La prensa musical ha dado su veredicto sobre la italiana Marta Del Grandi: no hay veredicto posible. Se observa un consenso sobre el temario onírico en sus discos junto a referencias que mezclan pulcra instrumentación orgánica y texturas electrónicas (Joni Mitchell, St. Vincent, Jane Weaver, Radiohead), pero a la hora de caracterizar su música solo queda recurrir al incluyente “paraguas cinematográfico” o a categorías de por sí amplias para (des)orientar al público. Por ello, los nombres de David Lynch (“su imaginario, no necesariamente tranquilizador, me refleja”) y Ennio Morricone (“me gusta la referencia, pero ahí estamos hablando de otro nivel de poesía”) o etiquetas como la de “avant pop” (“es un género que escucho mucho, pero evito las categorías, porque son limitantes y crean escenas donde realmente no existen”) salen al ruedo. Quizá su historia personal, compuesta de viajes, estadías y diversas experiencias personales, sirva de mapa introductorio a partir del cual encontrar la orientación. Para luego perdernos a nuestro gusto y riesgo, por supuesto.
Educada en el Conservatorio Real de Gante (Bélgica) y con una estadía en Nepal, Marta, desde su actual residencia en Milán, nos cuenta cómo ha creado un lenguaje que bebe de todas esas experiencias: “Los instrumentos que uso para componer música y también mi criterio musical fueron moldeados por mi vida en Bélgica. Lo de Nepal fue algo diferente, ya que me dediqué a la promoción de los artistas que me gustaban para intentar crear una escena. Si bien no hay una influencia directa en lo musical, sí existe a nivel personal y eso se refleja en todo lo que hago”.
Para completar el rompecabezas estilístico, debemos agregar que sus primeras incursiones en el escenario fueron como cantante de estándares de jazz y que, a la par de su carrera solista, aún mantiene una actividad teatral con la ilustradora Cecilia Valagussa en Fossick Project, responsables de espectáculos a medio camino entre el sueño y la vigilia. Sobre su acercamiento inicial dice lo siguiente: “Musicalmente nací como cantante de jazz, con un clásico repertorio americano. El inglés es un idioma muy fluido y también muy musical, por eso no es casualidad que lo utilice, porque se adapta fácilmente a las melodías que creo”. Luego, la experiencia con su compatriota Valagussa también la siente central: “A Cecilia la conozco desde Bélgica, cuando ella estudiaba Arte y yo estaba en el Conservatorio. Encontramos una manera de juntar la música con las ilustraciones que ella hace en historias de naturaleza libre, que no tienen diálogo ni texto”.
No es difícil establecer paralelos en ese teatro de sombras contemporáneo y las canciones que se encuentran en sus tres referencias solistas, “Until We Fossilize” (2021), “Selva” (2023) y el reciente “Dream Life” (2026), todas bajo el alero de la prestigiosa etiqueta londinense Fire Records, casa de Jane Weaver, Kristin Hersh y Sebadoh, entre otros. “El primer disco lo hice prácticamente sola en casa, en la época de la pandemia, pidiéndole a mis amigos que mandasen sus partes grabadas. Además, no tenía contrato discográfico ni dinero para hacerlo en un estudio, así que era el único modo posible. Después del acercamiento de Fire Records he podido grabar los siguientes álbumes como es debido”. En ello fue fundamental el apoyo de músicos de la escena belga y la presencia de su productor estable Bert Vliegen, bajista de los muy recomendables Whispering Sons. Sobre él hay solo palabras de elogio: “Ha sido uno de los encuentros más afortunados de mi carrera, porque es una persona maravillosa e intenta ponerse al servicio de la música”.
Los comentarios sobre “Dream Life” han confirmado los halagos anteriores y avizoran un futuro prometedor para esta música de 38 años. “Equilibrio perfecto entre art pop y experimentación” y “talento en el que depositar una confianza incondicional”, han escrito los críticos italianos. “Solo buenas referencias, solo buenas canciones”, fue el juicio de Juan Manuel Freire en Rockdelux. Frente a esta unánime respuesta y con una gira que la tiene dando vueltas por Italia, Francia, Alemania y España (el 29 de mayo en Barcelona), sus expectativas se alejan del éxito por el éxito, matizando evaluación del medio e impacto a nivel personal. “He sido muy afortunada en poder publicar mi música, trabajando con un equipo preciso y encontrando un público, ya que esta no es una música que se pase en la radio o la televisión, porque no se baila ni sirve para ir de fiesta. Es una música para escuchar, como la que me gusta a mí, la que me llena el corazón”.
Justamente esa búsqueda se observa en los repertorios de sus conciertos, donde combina temas propios con versiones de artistas como el clásico cantautor italiano Fabrizio De André o los siempre recordados Sparklehorse de Mark Linkous. Ambos, más cercanos de lo que uno pensaría en el universo de Marta. “Una canción escrita de manera perfecta, como las de los cantautores de la generación de De André, es para mí una referencia ineludible. Lo mismo podría decir de Sparklehorse. Si bien en ellas hay una búsqueda diferente en el sonido o en el género, igualmente es un tema perfecto en su sentido más clásico”.
¿Cómo se combina entonces el pasado emotivo con los cantautores italianos con el presente cerca de los artistas anglosajones de Fire Records? Quizá la respuesta choca con el mapamundi: “Aunque para mí ha sido difícil hacer música que resuene en el mundo viviendo en el sur de Europa, he tenido esta oportunidad de exportar lo que hago y conocer a músicos como Giant Sand o Graham Reynolds, con quien hice una canción en conjunto. Es cierto que el público espera algo de mí en cuanto que soy italiana, pero esas raíces están más en lo que pienso y cómo lo digo que en mi música directamente”. Aun así, la tradición no se pierde: “Aunque busque experimentar, igualmente sigo vinculada a una estructura clásica y por eso siempre son referentes Lucio Dalla o Fabrizio De André”. Por último, ¿hay otros en quienes ve la misma intención? “En Italia, te recomiendo a Fight Pausa, un productor milanés que ha hecho un disco muy bello, y también a una cantautora nueva llamada Rosita Brucoli que es muy anárquica. Me gusta eso”. ∎