El Muro de Ramones.
El Muro de Ramones.

Centro de Gravedad

“Ramones”, medio siglo del big punk

Grabado en cuatro días y tocado como si no hubiera mañana, “Ramones” –el estreno homónimo del grupo neoyorquino– condensa pop, ruido y urgencia en un álbum que medio siglo después sigue siendo referencial y es tratado de manera reverencial. Hoy se cumplen 50 años de la publicación del disco que convirtió a cuatro inadaptados de Queens en el epicentro de una revolución musical.

“Eran auténticos”, decía Iggy Pop. “Verlos era como contemplar la esencia del rock reducida a su forma más cruda y primitiva. Eran una bocanada de aire fresco en medio de tanto rock falso y recargado de la época”. Puede que Spider-Man, que vive con su tía May Parker en Ingram Street, sea el vecino más popular de Forest Hills, pero no es el único hijo ilustre de este barrio ubicado en el corazón del distrito de Queens de Nueva York. De Forest Hills son Burt Bacharach, Dave Rubinstein de Reagan Youth, Paul Simon y Art Garfunkel. Y también Ramones, una de las bandas más influyentes de todos los tiempos. Hoy se cumplen 50 años de la publicación de “Ramones” (Sire, 1976), su álbum de debut, piedra angular del punk. Esta es su historia. Hey! Ho! Let’s Go!

Nuestros amigos, nuestra inspiración

“Los Ramones tenían una energía que nadie más podía igualar”, decía Debbie Harry, la voz de Blondie. “Eran divertidos, intrépidos y siempre se mantuvieron fieles a quienes eran. Eran nuestros amigos y nuestra inspiración”. El 29 de octubre de 1975, el 38º presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford, ofreció un discurso en el que negó ayuda federal para salvar la ciudad de Nueva York de la bancarrota. El titular de portada a seis columnas de ‘The Daily News’ de la mañana siguiente fue “Ford a la ciudad: muérete”. Era una cabecera sensacionalista, porque Ford nunca deseó tan taxativamente, ni con esas palabras, la muerte de una ciudad que, eso sí, en aquellos años setenta era Gotham. Gris, caótica y peligrosa, Nueva York era las malas calles de Martin Scorsese. Pero también, o por ello, una urbe excitante. La de la incipiente escena punk del CBGB con Ramones al frente y, con ellos, Television, Patti Smith, Blondie, Talking Heads: quién pudiera haber entrado una noche cualquiera de 1975 en el 315 de la calle Bowery, en el Lower East Side de Manhattan.

Actuando en el CBGB de Nueva York en 1976. Foto: Roberta Bayley (Getty Images)
Actuando en el CBGB de Nueva York en 1976. Foto: Roberta Bayley (Getty Images)

Una inyección de adrenalina

“Los Ramones fueron absolutamente esenciales para nosotros”, decía Joe Strummer (1952-2002), el líder, cantante y guitarrista de The Clash. “Verlos en directo era como recibir una inyección de adrenalina. Nos mostraron que el punk podía ser rápido, brutal y divertido al mismo tiempo”. El guitarrista John Cummings (Johnny Ramone; 1948-2004) y el batería Thomas Erdelyi (Tommy Ramone; 1949-2014) ya se conocían de sus años en Tangerine Puppets, la banda garagera que formaron en el instituto. Luego apareció Douglas Colvin (Dee Dee Ramone; 1951-2002), el hijo de un militar yanqui destacado en Alemania que de retorno a Nueva York instaló a su familia en Forest Hills. Colvin era amigo de Jeff Hyman (Joey Ramone; 1951-2001), un tipo espigado, algo raruno pero extremadamente bonachón, que cantaba en un grupo de glam rock llamado Sniper.

Colvin sería el cantante y guitarrista, Cummings también tocaría la guitarra y Hyman se encargaría de la batería. En su primer plan de empresa, Erdelyi no subiría al escenario, sería el mánager y el productor. Del bajo se encargaría Ritchie Stern (Richie Ramone), un colega del barrio al que les unía su pasión por The Stooges y esnifar pegamento. Lo típico cuando montas un grupo: el que no tiene ni puñetera idea que toque el bajo, que solo tiene cuatro cuerdas y ya lo pillará. Pero Stern no lo pilló. Aquello duró dos ensayos. Stern tenía el sentido del ritmo de un elefante epiléptico. En aquel momento lo chutaron, aunque formó parte del grupo entre 1983 y 1987 como batería y grabó los discos “Too Tough To Die” (Sire, 1985), “Animal Boy” (Sire, 1986) y “Halfway To Sanity” (Sire, 1987). Colvin cambió la guitarra por el bajo, pero pronto se dio cuenta de que no podía mantener el ritmo y cantar. Así que Hyman pasó a ser el cantante. Probaron con decenas de baterías, pero siempre acababa sucediendo lo mismo: en tiempos de virgueros al estilo de John Bonham y Keith Moon, el batería de turno llegaba al local y no conectaba con la frecuencia –simple, rápida y ruidosa– de aquellos tres tipos con chupa de cuero, vaqueros raídos y melenas al estilo tazón. En las pruebas, Erdelyi se sentaba tras los parches y mostraba al frustrado aspirante lo que en realidad esperaban. Alguien acabó deduciendo que lo mejor sería que fuera él quien tocase la batería.

Dee Dee Ramone, Tommy Ramone, Joey Ramone y Johnny Ramone, hermanos punk, en 1976. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
Dee Dee Ramone, Tommy Ramone, Joey Ramone y Johnny Ramone, hermanos punk, en 1976. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)

Sin egos, sin tontería

“Los Ramones no se andaban con rodeos”, decía Lemmy Kilmister (1945-2015), alma, voz y trepidante bajo de Motörhead. “Subían al escenario, lo daban todo y se marchaban. Sin egos, sin tonterías: solo rock’n’roll en estado puro”. La primera vez que actuaron en directo fue el 30 de marzo de 1974, en el Performance Studios en el 23 de la calle 20 Este. Para entonces ya se hacían llamar Ramones. El nombre fue idea de Colvin. Fanático de The Beatles, se agenció el seudónimo que Paul McCartney usaba para registrarse de incógnito en los hoteles: Paul Ramon. Así, el bajista dejó de ser para siempre Douglas Colvin para devenir Dee Dee Ramone, y le siguieron sus compinches: Joey, Johnny y Tommy. Los Ramones. Una semana más tarde dieron su primer concierto en el CBGB. A finales de año ya habían ofrecido 74 bolos en la legendaria sala del bajo Manhattan. La media de duración de los conciertos era de 17 minutos. La ceremonia empezaba con Dee Dee bramando aquello de “one, two, three, four…” antes de cada canción, y se ponía en marcha una maquinaria que mezclaba la furia de The Stooges, pero multiplicando por tres la velocidad, y la melodía de ABBA: los Ramones eran fans de ABBA, su sueño era escribir canciones pop pluscuamperfectas como las de los suecos y vender millones de discos como ellos. El espíritu rebelde del rock’n’roll primigenio de Elvis y Little Richard más el Muro de Sonido de Phil Spector.

Todo lo demás parece una mierda

“Es, sin ningún tipo de duda, lo más fantástico que me han puesto nunca”, decía Lou Reed (1942-2013) recordando la primera vez que escuchó a los Ramones. “Todo lo demás parecía una mierda y una cursilería, incluyéndome a mí y a Patti Smith. ¡Esto es rock’n’roll!”. Los Ramones no eran malos. Eran una panda de animales salvajes liberando sus instintos más primarios. Una familia disfuncional echando la mierda a golpe de tres acordes. Nadie podía resistirse a Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy. Tampoco Seymour Stein. A mediados de la década de los sesenta, Stein curraba en el histórico Brill Building de Manhattan, sede de las principales editoriales y equipos de composición pop de la época. Fue ahí donde conoció al productor Richard Gottehrer. Hubo buena sintonía, buena onda. Cada uno sacó 10.000 dólares de donde pudo y pusieron en marcha su discográfica: Sire Records. En sus inicios era una disquera dedicada a la publicación en Estados Unidos de bandas europeas, especialmente británicas, de rock progresivo: Climax Blues Band, Barclay James Harvest, Tomorrow, Matthews Southern Comfort… En aquellos inicios, su mayor éxito fue el single “Hocus Pocus” de los holandeses Focus. Todo cambió la noche en que el jefe de repertorio del sello –Craig Leon, quien sería el coproductor junto a Tommy del disco de debut de los de Queens– recaló en el CBGB y vio en directo a los Ramones. “Joey era muy dulce; las canciones que escribía eran muy tiernas. Dee Dee era Dee Dee. Tommy era el cerebro. Johnny era el Paul McCartney del grupo; era quien mantenía unida a la banda”, recordaba Stein sobre la primera impresión que le causaron los Ramones, en la ceremonia de inauguración de la exposición “Hey! Ho! Let’s Go: Ramones And The Birth Of Punk” que acogió el Museo de Queens en abril de 2016, celebrando el 40º aniversario del lanzamiento de su primer disco. “Antes de ficharlos, les monté un concierto privado para ver si era verdad todo lo que me había dicho Craig Leon. Pero tenía la gripe. Al día siguiente alquilé un local de ensayo durante una hora. En 20 minutos ya habían tocado unas 20 canciones. Me enamoré de ellos”.

Fuego y gasolina: Ramones, en 1976. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
Fuego y gasolina: Ramones, en 1976. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)

Como los Beach Boys, pero sin el mar

“Si no te gustan los Ramones, no te gusta el rock’n’roll”, decía Eddie Vedder, cantante y compositor del grupo Pearl Jam. “Son como The Beach Boys, pero sin el mar”. En febrero de 1976, poco después de firmar con Sire, la banda se encerró cuatro días en los estudios Plaza Sound, un espacio cochambroso situado sobre el Radio City Music Hall que originalmente había sido un estudio de radio. El presupuesto para grabar el primer disco eran unos paupérrimos 6400 pavos. Los tres primeros días fueron para grabar las pistas, dedicando la mayoría del tiempo a las voces de Joey. Johnny, Dee Dee y Tommy se fumaron sus partes con la misma celeridad con que finiquitaban sus actuaciones, rematando la faena con una maratoniana sesión de mezclas de 14 horas. “El mayor problema fue la falta de tiempo”, rememoraba Tommy en una entrevista para la revista británica ‘Mojo’. “Había muy poco margen para el ensayo y error. Además, había muchas incógnitas: el propio estudio, trabajar con un productor que también era jefe de repertorio en el sello o si Sire aprobaría lo que estábamos haciendo. Y, además, los ingenieros de la casa con que trabajábamos no tenían ni idea de qué demonios estábamos haciendo. Pensaban que una panda de matones había entrado en la sala de control. Era realmente extraño lo que les estábamos pidiendo. Todo el mundo estaba un poco nervioso”.

En aquel mismo artículo, Tommy afirmaba que seleccionaron las mejores canciones que habían escrito hasta ese momento, como “I Wanna Be Your Boyfriend” y “Blitzkrieg Bop”. “Aunque también reservamos algunas de nuestras mejores canciones para discos posteriores: teníamos temas como ‘I Don’t Care’ –que acabaría en “Rocket To Russia” (Sire, 1977)–. Las bandas que nos influían eran MC5 y The Stooges, y Joey estaba muy influido por Alice Cooper. Teníamos todas esas influencias, pero no sonábamos como esos grupos. Con el primer disco de los Ramones creamos nuestro propio estilo”.

Sin pedir permiso para existir

“La irrupción de los Ramones fue como ver aterrizar a un ovni”. Lo dice Bono, cantante y compositor de U2. “Fue un grupo que no pidió permiso para existir. Simplemente existieron con sus chaquetas de cuero y sus tres acordes”. “Ramones”, el disco, se publicó el 23 de abril de 1976. La portada fue ilustrada con un retrato de Roberta Bayley, fotógrafa de ‘Punk Magazine’. Es una de las cubiertas más icónicas de todos los tiempos. Tan solo le pagaron 125 dólares por la instantánea. En blanco y negro, apoyados en una pared de ladrillos en un callejón de Nueva York. Mirada desafiante, actitud vacilona mezclada con cierta sensación de inocencia, imagen extra cool. Era el anticipo perfecto, la nota de advertencia de lo que nos encontraríamos en los surcos del vinilo. Catorce temas liquidados en 29 minutos, con una tríada inicial tan apabullante como la conformada por “Blitzkrieg Bop” (con ese particular llamamiento a las armas al grito de “Hey! Ho! Let’s Go!”), “Beat On The Brat” y “Judy Is A Punk”. Era la partida de nacimiento del punk, el principio, espitoso y furibundo, de una nueva era para la historia de la música. Uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. Rockdelux lo escogió en el puesto 49 de los 200 mejores del siglo XX.

La portada de “Ramones” (1976) fue ilustrada con un retrato de Roberta Bayley, fotógrafa de ‘Punk Magazine’.
La portada de “Ramones” (1976) fue ilustrada con un retrato de Roberta Bayley, fotógrafa de ‘Punk Magazine’.

Eternos como la electricidad

“Mientras siga habiendo electricidad, la música de los Ramones seguirá siendo relevante”. Lo decía Henry Rollins, cantante de grupos pioneros del hardcore punk como Black Flag y State Of Alert, después líder de la aplastante Rollins Band. El 9 de junio de 1978, The Rolling Stones publicaron su álbum “Some Girls”. Habituales de la discoteca Studio 54, abrían el trabajo con su particular aproximación a la música disco, “Miss You”. El cierre del mismo es “Shattered”. Escuchad el riff de guitarra que sustenta la canción. Dos acordes destripados, suciamente melódicos, puro Ramones. Sus Majestades Satánicas tampoco pudieron resistirse al influjo de Joey, Johnny, Dee Dee y Marky. Nadie pudo.

Casi todos los que a partir del 23 de abril de 1976 se colgaron una guitarra con la intención de formar un grupo le deben algo a los Ramones. Innegable, lógicamente, su influencia en la primera ola –y en la segunda, y en la tercera, y en la cuarta…– del punk inglés, la de The Clash, Sex Pistols, The Damned, Buzzcocks, Generation X, The Vibrators... Incuestionable en la irrupción del hardcore punk de Dead Kennedys, Black Flag o unos Bad Brains que tomaron su nombre de uno de los temas del tercer disco de los de Queens, “Road To Ruin” (Sire, 1978). Y a partir de aquí, su impronta se expande más allá de lo estrictamente punk. Motörhead –correa de transmisión entre el punk y el metal– inmortalizó su pasión por los Ramones en “R.A.M.O.N.E.S.”. Y estandartes del thrash metal como Metallica, Megadeth, Anthrax o Slayer siempre han situado a los Ramones como parte esencial en la edificación de su sonido. También los puntales del grunge –como Pearl Jam, Soundgarden o Nirvana– y los protagonistas del renacer punk californiano en los noventa: Bad Religion, Green Day, Rancid, The Offspring o NOFX. Eso por no hablar de su importancia en la escena del rock escandinavo, con grupos como The Hives, Backyard Babies, The Hellacopters, Gluecifer o Turbonegro.

Un melting pot de discípulos aventajados –y desaventajados– que quedó plasmado en el álbum de tributo “We’re A Happy Family. A Tribute To Ramones” (Columbia, 2003), cajón de sastre con notas interiores escritas por Stephen King –reconocido fan irredento del cuarteto– en el que encontramos a Red Hot Chili Peppers y Garbage, a U2 y Kiss, a Marilyn Manson y Tom Waits, además de a Pretenders, Green Day o Rancid… Un círculo que se completó a inicios de los dos mil cuando en Nueva York emergió una nueva escena de bandas destinadas a salvar el rock y liderada por unos The Strokes que emanaban esencia ramoniana desde su sonido a los vaqueros raídos que vestían y las Converse Chuck Taylor ajadas que calzaban. En sus inicios, The Strokes versionaron en infinidad de ocasiones temas como “Life’s A Gas” o “It’s Not My Place (In The 9 To 5 World)”.

El álbum de tributo “We’re A Happy Family. A Tribute To Ramones” (2003).
El álbum de tributo “We’re A Happy Family. A Tribute To Ramones” (2003).

El grupo de rock perfecto

“Los Ramones fue el grupo que me inspiró a hacer música”. Lo decía Nacho Canut, una figura ineludible del pop español con credenciales en Kaka de Luxe, Pegamoides, Dinarama, Fangoria, Calígula 2000, Jet 7 o, si nos ceñimos al asunto que nos ocupa en este artículo, Intronautas y Los Vegetales. “A mí en esa época me gustaba mucho Bowie, pero sus influencias eran muy intelectuales, no tenían nada que ver con las mías. Cuando descubrí a los Ramones me di cuenta de que leían los mismos libros y cómics, veían las mismas películas y además me parecían –y me parecen– el grupo de rock perfecto. Lo que no hagan ellos –es decir, las canciones de más de tres minutos, los solos de guitarra, etc.– sobra en el rock”.

Cuando era chiqui estaba convencido, lo estuve durante varios años, de que los Ramones eran españoles. En mi lógica infantil, un grupo que se llamaba Ramones debía ser a la fuerza de Barcelona, Madrid, Zaragoza o Vigo. Más cuando parecían estar eternamente de gira por nuestro país. Aun así, nunca los llegué a ver en directo. Cuando actuaron por primera vez en España, tenía 4 años. Fue en Barcelona, el 19 de septiembre de 1980 en la Festa del Treball del PSUC (en un sorprendente cartel con Mike Oldfield): ¿sabría el republicano Johnny Ramone que estaba tocando en un sarao comunista? Pocos días después, el 26 de septiembre, tocaron en la madrileña plaza de Vistalegre, con Nacha Pop como teloneros. En su última visita, en 1994, ya tenía 18, pero fue en Oviedo y me pillaba lejos. Entremedias, infinidad de bolos memorables en Barcelona y Madrid, pero también en Bilbao, Valencia, San Sebastián, A Coruña, Vigo, Zaragoza, Pamplona… e incluso en plazas tan alejadas del circuito habitual de giras internacionales como Valladolid, Las Palmas de Gran Canaria, Murcia, Melgar de Fernamental o Solsona.

Entrada del debut en España de Ramones: el viernes 19 de septiembre de 1980 en la Festa del Treball del PSUC.
Entrada del debut en España de Ramones: el viernes 19 de septiembre de 1980 en la Festa del Treball del PSUC.

Los Ramones no eran españoles, pero sí lo eran Los Nikis, también conocidos como “Los Ramones de Algete” y abuelos putativos de unos Carolina Durante que, consciente o inconscientemente, también le deben bastante a los Ramones. Los Nikis fue banda militante de una movida madrileña que, de Kaka de Luxe a Ejecutivos Agresivos, pasando por Radio Futura, Alaska y Los Pegamoides, Dinarama, Parálisis Permanente o Aviador Dro estaba influenciada por los de Queens. Lo mismo que sus coetáneos vigueses Siniestro Total, perpetradores de una delirante versión de “Rockaway Beach” rebautizada como “Rock en Samil”.

Ya en la era del indie, aparecieron diversos grupos más ramonianos que los propios Ramones. Fueron F.A.N.T.A., DDT o Airbag, entre otros. Los granadinos P.P.M., en su pasional delirio ramoniano, llegaron a grabar su propia versión de “It’s Alive” (Sire, 1979), el primer álbum en directo de los Ramones. El segundo directo oficial de los neoyorquinos fue “Loco Live” (Chrysalis, 1991), grabado en 1991 en la sala Zeleste de Barcelona, hoy Razzmatazz. Así que puede que sí, que de que pequeño estuviera en lo cierto y que los Ramones fueran españoles.

Ramones, en 1977, cuando publicaron “Leave Home” y “Rocket To Russia”. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
Ramones, en 1977, cuando publicaron “Leave Home” y “Rocket To Russia”. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
“No sabemos tocar, pero si esperas hasta que aprendas, serás demasiado viejo”. Lo decía Johnny Ramone. Los Ramones murieron jóvenes. Visto en perspectiva, fue una trayectoria relativamente breve aunque extraordinariamente productiva. Se separaron en 1996, tras 22 años de carrera, con 14 discos de estudio publicados y un total de 2263 conciertos. Joey Ramone murió el 15 de abril de 2001 a causa de un linfoma. Tan solo tenía 49 años. Dee Dee Ramone falleció el 5 de junio de 2002 a los 50 años, por una sobredosis de heroína. Johnny Ramone nos dejó el 15 de septiembre de 2004 a los 55 años, por culpa de un cáncer de próstata. Y Tommy Ramone se fue al otro barrio el 11 de julio de 2014 a los 62 años, por cáncer de vías biliares. Aun así, “los Ramones son los dueños de la fuente de la juventud”. Lo decía Joey Ramone. ∎

Oriol Rodríguez selecciona esta exclusiva playlist con 20 temas relacionados con “Ramones”.

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