Blades aprovechó “Amor y control” para hablar de una de sus obsesiones, la genealogía; contó que últimamente ha andado en indagaciones sobre su estirpe y que, por cierto, una familia sin sangre negra no es de fiar:
“Yo tengo un 20%”, dijo. Hilando una cosa con otra, viajó con las canciones por su continente –Venezuela, Colombia, siempre Cuba– y dedicó “Todos vuelven” –con un solo espectacular del timbalero Ademir Berrocal– a los maestros ausentes. Entonces desfilaron por la pantalla Ralph Irizarri de Seis del Solar, Johnny Pacheco, La Lupe, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Tito Puente, Celia Cruz… y Héctor Lavoe, que fue muy oportunamente ovacionado porque el tema que vino a continuación era “El cantante”.
“La escribí yo y la grabó él”, recordó Blades antes de poner a todos a cantar. Fue el momento más emocionante del concierto. El público –donde se vio a Kiko Veneno o Diego El Ratón de Los Delinqüentes– bailó y mantuvo la sonrisa –también rodó alguna lágrima– en todo momento.
El cierre estaba claro: un “Pedro Navaja” que, por más veces que él la haya cantado y uno la haya escuchado, resulta inagotable. Hubo algo más: el panameño anunció que al día siguiente –hoy jueves, 16 de julio– era su 78 cumpleaños, a lo que el público reaccionó de la única forma posible, invirtiendo los papeles, convirtiéndose por un momento en la parte cantante y dedicándole al maestro, ahora público, el “Cumpleaños feliz”. Blades dio las gracias y, astutamente, se escabulló para irse a dormir antes que nadie. No hubo bises. ∎