De entre todas las brillantes reflexiones y conclusiones que comparte el escritor Hanif Kureishi en “A pedazos” –un libro dictado desde camas de hospitales en Roma y Londres, publicado el pasado 25 de junio por Anagrama–, las que dedica al hecho de ofender o ser ofendido son, quizá, las más necesarias para estos tiempos: “Hemos entrado en un período de censura y autocensura. Tanto liberales como conservadores se han puesto muy insistentes con cosas que no deben decirse o escucharse [...]”.
Ser esto o no ser aquello aboca a la sociedad a dividirse, a polarizarse. El contexto de la actualidad musical a veces obliga a tener que construir una opinión; a posicionarse entre la tendencia o inclinarse por los gustos de siempre: desde parquedades hasta placeres culpables. Lo que para algunos es considerado clásico para otros ya se ha convertido en algo antiguo ante ojos y oídos renovados.
Subirse en la ola de la novedad es como vampirizar la juventud siendo una persona de mediana edad: una tendencia rutinaria que hará abrazar lo desconocido –con reservas o con ganas– para tener un tema de conversación o la certeza de que, realmente, existe el presente porque sucede mientras no nos damos cuenta y lo hace más rápido de lo que se es capaz de asimilar.
En esta semana, la responsabilidad de hacer que alguien que está aburrido se divierta o que está dormido se despierte es la motivación principal de una selección de nombres propios que prometen aderezar el último día de este sofocante junio y de las primeras jornadas de un (seguro) pegajoso mes de julio.
Quien sabe, de verdad, como menear el avispero –y también el trasero– es Lizzo. La artista de Detroit acaba de publicar nuevo trabajo: “MY FACE HURTS FROM SMILING”. Este larga duración –que tan solo se extiende 34 minutos– es una mixtape con sabor old school y una contundencia propia de una bola de demolición. Está compuesto por trece canciones en las que dice lo que le da la gana (quizá por eso le duele la cara de reírse) y, además, lo salpica con un repertorio de tacos y la palabra bitch como fetiche. Este es su quinto disco y ha querido tener dos invitadas de lujo, Doja Cat y SZA: otras dos artistas cuyas personalidades creativas cabalgan entre la diversión y la desinhibición. De momento, no hay single de presentación ni un vídeo que sirva como aperitivo. Lizzo va con todo y nos lo ofrece para que lo catemos bajo nuestra propia demanda. Quizá los smiley que aparecen en la portada del LP son una invitación absolutamente amable para hacerlo.