Cuando parecía que íbamos a estar una década sin nuevo disco de Robyn, llegaron la noticia de “Sexistential” y unos avances realmente capaces de disparar la dopamina. El resto del repertorio estimula igual: en contraste con las del más exploratorio “Honey” (2018), estas nueve canciones son tirando a cortas y suelen ir a la yugular. Según ha dicho la artista, están diseñadas para sentirse “como una nave espacial que atraviesa la atmósfera a gran velocidad y se estrella”.
Lo de “estrellarse” no tiene que ver con su mérito artístico, eso por descontado. Todas cuentan con melodías inspiradas y una producción depurada y de impacto en la que vuelve a colaborar Klas Åhlund, aliado de Robyn desde hace más de dos décadas. Ese carácter rabiosamente pop y ese tacto deliciosamente robótico nos devuelven a menudo a la Robyn de “Body Talk” (2010). La oímos claramente en los singles “Dopamine”, que reedita la sublime melancolía bailable de “Dancing On My Own”, y el todavía superior “Talk To Me”, primera participación de Max Martin en su mundo desde “Time Machine”. Pero también se puede decir que “Really Real” –medio desvelada como apertura de su banda sonora para el desfile primavera-verano 2026 de Acne Studios en la Semana de la Moda de París– arranca como una especie de repetición de “Indestructible”, para luego, eso sí, revelar una producción acentuadamente contemporánea.
Un poco como Lady Gaga en “MAYHEM” (2025), esta estrella pop única regresa a la versión de sí misma que sabe que más nos gusta. Es solo (o, al menos, en cierto modo) fanservice, pero de qué nivel. Por otro lado, “Blow My Mind” es una clara referencia a una Robyn anterior, la que todavía tenía que reinventarse como artista independiente: se trata de un remake más bien punk de un tema de “Don’t Stop The Music” (2002) que, en su bendita esponjosidad, parecía producido por William Orbit.
En su versión 2026, “Blow My Mind” ya no es exactamente una oda al amor romántico, sino una canción de amor para su hijo de tres años. De cuyos orígenes aprendemos en el tema titular, seguramente el primer rap de la historia sobre fecundación in vitro, y uno con letras que de puro divertidas parecen obra de The Lonely Island. Robyn habla de Adam Driver como su donante soñado y su doctora, algo despistada, según parece, saca a colación “Zohan: licencia para peinar” (Dennis Dugan, 2008), película de Adam… Sandler.
En el disco, sea como sea, Robyn se resiste a ser reducida al papel de madre y se reivindica como criatura sensual. En la citada “Sexistential” busca líos de una noche estando embarazada de 10 semanas. En “Talk To Me”, nos recuerda que le gusta que le digan cosas: “No es tan bueno estando sola / así que ¿puedes hablarme mientras lo hago?”. “Sucker For Love”, rodaja de electropop gamer de su época con Röyksopp, habla teóricamente sobre el amor, pero incluye también gemidos como salidos del “Erotica” (1992) de Madonna.
Ella dice en nota de prensa haberse “deprogramado de la secta del amor”, pero no lo parece a la altura del devastador “It Don’t Mean A Thing”, especie de acercamiento a The 1975 con la colaboración de Elvira Anderfjärd, mano derecha (ingeniera, teclados, programadora) de Addison Rae en “Addison” (2025): “Me cortaste las flores, te amé como un pecado, amor verdadero para siempre / Estúpida para siempre”. Por suerte, Robyn suena en las finales “Light Up” (esos emotivos sonidos como láseres) e “Into The Sun” (hiperbalada donde las haya) absolutamente vitaminada, lista para el futuro, autónoma y a la vez llena de amor para dar. ∎