“Ahora vienen los sentimientos de culpa y otro tipo de perdones. No sé, es como que se han juntado muchas cosas después del estreno del documental”, comenta Yerai Cortés (Alicante, 1995) poco después de comenzar la entrevista. Aquella película –“La guitarra flamenca de Yerai Cortés” (2024)– centrada en los secretos familiares y en los pecados personales de este guitarrista, cuyas canciones se escuchan a lo largo del metraje, supuso el debut como cineasta de Antón Álvarez –en una faceta distinta a la musical de C. Tangana– y la proyección de nuestro protagonista más allá del flamenco, sobre todo, con el Goya a la mejor canción original que se llevó por “LOS ALMENDROS”.
Yerai llegó a Madrid con solo 17 años para vivir con su pareja, La Tania, Tania García, ocho años mayor que él, pero reconoce que todo se aceleró cuando en 2021 llamó la atención de los aficionados al ser incluido en la formación de la bailaora Rocío Molina para su espectáculo “Al fondo riela”, la segunda parte de su trilogía dedicada a la guitarra. Tenía entonces 25 años y recibió numerosos elogios de la crítica especializada por su dominio del compás y, sobre todo, por su frescura, espontaneidad y desparpajo. C. Tangana se quedó prendado de él en una de esas fiestas interminables en casa del productor Javier Limón, donde se lo encontró improvisando junto a la cantaora Montse Cortés.
Aquella jarana y otra posterior que acabó por la mañana después de que Álvarez fuera a verle tocar al Cardamomo, el tablao de Madrid en el que trabajaba entonces, cambió su vida para siempre. C. Tangana quedó tan impresionado por su forma de tocar que lo convirtió en su “músico favorito” y lo incluyó como guitarrista principal en la gira de “El Madrileño”. Después llegó el documental, en el que ya exponía algunas de las batallas artísticas y personales que ha tenido que librar al vivir en un mundo a medio camino entre la tradición gitana y la modernidad.
Así lo explicaba él mismo en la película: “Siento que tengo dos vidas y siempre he lidiado con ese problema de identidad. En la música, en mi casa, en la familia y en el amor. Muchas veces me pasa que, cuando trabajo con los modernos, me llega un mensaje del otro lado que me dice: ‘Primo, ¿por qué haces eso tan raro con lo bien que tocas? No me gusta’. Y cuando vuelvo a Alicante, siento que entro en un país diferente y que hablo y toco distinto, porque sé lo que le gusta a un gitano. Eso lo tengo. ¿Qué busco entonces? Lo que no tengo. Pero cuando vuelvo a casa, quiero que me reconozcan como soy. Y si un día vengo vestido como un samurái, que sepan que sigo siendo el mismo. Y si vengo con una cadena de oro y vestido como mi familia, que sepan que sigo siendo el mismo”.
Este documental supuso su descubrimiento para el gran público y su consagración al mismo tiempo. En noviembre, de hecho, llenó el Teatro Real de Madrid y el Palau de la Música de Barcelona con la presentación de “Guitarra coral”, el espectáculo en el que se basa su último disco: “POPULAR” (Sony, 2026). Un trabajo que ha compuesto para pedir perdón y sanar las heridas que provocó su ruptura y reconciliación, con una infidelidad de por medio que la misma pareja expuso en el filme. Y es también una respuesta al álbum que La Tania publicó hace un año, “AMORÍOS. LA VERDAD DE MI COPLILLA” (Sony, 2025), en una especie de correspondencia cruzada vestida de canciones.
Veamos un ejemplo. En “MONIGOTE”, el primer tema de su disco, ella se zambulle en la copla, el flamenco y el pop, con la colaboración de Yerai y reproches como “parece que mi autoestima por tu culpa se haya muerto” y “te conocí siendo un don nadie, sin tener pena ni gloria”. A lo que él responde ahora con disculpas convertidas en canciones como “NI EN LOS CAFÉS PARISINOS” (“no te puedo convencer diciéndote una y otra vez que quiero morir contigo”), “ROTO X TI” (“y arrepentido estoy pa’ toa’ la vida de haberle hecho daño a quien quería”) y “PIOPIOO” (“Dios mío, Jesusito. Tú que la conoces bien, dile que no soy el mismo de ayer; dile que soy un hombre nuevo de la cabeza a los pies”).
¿El disco tiene que ver con lo que has tenido que lidiar después de que se estrenase el documental y la exposición que ha supuesto para ti?
Sí, eso es justo lo que me ha empujado a escribir estas canciones e incluso a cantar algunas letrillas y no solo tocar, como suelo hacer. He descubierto un camino que nunca había recorrido, algo en lo que influyó el hecho de que me jodiera la mano justo después de la película. Me rompí un tendón después de que una copa de vino se hiciera añicos sobre mi mano y no pude tocar la guitarra durante seis meses. Fue precisamente durante la recuperación cuando empecé a escribir las canciones. Tiré hacia adelante sin poder tocar la guitarra. Por eso no hay punteos y abrí ese nuevo camino de las letras, el cante y hasta tocar un poco el piano para poder contar toda la resaca después del documental, que está muy centrada en mi relación amorosa.
¿Puedes explicar esa resaca?
Este disco es un ejercicio de amor en el que interviene todo lo que sucedió en mi cabeza y que tiene que ver con esta nueva etapa en la que estoy más expuesto. Por eso me gustaba el título de “POPULAR”, porque abarcaba todo lo que me estaba pasando: la música que me gusta y el hecho de hacerme un poquito más popular dentro de la música, la industria y para la gente.
¿No barajaste otros títulos? ¿Siempre tuviste claro que se llamaría “POPULAR”?
Sí, siempre quise hacer algo con ese título. Me llaman mucho la atención los textos populares y toda esa idea de entregarlos al pueblo para que los cante. De hecho, las chicas que participaban en mi espectáculo de “Guitarra coral” y en el disco no son cantaoras, son bailaoras profesionales que entonan un poco. Todas juntas no suenan a un coro profesional, sino al pueblo. Y aunque el álbum se ha estilizado un poco en la mezcla, no está muy limpio. He intentado no limpiar las cosas que sucedían en el directo, aunque se pudieran haber mejorado. He preferido que formen parte de la obra, como algunas partes en las que algún compás se acelera o retrasa un poquito. Quería que todo fuera muy orgánico, como ocurre cuando la gente se junta a cantar unida en una plaza sin ser profesionales.
¿Has conseguido cerrar todas las heridas de las que hablabas en el documental?
¡Sí, sí! Aunque se cierran unas y se abren otras. Así estamos todos continuamente.
¿Qué heridas se han abierto?
Los sentimientos de culpa y otros perdones. Se han juntado otras cosas, pero lo bonito es que el disco acaba con la rumba “ROTO X TI”, una especie de fiesta melancólica, un perdón… Para mí es el mejor perdón que he pedido nunca. El más honesto y sincero, siendo consciente de que quería pedirlo de verdad y, también, perdonarme a mí mismo. En realidad, es lo que resume todo lo que escuchas antes (la letra dice: “Aunque parezca que no me duele tanto / eso no quita que tenga el corazón roto por ti. / El de arriba a mí me dio estas manos para tocar / y yo toqué, toqué y toqué a quien no debía / y arrepentido estoy para toda la vida”).
Aunque se intuye, no dices explícitamente a quién le pides perdón.
Es que me apetece que sea menos explícito para mantener un poco la poesía. Me parece más sexi dejar esa incógnita sin desvelar.
¿Qué es lo que menos te gusta de todo lo que ha cambiado en tu vida desde que se estrenó el documental?
Que tengo menos tiempo para bajar a Alicante y ver a mi familia y a mis amigos. Tengo muchas cosas que hacer en Madrid. Siempre estoy muy liado y no puedo ver a mis seres queridos.
¿Qué palos del flamenco te parecieron los más adecuados para reconstruir cada herida?
Escojo un palo u otro dependiendo no solo de lo que quiero contar, sino también del estado de ánimo que me provoca. Si estoy más jodido, por ejemplo, me voy a una seguiriya o a algo más profundo. Si es una canción de amor bonita con la que me siento bien, hago una colombiana o unas alegrías. El tema con el que más orgulloso estoy en este sentido es “REBELÁ”, una serrana, cuya cadencia es muy coherente con lo que cuento.
¿En quién te has inspirado para escribir las letras?
En los cancioneros populares y en la copla, que tienen cuatro versos. Son los que más me gustan, los que no necesitas ser demasiado listo ni darle muchas vueltas para entender de lo que habla. Es literal a saco, haciendo rimas con palabras muy cotidianas. Mis fuentes siempre han sido el Jero (compositor de Los Chichos, fallecido en 1995), Parrita o Manuel Molina, que con solo tres versos te contaba un historión.
Has dicho que el mayor regalo que te has llevado del documental es que ahora te escuchan flamencos, payos, gitanos y modernos. ¿Buscabas también ese objetivo de manera consciente cuando componías “POPULAR”?
No pienso en qué tipo de público quiero que me escuche, pero en ocasiones tengo en mente a alguien. Por ejemplo, si compongo algo que se acerca más al concepto de canción y menos al flamenco, me pregunto si Remedios Amaya me daría su aprobación o dónde soltaría ella el “¡olé!”. Es una herramienta que uso para seguir buscando. A pesar de eso, por supuesto que me gusta cuando me entero de que un tema de flamenco ortodoxo que he hecho le gusta más a un moderno que a un aficionado de los puristas, pero no lo busco conscientemente.
¿Y tampoco piensas de antemano si lo que quieres hacer es más o menos tradicional?
No, porque siento que todo lo que hago es tradicional, aunque a alguien le pueda parecer un poco más moderno por la producción. Creo que la ropa con que vistes una canción no dice mucho de lo que es. Si la base es una serrana y un indio reconoce que es una serrana, ya está bien, aunque luego le añadas fuegos artificiales. De hecho, a mí siempre me gusta descontextualizar mi música y llevarla a otro lugar, pero la base es tradicional. No puedo decir que mi música no sea tradicional… ¡Y me encantaría hacer techno, pero no me sale!
Más allá de que conozcas y seas amigo de artistas como Rocío Márquez, Niño de Elche o la bailaora Rocío Molina, ¿te sientes dentro de alguna especie de escena que ha acercado el flamenco a otro público?
Si ves un espectáculo del Niño de Elche y uno mío, no sé si estamos realmente cerca. Yo he tocado con él y he visto hasta dónde lleva su movida experimental, lo contemporáneo que es, y yo creo que no llego a eso. Aunque puede que todos tengamos un espíritu parecido a la hora de hacer las cosas que nos apetece sin prejuicios ni miedos.
¿Qué te ha apetecido meter en “POPULAR” que nos pueda sorprender por lo inusual?
En realidad, no he metido muchas cosas raras. En “PA NÁ”, por ejemplo, todas las percusiones están hechas con una guitarra y su funda y una mesa de madera. Es como intentar cosas muy orgánicas hacia una estética más moderna, pero tampoco es muy extraño. Quizá lo más raro haya sido tocar encima de un montón de tenedores porque quería que la guitarra sonara estridente.
La idea de que “La guitarra flamenca de Yerai Cortés” tuviera una parte audiovisual con mucho peso y cercana al cine fue tuya antes de conocer a Antón y de que él lo convirtiera en un documental. De hecho, primero fuiste a enseñarle la música a Benito Zambrano. Con esto quiero decir que siempre se habla de C. Tangana como tu padrino, pero el disco y la parte audiovisual habría salido aunque no lo hubieras conocido.
Así es, pero no me importa que digan que Pucho (así llaman a C. Tangana sus amigos) es mi padrino, porque lo cierto es que me ha ayudado mucho. Toda la gente ajena al flamenco que me conoce ahora es porque hice la película con él y porque ha ido pregonando que toco bien. Es decir, que pueden llamarle mi padrino y me siento superorgulloso de que lo hagan. Es cierto que con el otro disco yo tenía claro que esa parte audiovisual no fuera un simple videoclip, quería que se pareciese más a una película, pero entre mi idea y lo que hicimos hay mucho trabajo de Pucho detrás, evidentemente.
¿En “POPULAR” no ha participado en nada?
No, en este disco no ha intervenido. Desde el primer momento tuve claro que aquí no había espacio para nadie más. Lo pensé como un trabajo muy personal, sin colaboraciones. Era algo que tenía que hacer yo solo, de forma muy íntima.
¿Qué ha opinado tu padre del nuevo disco?
Hace un par de meses le mandé un par de temas por el móvil, “NI EN LOS PUERTOS ITALIANOS” y “ROTO X TI”, y le encantaron, pero es que no se aclara mucho con el móvil. Le he intentado mandar el resto mil veces. Le digo: “Papá, tienes que darle a tal botón para reproducirlas y tienes que ponerte los cascos para escucharlo bien”. Pero no se aclara mucho con la tecnología, es demasiado para él. Ahora que tengo el máster, estoy deseando ponérselo en su coche, que es donde él escucha su música y donde me va a dar el visto bueno o no.
¿Y tu madre?
Ella lo escuchó entero antes de publicarlo y le gusta mucho, lo que pasa es que le da mucha pena todo lo que escribo. Es verdad que la música que hago no es excesivamente alegre. Además, en su papel de madre supongo que sufrirá cuando me escucha cantar según qué cosas y pensará: “¡Ay, mi hijo!”. Esto tiene que ver con lo que te contaba antes, que me he esforzado para que todo sea literal y no tener que explicar las letras. Que cuando alguien escuche las canciones sepa perfectamente de qué habla. No quería esconder nada ni utilizar muchas metáforas. He intentado que todo lo que canto yo y el coro sea como si le hablaras a un amigo. Contarlo directamente, sin maquillar mucho el mensaje. Mi madre siempre me dice que para qué escribo cosas tan tristes, así que compuse “LIRILI” para ella y la metí en el disco. Cuando se la pasé, le dije: “Esta ya te gusta, ¿eh?” (risas).
¿Has podido contar ahora, tras el éxito del disco anterior, con el dinero suficiente para hacer todo lo que querías o te ha quedado alguna espinita clavada?
A ver, a uno siempre le apetece alquilar una nave espacial y decir:“Voy a grabar esta bulería ahí al lado de la luna”, pero la verdad es que me he quedado muy a gusto con lo que hemos hecho. Puedo decir que detrás de este proyecto y con toda la pasta que ha habido, se ve la nueva identidad que yo quería mostrar no solo como guitarrista, sino como escritor de letras e instrumentista. Dos facetas que fui descubriendo cuando no tenía una de las manos para poder tocar. Todo lo que he hecho en “POPULAR” era impensable para mí hace dos años. ∎