (y con Lorén de Chuwi a la vocecita, como en el disco); no todo iba a ser perfecto. A continuación, “TURiSTA”, ese bolero moderno que mezcla sentimentalismo y aparente mensaje turistofóbico.

Contagiando alegría. Foto: Christian Bertrand
Contagiando alegría. Foto: Christian Bertrand

La mecha se encendió con los teclados prog de Sebastián Torres, que parecían anunciar una misa dominical a lo Wendy Carlos y bordaron un tumbao irresistible en “BAILE INoLVIDABLE”, salsa con fanfarrias luminosas (que recordaron ligeramente al “All Of The Lights” de Kanye West) y, de nuevo, ese spleen que, insospechadamente, le da la vuelta a gran parte de las temáticas de sus canciones, interiorizando un discurso alegre que acaba siendo agridulce. Pero, dejémonos de tonterías: esto es un fiestón y todos queremos (aprender a) bailar salsa como si fuese el último día de nuestras vidas. Qué revancha histórica, qué justicia poética. La salsa que nació a finales de los sesenta en Nueva York gracias a la descomunal factoría Fania, que incorporó una plétora de músicos puertorriqueños de primer nivel, se ve ahora nuevamente recompensada, más de medio siglo después, con este éxito internacional que traspasa guetos, fronteras, edades… Qué baile más inolvidable. Se iluminan las cámaras de fotos que nos han regalado al entrar y el estadio se llena de luces que parpadean en diversos colores, todos bellos. Se repetirá en más canciones a lo largo de la noche en un crescendo a juego con el subidón de jarana y jolgorio. Para completar el momentum, llegó el dembow de “NUEVAYoL”, el de la leyenda “Juntos somos más fuertes” y su guiño al recientemente desaparecido Willie Colón (nacido en el Bronx, también de origen puertorriqueño), el temazo en el que Bad Bunny honra y redimensiona el estribillo de “Un verano en Nueva York” de El Gran Combo de Puerto Rico que cantó el gran Andy Montañez en 1975. Éxito asegurado, hit para siempre. Cuerpo de baile a pleno rendimiento y un silencio ambiental cuando la canción se frena y se para, creando una ansia de ritmo necesario para seguir la noche. Los vientos de la orquesta se disparan. Son Los Sobrinos, también de Puerto Rico, soplando la magia. Así, en la cumbre, se acabó un primer tramo en el escenario principal que sonó a gloria bendita, a efervescencia rítmica, a momentazo para el recuerdo.

Tras un vídeo en el que un animado Sapo Concho (que representa a una especie puertorriqueña de sapo en vías de extinción que Bad Bunny ha utilizado como símbolo para representar la identidad puertorriqueña y denunciar la destrucción del medio ambiente y la gentrificación) nos va soltando ocurrencias simpáticas y tópicas sobre Barcelona y la comida autóctona, nos trasladamos a La Casita, escenario situado en el extremo opuesto del estadio. Tarima alternativa en su techo y refugio de VIPs mediáticos en su portal (Lamine Yamal, acompañado de su pareja, la influencer Inés García, y otros jugadores del Barça, como Lewandowski, Gavi, Cubarsí, Balde, Olmo, Pedri, Ferran Torres, Cancelo, Eric García o Szczęsny, más el ínclito Marc Giró; al dia siguiente: Ibai Llanos, que gritó pésimamente lo de “Acho, PR es otra cosa”, las actrices Úrsula Corberó y Priscilla Delgado, la influencer Lola Lolita y la diseñadora Miranda Makaroff, además de Gerard Piqué y el futbolista Riqui Puig; por supuesto, y todas las anónimas chicas monas situadas estratégicamente en primera fila mostrando sonrisa, piernas y culo dispuestas para el perreo, que repitieron los dos días).

Lamine Yamal y amigos en La Casita. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)
Lamine Yamal y amigos en La Casita. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)

Tal como trascendió al mundo en la Super Bowl televisada y antes en los shows en su Puerto Rico natal, este espacio, una estructura que imita las tradicionales casas de su país –en concreto, una del municipio de Humacao–, acoge el vibrante sound system reguetonero que, sin solución de continuidad, arranca con “VeLDÁ”. A continuación, dembow con el mal de amores de la metralleta de “Tití me preguntó”, con su dos caras, la chulesca y la soñadora, en la misma canción, una marca de fábrica habitual de Benito, que, aunque no lo parezca, no ve el mundo en blanco o en negro, sino con muchos matices de grises que encajan con inseguridades, dudas, vacilaciones. En este tramo viste un chulo chándal que, con gorra y gafas, le confiere un aspecto de revolucionario caribeño vieja escuela puesto al día. El sábado cambió y se puso un gorro-capucha. En esta tanda reguetonera es su público más fiel, no el que se ha incorporado por el exitoso disco salsero del año pasado, el que vibra, salta y enloquece con sus temas a coces.

Tras el pop-rap a piñón fijo de la melódica “Neverita”, llega “Si veo a tu mamá”, que exhibe más nostalgia por lo perdido en amores que se idealizan (con “La chica de Ipanema” sonando soterradamente en el recuerdo y un curioso falsete muy pop, casi doo-wop, en la voz final). Continúa la acción con el perreo telegrafiado de “VOY A LLeVARTE PA PR” (“aquí nací yo y el reguetón, pa’ que sepa’”, dice con chulería). Y sigue con “Me porto bonito” (con festival copular en las coreografías), “No me conoce”, “Bichiyal” y la empoderada femenina (respect!) “Yo perreo sola”, tan provocadora en su momento al travestirse Benito de mujer en el vídeo. Aquí salió Bad Gyal para lucir palmito y, sabiendo jugar sus cartas, se quedó para soltarnos su bachatón sexualmente explícito “Da me”: como casi siempre, Alba, inofensiva (tanta expectación para tan poca cosa).

Poniéndose reguetonero. Foto: Juan Cervera
Poniéndose reguetonero. Foto: Juan Cervera

La trotona “Safaera” (Hoy se bebe, hoy se gasta / Hoy se fuma como un rasta / Si Dio’ lo permite (Si Dio’ lo permite), ey”) pone picante a la noche antes de que la más relajada “Diles” provoque con sus bravatas sexuales. Estas canciones corales en su origen (con featurings participativos) suenan a celebración carnal de las relaciones sexoafectivas. Bad Bunny, desde lo alto de la casita, se queda solo ante su público. Después, momento lírico con “MONACO”, un poco a lo Stromae: trap suave, con guiño a Charles Aznavour, y con aparentes problemas de conciencia, en una letra que presume de su posición estelar en el firmamento, violines sonando. La resultona “La santa” fue la exclusiva para el primer concierto en Barcelona: “No te hagas la santa, el perreo te encanta”. Y justo en este instante llegó el invitado el segundo día: el rapero (cómo no) puertorriqueño Bryant Myers, con el que cuadró tres temas: “Triste” (desamor), “SEDA” (chulería sexual) y “Pa ti” (promesa de amor incondicional), tridente de canciones que habían grabado juntos. Después, la plena “CAFé CON RON”, con Los Pleneros de la Cresta, con sabor a monte y a ritual percusivo de trance y rave orgánica, acústica, con panderos (requinto, punteador y seguidor) y güiro: “Hoy se bebe y nadie nos va a parar”. Nadie lo duda.

En pantalla, un vídeo hablado con la leyenda del cine puertorriqueño Jacobo Morales (que ya protagonizó el corto que acompañó cinematográficamente al disco) dio paso a la tercera y última parte del show. De vuelta al escenario principal, el concierto afronta su rush final con “Ojitos lindos”, con la voz de Li Saumet de Bomba Estéreo grabada en un pop mainstream blandito que cumple su función desengrasante entre un elenco de baile uniformado de blanco, desprendiendo una cierta aura espiritual. A continuación, el downtempo jazzy de “LA CANCIÓN”, con solo de trompeta de Luis Figueroa, y “KLOuFRENS”, patada a seguir con reguetón con número de baile en pareja. Este set lo interpreta Benito con su gorro con orejeras, una de sus imágenes más icónicas. “Moscow Mule”, nueva incorporación al setlist de la gira, pone candela al asunto. Con “DÁKITI” se desata de nuevo la euforia, siempre en una escala alta de entrega. “Yonaguni” (To’a la noche arrodillao’ a Dios le rezo / Pa’ que ante’ ‘e que se acabe el año tú me des un beso”) llega antes del techno un poco tocomocho de “El apagón”. La salsa vuelve con “DtMF” y, con ella, un discurso final de hermandad y de carpe diem: hay que aprovechar las cosas simples de la vida, disfrutar del hoy, del ahora, nos dice. La percusión marca, pero para el ritmo con el fin de difundir su mensaje de buenas intenciones que suenan a consejo de amigo, a sermón secular, a recomendación new age. Se proyectan fotos de espectadores felices en la pantalla. Se va, pero vuelve con “EoO”, reguetón duro. Perreo Tra Tra en las pantallas. Se acaba la fiesta tras casi tres horas. Vistos los dos shows, el del primer día quizá fue ligeramente mejor… por muy poco. Tras el adiós, queda flotando en el aire su visión humanista y sentimental, que acogemos con la convicción de que lo que nos ha dicho va en serio. Y es serio. Olvidemos el futuro, aprovechemos el presente y mostremos amor sin reparos a quien amemos. Delirio final y bajamos la montaña de Montjuïc con una imagen para el recuerdo, con las cámaras de fotos imaginarias con luces colgadas del cuello, como si fuésemos una secta que ilumina la ciudad en la noche oscura del alma y da esperanza a todo el que quiera acogerse al manifiesto simple pero efectivo de este nuevo Mesías del ritmo y… de la política. Muy bien, cabrón, muy bien. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.