La voz de América. Foto: Óscar Omero
La voz de América. Foto: Óscar Omero

Concierto

Rubén Blades: cuando la salsa era la CNN de los latinos

Con el acompañamiento impecable de la Roberto Delgado Big Band, el mito de la salsa interpretó muchos de sus éxitos, tocó algún tema nuevo y aprovecho para recordar que América no es un país sino un continente de naciones. Así, un día antes de cumplir 78 años, arrancó su última gira española en el Icónica Santalucía Sevilla Fest el cantante, actor y excandidato presidencial panameño. Hoy actúa en el Festival Jazz de Vitoria-Gasteiz y en los próximos días pasará por el Pirineos Sur de Lanuza (19), el ciclo FAR de Valencia (21), el BARTS Festival de Barcelona (23), el festival La Mar de Músicas de Cartagena (25) y el ciclo Noches del Botánico de Madrid (28).

Abrió la noche Silvana Estrada acompañada por su guitarra y su cuatro venezolano, y por un finísimo cuarteto donde había vientos (saxo y clarinete), chelo, teclado y batería. Ya conocida por parte del público español y por los lectores de esta revista, puso el foco en su tercer y último disco, “Vendrán suaves lluvias” (2025), y desgranó un repertorio rico en canciones de pop intimista pero también de momentos más expansivos. Siempre con el protagonismo en sus manierismos vocales, la mexicana de Coatepec, Veracruz, mostró una amplia paleta de sonidos con improntas tan variadas como el son jarocho o el jazz, la cumbia y la música amerindia del Brasil. A veces en la cuerda de Lhasa de Sela, a veces recordando a Milton Nascimento, Estrada dio muestras de sus recursos en una deslumbrante versión de “Clandestino” de Manu Chao con notas dramáticas y marciales. Versátil y alegre, cayó muy bien y cumplió con nota su papel de abrir para el “maestro Rubén Blades”.

Tras una introducción de la big band del panameño Roberto Delgado, Rubén Blades llegó al escenario de la Plaza de España sevillana, se santiguó y, aún con sus gafas negras y la garganta templada, atacó con “Plástico”, clásico del disco “Siembra” (1978) grabado con Willie Colón hace 48 años. Si ya era una manera de meterse al público en el bolsillo, cerró el tema con una llamada, país por país, a toda Iberoamérica: ondearon entonces las banderas, fue un canto a América. Blades agitaba un par de maracas con los colores de Panamá, e iba calentando una voz que sigue en plenitud. “Decisiones” calentó aún más al personal y recordó que una de las maestrías del músico es la capacidad de contar historias con sus canciones. Volver a su repertorio es rencontrarse con un talentoso cronista. ¿No fue la salsa, gracias a él, la CNN de los latinos?

Con la Roberto Delgado Big Band, respaldo infalible. Foto: Óscar Omero
Con la Roberto Delgado Big Band, respaldo infalible. Foto: Óscar Omero
“País portátil” dejó ver una faceta que él jamás ocultó: su vis política. “Esta es una canción de 2001”, recordó, “pero también una descripción de por qué estamos como estamos; igual o peor”. La enlazó con “Emigrantes”, que presentó recordando que él tuvo que emigrar de su Panamá natal en 1974 por motivos políticos y que “los primeros emigrantes ilegales fueron los conquistadores españoles”. La banda de Roberto Delgado cumplió a la perfección la tarea de hacer sonar un repertorio histórico, fuera de cuando fuera la canción: de los tiempos del sello Fania, de sus días con Willie Colón, de la época con Son del Solar o Seis del Solar, con los costarricenses Éditus Ensamble… Plenamente implicados, todos los miembros de la orquesta estuvieron en su lugar, pero cabe destacar la ejecución de José Ramón Guerra con las congas o Carlos Ubarte al saxo soprano.

Siempre presentando las canciones con su año y su historia, ya había avisado de que él habla mucho entre canción y canción, Blades se acordó de Gabriel García Márquez cuando cantó “Ojos de perro azul”, fracaso comercial junto con Seis del Solar, con quienes también grabó “El padre Antonio y el monaguillo Andrés”, canción que le sirvió para recordar la injerencia estadounidense en Centroamérica durante la convulsa década de los ochenta. Como se puede ver, fue un concierto de éxitos, pero también hubo hueco para presentar nuevas canciones grabadas con su compatriota Delgado.

Maestría. Foto: Óscar Omero
Maestría. Foto: Óscar Omero
Blades aprovechó “Amor y control” para hablar de una de sus obsesiones, la genealogía; contó que últimamente ha andado en indagaciones sobre su estirpe y que, por cierto, una familia sin sangre negra no es de fiar: “Yo tengo un 20%”, dijo. Hilando una cosa con otra, viajó con las canciones por su continente –Venezuela, Colombia, siempre Cuba– y dedicó “Todos vuelven” –con un solo espectacular del timbalero Ademir Berrocal– a los maestros ausentes. Entonces desfilaron por la pantalla Ralph Irizarri de Seis del Solar, Johnny Pacheco, La Lupe, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Tito Puente, Celia Cruz… y Héctor Lavoe, que fue muy oportunamente ovacionado porque el tema que vino a continuación era “El cantante”. “La escribí yo y la grabó él”, recordó Blades antes de poner a todos a cantar. Fue el momento más emocionante del concierto. El público –donde se vio a Kiko Veneno o Diego El Ratón de Los Delinqüentes– bailó y mantuvo la sonrisa –también rodó alguna lágrima– en todo momento.

El cierre estaba claro: un “Pedro Navaja” que, por más veces que él la haya cantado y uno la haya escuchado, resulta inagotable. Hubo algo más: el panameño anunció que al día siguiente –hoy jueves, 16 de julio– era su 78 cumpleaños, a lo que el público reaccionó de la única forma posible, invirtiendo los papeles, convirtiéndose por un momento en la parte cantante y dedicándole al maestro, ahora público, el “Cumpleaños feliz”. Blades dio las gracias y, astutamente, se escabulló para irse a dormir antes que nadie. No hubo bises. ∎

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