Hay obras de cómic que se reeditan por motivos comerciales y hay obras que se reeditan porque el tiempo les ha dado la razón. Lo que lleva haciendo La Cúpula desde 2024 con el catálogo de los hermanos Hernandez –los dos volúmenes de “Locas”, de Jaime; “Palomar” y “Río Veneno”, de Beto– no es un rescate: es una rectificación colectiva. Una ocasión para plantearse por qué sus universos, tan distintos entre sí como sus creadores, siguen siendo urgentes.
Todo empieza con un fanzine de jóvenes veinteañeros que nadie esperaba, en 1981, en Oxnard, California. Tres de los Hernandez –seis hermanos de una familia de inmigrantes mexicanos que habían crecido con tebeos de “Archie” y la Marvel, discos de punk y la intuición de que algo podía hacerse con ambas cosas a la vez– se autopublican un tebeo que no se parecía a nada de lo que existía en ese momento. Al año siguiente, Fantagraphics, la editorial que publicaba la revista de crítica ‘The Comics Journal’, les ofreció un trato, y ‘Love And Rockets’ –así, sin el signo de la marca registrada: la banda musical Love And Rockets se fundó después, en 1985– empezó a cambiar las reglas del cómic norteamericano antes de que nadie lo procesara del todo.
Jaime “Xaime” Hernandez (Oxnard, California, 1959) es otra cosa. Si Beto mira hacia el sur –hacia el continente iberoamericano, la historia colonial, el realismo mágico como herramienta política–, Xaime mira hacia su presente inmediato: las jóvenes “Locas” (1981-) del barrio chicano (ficticio) de Hoppers en el sur de California, el punk como forma de vida que ya nadie recuerda bien pero que dejó un sedimento emocional imposible de eliminar. Su trazo, menos caricaturesco que el de Beto, es uno de los más depurados del cómic moderno: limpio, preciso, con deudas evidentes con Alex Toth, Hank Ketcham –el autor de “Daniel el travieso” (1951-1994)– y los cómics de romance de los cincuenta y sesenta. Y con la capacidad, rarísima, de dibujar el paso del tiempo en los cuerpos y los rostros de sus personajes sin que lo parezca. Las amantes Maggie y Hopey –otro tema en el que fue pionero en el cómic– envejecen en sus páginas porque Xaime las dibuja en tiempo real: firma y fecha cada historia. “Locas” es también un diario, una forma encubierta de autobiografía generacional.
Los dos proyectos coexistieron durante quince años en las páginas de ‘Love And Rockets’, 50 números entre 1982 y 1996, compartiendo grapas con una indiferencia mutua que era, en realidad, respeto total. Beto hacía “Palomar” (1983-1996), Xaime hacía “Locas”, y Mario Hernandez (Oxnard, California, 1953), el mayor de los Bros, hacía contribuciones más esporádicas hasta abandonar por completo, aunque su papel como impulsor del proyecto no debería olvidarse. Cuando la revista llegó a su fin en 1996 –en parte por el agotamiento del formato, en parte simplemente porque había dicho lo que tenía que decir–, los dos hermanos continuaron sus universos por separado. Volvieron a reunirlos en ‘Love And Rockets’ volumen II entre 2001 y 2007, y han seguido haciéndolo desde entonces. La actual etapa, el volumen IV (2016-), ha recuperado el formato de magazine original.
En España, la editorial La Cúpula, la misma casa que publicó ‘El Víbora’ y que traduciría los primeros materiales de Beto en las “Historias completas” de los años ochenta, publicó el material de forma intermitente durante décadas, con momentos de entusiasmo y momentos de abandono. Lo que empezó a ocurrir en 2024 es cualitativamente diferente: La Cúpula ha apostado por una edición sistemática y homogénea en formato mayor que hace justicia al dibujo en blanco y negro –un emblema del cómic alternativo norteamericano en los ochenta y noventa, frente al color del comic book tradicional– de ambos hermanos, siguiendo el modelo de la reciente edición de Fantagraphics. Primero llegaron en 2024 los dos tomos de “Palomar”. Sin ella no existiría “Río Veneno” como concepto: uno es el centro de gravedad y el otro la historia de lo que ocurrió antes de que ese centro existiera. Después llegaron “Locas” volúmenes 1 y 2, el primero coincidiendo con la visita de Jaime a España en la primavera de 2025, cuando pasó por el Saló de Barcelona como invitado estrella; el segundo ya en 2026. Y en noviembre de 2025 llegó la reedición de “Río Veneno”.
El combo que nos ocupa, “Río Veneno” de Beto y “Locas volumen 2” de Xaime, es la pareja perfecta para entender a ambos hermanos en registros distintos y complementarios. En el caso de Beto, la obra más compleja, arriesgada y desconcertante de toda su producción: el experimento que a punto estuvo de hundir ‘Love And Rockets’ y que es hoy uno de los documentos más importantes de la historia del cómic como novela gráfica. En el caso de Xaime, “Locas volumen 2” recoge las historias de 1984 a 1989, que marcan el momento en que el autor alcanza su plena voz y empieza a explorar el territorio –hacerse mayor, la pérdida, la identidad– que lo convertiría en uno de los grandes cronistas sentimentales del siglo XX. Juntos, ambos libros son una lección sobre cómo el cómic puede hacer lo que ningún otro medio hace exactamente igual: habitarse. ∎

Cuando Beto Hernandez empezó a serializar “Río Veneno” en 1989 en ‘Love And Rockets’, sus lectores llevaban años siguiendo las aventuras del pueblo de Palomar y conocían a Luba como la bañadora que llegó al pueblo con un martillo y una hija pequeña, una presencia imponente y hermética cuyo pasado era uno de los grandes misterios de la saga. La decisión de contar ese pasado –los primeros dieciocho años de Luba, desde su nacimiento hasta su llegada a Palomar junto a su prima Ofelia y su hija Maricela– era en teoría una magnífica promesa. En la práctica, durante sus cuatro años de serialización (números 29 a 40 de ‘Love And Rockets’, 1989-1993), fue también un notable ejercicio de frustración colectiva: Beto no hizo ningún esfuerzo por moldear el material en episodios autoconclusivos, la no-linealidad era extrema y la densidad narrativa tan alta que muchos lectores se perdieron en el camino. La recopilación en volumen, publicada en 1994, añadió dieciséis páginas nuevas y organizó el material en diecisiete capítulos con ilustraciones de apertura, transformando la experiencia de lectura de modo muy sustancial.
Esta tercera edición española –196 páginas con traducción de Lorenzo Díaz– es la versión definitiva de esa transformación. “Río Veneno” cuenta la historia de María, madre de Luba, bellísima y autodestructiva; de Peter Ríos, músico y gánster que se convertirá en el marido de Luba; de una cadena de violencia política y personal que atraviesa décadas en un país latinoamericano ficticio de los años cincuenta a los setenta; y de una niña, Luba, que aparece y desaparece como personaje secundario en su propia historia de origen. Eso es lo que hace grande al libro: Beto entiende que Luba es el producto de fuerzas que la superan, y que para contarla hay que contar el mundo que la creó. El dibujo es más tenso y veloz que en “Palomar”, con páginas de nueve viñetas en las que caben décadas. Es un libro que pide relectura y que en la relectura se vuelve más rico, más oscuro y, finalmente, más tierno. Cuesta. Y vale la pena.

Las páginas de “Locas” llevan fecha. Es un detalle que puede parecer menor y que en realidad lo dice todo sobre Xaime: cada historia está firmada con el año en que fue dibujada, y el material de este segundo tomo –historias de 1984 a 1989, incluyendo cimas como “La muerte de Speedy” (1987) y “Moscas en el techo” (1989)– lleva en esas fechas la prueba de que lo que estás leyendo es también el registro en tiempo real de cómo un autor que avanza hacia los treinta años procesa su mundo. Las páginas más antiguas tienen más de cuatro décadas. Pero se nota que están vivas.
Es el momento en que la saga de Maggie y Hopey abandona los últimos residuos de ciencia ficción pop para convertirse en un fresco generacional sobre el punk como identidad que ya no existe pero que dejó cicatrices. La muerte de Speedy Ortiz –un crush de Maggie, el chico del barrio que muere ambiguamente, entre el suicidio y la violencia de pandillas– es la primera gran catástrofe emocional de “Locas”, narrada con una contención que hace más daño que cualquier dramatismo. Alrededor de ese epicentro, el elenco –Hopey, Izzy, Ray, Penny Century, la tía Vicki y sus campeonas de lucha libre– sigue desplegándose con la naturalidad de una gran serie de televisión en la que cada personaje tiene su trama y todas convergen sin solución de continuidad.
Lo que hace diferente a este tomo –276 páginas traducidas por Lorenzo Díaz– es la economía. El trazo de Xaime en este período ha llegado a la depuración total: cada línea necesaria, cada expresión calibrada con una precisión que no parece esfuerzo porque el esfuerzo ya es invisible. Los cuerpos cambian –Maggie ha engordado un poco, Hopey sigue igual porque es el tipo de persona que envejece por dentro antes que por fuera–, los peinados cambian, las canciones cambian, y Xaime registra todo sin subrayarlo. Leer “Locas volumen 2” en 2026 es leer un cómic que sabe lo que es: un documento de amor, una crónica de pérdida, una de las obras más importantes de los últimos 40 años. Con fecha y todo. ∎