Cisne místico. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)
Cisne místico. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)

Concierto

Y Rosalía se hizo carne

Anoche en Lyon se puso en marcha la gira de presentación de “LUX”, que durante este año llevará a Rosalía por medio mundo, para completar casi 60 conciertos repartidos por 17 países. La cantante y compositora catalana centró el tiro en las canciones de sus dos últimos álbumes y conectó con su público desde el principio, desplegando una puesta en escena acorde al contenido de su laureado cuarto trabajo. La gira llegará a España muy pronto: los días 30 de marzo y 1, 3 y 4 de abril será el turno de Madrid, mientras que en Barcelona también ofrecerá cuatro conciertos, los días 13, 15, 16 y 17 de abril.

Ni ángel ni demonio, Rosalía es todas las cosas a la vez y tan divina como terrenal. Así apareció este lunes en su puesta en escena de largo del primer concierto del apabullante “LUX” (2025) en el LDLC Arena de Lyon, un recinto bajo techo para 16.000 mortales. Era como un ensayo general para su gira mundial que no parará hasta el 3 de septiembre en San Juan de Puerto Rico, pasando por Madrid y Barcelona entre finales de marzo y principios de abril. Un espectáculo para su cuarto álbum que se convierte en teatro musical, operístico, coreográfico y maximalista en cuatro actos y un intermedio, cuando desciende entre el público para acercarse hasta la británica Heritage Orchestra dispuesta en forma de cruz. El resultado está a la altura de la ambición, contrastando con la minimalista y futurista gira anterior de “Motomami” (2022). De esta manera y arropada por una docena de bailarines, la catalana se dispone a sobrevolar el firmamento sin miedo al abismo.

Poco antes de las nueve de la noche, la Heritage Orchestra daba la apertura del show con tonalidad sinfónica, mientras desde el escenario una puerta en forma de cuadro en blanco con dos pantallas laterales se abría para descubrir el atrezo de la función bajo unas sábanas donde se escondía una gran caja. Efectivamente, abierta por los cuatro costados, de allí salía Rosalía para interpretar “Sexo, violencia y llantas”, tal como arranca “LUX”, en una partitura que hacía pensar que recorreríamos más o menos los mismos pasos místicos del disco. Vestida de ballet clásico, con tutú y zapatillas de punta, se trataba de la presentación celestial de la cantante que entonaba este primer tema con la emoción de un mundo en ascuas.

Llegaba a continuación “Reliquia”, sobre lo que ha ganado y perdido la artista durante sus 33 años de vida, y durante la cual se destapaba la escalera con un piano situado más arriba, que debía subir y bajar durante toda la actuación. En la parte superior de la escena, el público francés podía leer en su idioma las letras de la canciones y en el lado opuesto del pabellón otro letrero luminoso pasaba los textos originales en las trece lenguas del disco. Además, una cámara en trávelin desde el foso recorría sus movimientos para proyectarlos en las dos grandes pantallas, ayudada en la realización de cámaras subjetivas más cercanas y de objetivos cenitales, para recrear una película dentro del mismo concierto.

Teatro del bueno. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)
Teatro del bueno. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)

Con “Porcelana”, la fragilidad de este primer acto contaba ya con el elenco al completo de los seis bailarines y las seis bailarinas creando coreografías que han sido concebidas por el trío marsellés (LA)HORDE, avezado ya en directos electrónicos. Habiendo alterado ligeramente el orden del disco, seguía “Divinize”, relato apócrifo de santas, donde las telas que cubrían el atrezo se convertían en velo sobre las cabezas de los protagonistas. Y aquí entraba “Mio Cristo piange diamanti”, en la que Rosalía hace una demostración portentosa de sus dotes de soprano en un aria a medio camino de una pietà y Maria Callas.

Momento para el primer saludo en francés al público lionés, en una serie de intervenciones que acababan, eso sí, en inglés o español. Y episodio cómico tras los bastidores, retransmitido en pantalla grande, de unos bailarines que imitaban las dotes líricas de su madona para sacarle hierro al debate sobre ópera y ballet. Porque estaba a punto de despegar el segundo acto con la explosiva “Berghain”, ya adelantada en directo en la gala de los BRIT Awards el pasado febrero. Esta vez sin la presencia de Björk, en un concierto en el que hasta ese momento no hubo ningún invitado, pero con la intensidad de la mezcla de DJ Conrad Taylor y la voz enlatada de Yves Tumor, así como los coros, al final. En esta parte del concierto, Rosalía cambiaba su vestido blanco inmaculado por uno negro con cuernos de Lúcifer: actitud desafiante como la mujer de las mil caras y ambiente de rave. Iba tocada, además, con una peluca a lo Maria Antonieta, en uno de los numerosos guiños locales y cinematográficos de la noche.

Porque aquí se abría una brecha para introducir el primero de los cinco temas de “Motomami” que sonarían durante la noche, empezando con esa declaración de principios que es “SAOKO” y su “yo me transformo”. No solo el público del foso, sino todo el de las gradas se levantaba por primera vez para bailar con este ritmo frenético. La secuencia se encadenaba con “LA FAMA” más “LA COMBI VERSACE”, con la artista y sus bailarines subiendo y bajando por las escaleras de la gloria.

Ella se transforma. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)
Ella se transforma. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)

“De madrugá”, ya de vuelta a “LUX”, daba un poco de reposo para propiciar otro cambio de registro. Mientras nuestra diva acudía al guardarropa, se vivía un solo de cajón flamenco, percusión y palmas desde la orquesta. Y en su retorno para el tercer acto, Rosalía combinaba vestido blanco con cinturón negro. Preparada para entonar “El redentor”, tema de su primer álbum de jondo heterodoxo “Los Ángeles” (2017). No escucharíamos, sin embargo, ninguna canción de “El mal querer” (2018), su segundo álbum, en toda la velada. Al menos, así fue en este estreno.

Desde lo alto del podio, Rosalía se lanzaba a una versión del “Can’t Take My Eyes Off You”, de Frankie Valli, para convertirse en la diosa de la disco. Y lo hacía enmarcada en un cuadro que parecía un cruce entre “La Gioconda” y una estrella de Hollywood de los años cuarenta. No en vano, hacía subir al escenario a un grupo de asistentes para que la fotografiaran con sus móviles.

Era la ocasión, justo después, para una escena a lo Almodóvar en una conversación de confesionario con pantallas interpuestas entre la cantante y un miembro del equipo sobre una cuestión de infidelidades. Prólogo perfecto para esa “pequeña venganza” (Rosalía dixit) que es “La perla”. Ahí la artista se descubría el torso en su instante más erótico, con un juego de mimos y los bailarines de negro rodeando en espiral con su manos blancas a la diva. Esto daba paso a un brindis con el pianista mallorquín Llorenç Barceló para interpretar “Sauvignon blanc”, mientras llovía purpurina, dando paso a otra preciosidad envenenada como es “La yugular”.

Flamenca y universal. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)
Flamenca y universal. Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)

En otro entreacto, bailarines y bailarinas en las bambalinas rompían a llorar para, precisamente, quitarle solemnidad a la situación, porque Rosalía se estaba preparando para bajar al foso con un gran sombrero y aires camp en blanco y negro, mientras se abría paso entre los aficionados y accedía a la cruz de la orquesta en medio de la pista. Lo hacía cantando “Dios es un stalker” hasta erigirse por encima de la orquesta. “Lyon, je t’aime”, pronunciaba al final ante un grupo de asistentes iluminados por los focos.

Y desde allí se arrancaba con “La rumba del perdón”, que acabaría levantando de nuevo a todo el público al enlazar con “CUUUUuuuuuute” y un mix con aires de samba donde suenan los Eurythmics. Del techo se descolgaba un botafumeiro y la fiesta eclesiástica seguía con “LA NOCHE DE ANOCHE”, “BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ”, mientras la artista volvía al escenario y se ponía a perrear junto a unos bailarines con alas de ángel para enfilar el cuarto acto. El segundo y el tercer tema de esta tanda pertenecen a “Motomami”, pero el primero no deja de ser una colaboración con Bad Bunny, como si Rosalía lo estuviera invitando el último día de la gira en San Juan a acompañarla desde el banco en que lo interpreta.

En la recta final llegaron dos de las canciones de “LUX” que solo pueden escucharse si se compra el disco en formato físico, porque no están en las plataformas de streaming. Se trata de “Novia robot”, que pese a su sátira quizá fue el momento menos conseguido de la noche, y “Focu’ ranni”, ese aproximación al dialecto siciliano. Ocasión para que Rosalía subiera de nuevo al podio y, desde allí, se dejara caer hacia atrás con los brazos extendidos hasta desaparecer.

Ovación de las 16.000 gargantas para un regreso con solo un bis, aunque tan simbólico como “Magnolias”; el cierre de su álbum, un epitafio para cuando ya no esté en este mundo en el que Rosalía parecía soltar alguna lágrima después de un combate de casi dos horas que va a continuar durante los próximos seis meses. ∎

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