Trío infalible. Foto: Sergio Morales
Trío infalible. Foto: Sergio Morales

Concierto

The Wave Pictures: el enésimo regreso triunfal de los chicos de provincias

Estos tres amigos de la infancia de un pueblo inglés de apenas mil habitantes presentaron ayer su último disco, “Gained / Lost”, en la sala Villanos de Madrid, en el ecuador de su amplia gira española. Un concierto emocionante que comenzó con apenas cincuenta personas, pero que acabó con el local abarrotado y todo el mundo bailando. Estas son las citas que todavía tienen por delante este mes de marzo: Barcelona (17), Bilbao (18), Santander (19), Logroño (20) y San Sebastián (21).

Muchas camisas de leñador triste ayer en la sala Villanos para ver a tres de los músicos más divertidos y animados que han pisado nuestro país en los últimos años. Tantas veces que David Tattersall, el cantante y guitarrista con cara de niño que ha roto mil platos, no recuerda ni cuántas ni cuál fue la primera. Mientras el público va entrando poco a poco, nada de parafernalias ni salidas triunfales del camerino. The Wave Pictures espera tranquilamente sobre el escenario, como si estuvieran en el salón de su casa, con los instrumentos colgados y tocando una nota deslavazada por aquí y otra por allá, haciendo tiempo para que lleguen los invitados.

“Nos encanta Madrid, en serio. Es uno de nuestros lugares favoritos del mundo. Ya sé que parece que digo esto cada noche, pero os prometo que no es así. Siempre nos ha gustado mucho tocar aquí, de verdad, así que gracias”, comentaba Tattersall a mitad del concierto. No es difícil creerle, aunque solo sea por las veces que han actuado en la capital desde que publicaron su debut hace un cuarto de siglo. Echando la vista atrás, uno recuerda encuentros en Nasti, El Sol, Joy Eslava, Neu! Club, Zero y Siroco. En esta última sala grabaron “Madrid”, un disco en directo junto al líder de Hefner, Darren Hayman, en 2009. En otras han tocado más de una vez y en varias, incluso, han doblado sesiones en el mismo día.

Son incombustibles estos tres amigos inseparables de la infancia en Wymeswold, un pequeño pueblo de apenas mil habitantes perdido en el centro de Gran Bretaña, cuyos orígenes rurales lucen con orgullo. La energía que se gastan está muy presente desde la primera canción, “Sugar”, aunque suene cuando apenas hay cincuenta personas en la sala. Da igual, Franic Rozycki, el bajista, levanta los puños sonriendo como si hubiera marcado el primer gol de la noche o como si se supiera ya con el partido ganado, aunque apenas haya todavía quien lo escuche allá abajo.

David Tattersall, líder sin pretensiones. Foto: Sergio Morales
David Tattersall, líder sin pretensiones. Foto: Sergio Morales

La noche crecerá poco a poco, cual remontada de Champions. Suena el punteo de una de las nuevas, “Alice”, más cerca de Neil Young que de cualquiera de los ídolos que suelen homenajear en sus directos, como Grateful Dead, Jonathan Richman o Creedence Clearwater Revival. El público se calienta. Se arrancan después con “Pool Hall” y el local, ahora medio lleno, ya está en el bolsillo. Estos The Wave Pictures de pico y pala se han convertido con los años en algo así como los reyes foráneos de nuestros garitos pequeños, y eso que anoche era el más grande que han conquistado en Madrid hasta ahora.

Han venido a España para dar diez conciertos en diez días y presentar su último trabajo, “Gained / Lost” (2026), con su portada copiada casi al milímetro del “Exile On Main St.” (1972) de The Rolling Stones. Tras Valladolid, Palma de Mallorca, Zaragoza, Valencia y Madrid, el trío actúa hoy en Barcelona y sigue mañana su camino hacia Bilbao, Santander, Logroño y San Sebastián.

Parecía que la sala Villanos se les iba a quedar grande, pero a los cuarenta minutos ya no cabía ni un alfiler. “¡Qué grandes sois!”, se escucha gritar desde el fondo, justo en el momento en el que llega uno de los momentos más bonitos de la noche, con “Faded Wave Pictures T-Shirt”, otra de las nuevas, y sobre todo “Sleepy Eyes”. Jonny Helm se levanta de la batería y se acerca al micrófono para cantar mientras Tattersall y Franic se responden una y otra vez con varios solos sutiles y emocionantes de guitarra y bajo. Al cabo de un rato, tienen que avisar con un gesto a su compañero para que vuelva al micrófono y se reenganche para entonar con todo el público eso de “¡Me gustas más que nadie!”.

Jonny Helm, el batería, y Franic Rozycki, el bajista. Foto: Sergio Morales
Jonny Helm, el batería, y Franic Rozycki, el bajista. Foto: Sergio Morales

“El batería canta mejor que el cantante”, susurra una seguidora cuando la actuación se precipita hacia el final y ya todo el mundo baila. Primero con “Worry Anymore” y, después, con “Sparklers”, dos de las baladas de su último álbum. En esta última, Helm vuelve a ocuparse del micrófono hasta que se aparta a una esquina del escenario, con los ojos cerrados y una cerveza en la mano, para disfrutar de la música de sus compañeros como si fuera el último cliente del pub cerca de la hora del cierre y suena su canción favorita en el máquina de los discos.

Tattersall ejecuta los punteos con tal desparpajo que parece que le salen sin que lo pretendiera, como si no quisiera complicarse la vida, pero con total precisión. Marc Riley, el prestigioso locutor y crítico musical de la BBC, lo definió como “el guitarrista más grande de su generación”, y uno, en el subidón de la noche, cuando cierran con “Stay Here And Take Care Of The Chickens” y toda la sala bota al ritmo de la música, puede llegar a creérselo. Suponemos que a él todo eso le importa poco, a juzgar por su reciente entrevista en Rockdelux, en la que reconoció estar fuera del mundo, sin WhatsApp y sin haber entrado jamás en Facebook, Twitter, Instagram o TikTok. “Todo ese rollo es la muerte de la civilización”, asegura.

Y eso es todo. Ahora toca descansar, si es que lo hacen alguna vez. Les quedan todavía cinco conciertos entre nosotros. ∎

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