El término inglés
ricochet se traduce como el rebote o salto de un proyectil al chocar con una superficie y cambiar de dirección. Lo cierto es que mucho puede cambiar la vida y la forma de ver el mundo de una persona joven en cinco años, los que ha tardado Lindsay Jordan,
Snail Mail en el ámbito artístico, en volver a publicar un LP después de su último álbum en larga duración,
“Valentine” (2021). Durante ese lapso de tiempo, la cantante y compositora de Maryland hizo su debut como actriz en la película “Vi el brillo del televisor” (Jane Schoenbrun, 2024), aunque quizá lo más llamativo e impactante en su carrera haya sido la extracción de un pólipo vocal en 2021, que la obligó a tener que volver a aprender a hablar y cantar.
En
“Ricochet” –que ha sido producido por Aron Kobayashi-Ritch, quien tiene en su haber trabajos de Momma, Hotline TNT o Squirrel Flower– es evidente que existe una transformación que va más allá del evidente cambio en su voz y las limitaciones que este nuevo timbre le impone. Dicho esto, Snail Mail se ha mantenido en la misma línea de sonido lo-fi que marcó su debut,
“Lush” (2018). Este nuevo disco mantiene esa gran presencia de las guitarras en su sonido, aunque con referencias más maduras, cercanas al dream pop de los noventa, con apuntes de emo, grunge y shoegaze que recuerdan a grupos como The Sundays –la portada quizá sea un guiño a “Reading, Writing And Arithmetic” (1990)–, Smashing Pumpkins o Rilo Kiley.
En cuanto a las letras, en las canciones de Snail Mail siempre se ha apreciado un estilo que recuerda al de un diario; pienso en la de “Heat Wave”, incluida en el primer álbum, en la que describe lo que es despertarse en verano sin nada que hacer, pensando en otra persona. Si en “Lush” desplegaba la angustia adolescente de los primeros amores, en “Valentine” sus textos se transformaban con una mirada más consciente del entorno, marcada por su paso por rehabilitación y por las presiones de crecer bajo una fama precoz a los 18 años. Ambos álbumes son, al final, relatos de un crecimiento personal que capturan las tensiones de madurar en la era de internet y enfrentarse a esas primeras rupturas románticas. Aunque también una parte esencial de “Valentine” radicaba en observar la mirada ajena y cómo esta impacta en el desarrollo de la identidad.
En “Ricochet”, Snail Mail se pregunta qué sentido tiene esa angustia que sentimos a la hora de compararnos con las demás y cómo podemos aceptar la derrota en la búsqueda de algo que nos dé sentido como personas en el mundo. Por ejemplo, en la canción que da nombre al disco –
“If there's nothing after / We can do whatever we want”– o en
“Nowhere”:
“I’m going nowhere / you’ll never catch me”.
Con el impacto final de un golpe en el estómago, las canciones de “Ricochet” se parecen a esas que suenan al final de las comedias románticas de los noventa: te dejan con un sabor amargo en la boca, evidenciando la sensación que conlleva enfrentarse a los cambios en la vida y el impacto que pueden tener las personas de tu entorno. La idea de todo el álbum se resume en el single principal del mismo,
“Dead End”:
“Couldn’t ever be the same / To be loved is to be changed”. ∎