Aunque el electroclash nunca se ha ido del todo –su pulsión retrodisco, sus deudas sintéticas con la new wave, su intensidad tech-house o su estética trashy han conquistado a generación tras generación de pijos y punkis, ravers e indies, o maricas en general, a lo largo de este siglo–, es evidente que hoy, en pleno 2026, vuelve a estar más vivo que nunca. Desde 2022, una nueva generación de artistas lo ha abrazado como una forma de destacarse de la neutralidad que se impone en unas redes sociales cada vez más corporativas, recuperando en cierto modo la esencia original del género: Snow Strippers, The Dare, Frost Children, MGNA Crrrta, Fcukers o más recientemente Slayyyter –todos, por cierto, de Nueva York, que ha querido reposicionarse como capital indiscutible en esta nueva iteración– parecen querer recuperar esa idea de que lo raro, lo diferente, lo “freak” es lo que mola, y que no tomarse las cosas demasiado en serio es compatible con una vida arty en la gran ciudad y al mismo tiempo con preocupaciones fashionistas. Dar cringe está de moda, pega muy bien con el manierismo exagerado del hyperpop y es un acceso directo a la personalidad en tiempos de estandarización, replicantes y sonidos blanqueados.
Este revival, claro, le ha servido a muchos de los pioneros y grandes clásicos del género para hacer también su particular reaparición. Ese mismo 2022, el dúo formado por Miss Kittin y The Hacker entregó “Third Album”, tercer pináculo de una catedral electroclash iniciada a finales de los noventa. Peaches salió de gira para celebrar más de dos décadas de su debut, “The Teaches Of Peaches” (2000), y ahora ha regresado a la acción discográfica con su primer disco en más de diez años. DJ Hell, prácticamente el ideólogo del género desde Múnich y desde su sello International DeeJay Gigolos, publicó a finales de 2025 “NEOCLASH” –de título autoexplicativo–. E incluso se van a recuperar joyas olvidadas de catálogos más alternativos y esquivos como el de los franceses Sweetlight. Era cuestión de tiempo que Tiga, que ayudó a definir el género desde la escena de Montreal con “Sunglasses At Night” –versión del hit homónimo de 1983 del artista canadiense Corey Hart que DJ Hell publicó precisamente en International DeeJay Gigolos– o con mixes históricos como “American Gigolo” (2002) o su “DJ-Kicks” (2002), se sumara –nunca mejor dicho– a la fiesta. Diez años después de su último trabajo, el inferior “No Fantasy Required” (2016), y cuando han pasado dos décadas de un debut (“Sexor”, 2006) que ya demostraba la fundición plena del electroclash en las narrativas globales del bloghouse, el productor y DJ canadiense regresa con un “HOTLIFE” claramente revivalista que prefiere, más que reinventar nada, refinar los aspectos más reconocibles de su sonido.
Tiga no se esconde, en cualquier caso: “Soy como soy y me gusta lo que me gusta”, confiesa mientras suelta bajos y sintes marca de la casa, de esos que chorrean, distorsionados y bañados en ácido corrosivo. Su nuevo álbum captura esa excentricidad desacomplejada de los sonidos Y2K y un poco también la tontería generalizada de la época, abriéndose directamente con una especie de versión madurita y electro del “Mi mujer” de Nicolas Jaar coproducida por Mark Ronson –“HOT WIFE”, en colaboración con Boys Noize–. O incluyendo el himno anti-incell “SEXLESS PORNOGRAPHIC LOSERS” y declarándose a las cerezas, las piruletas y las mariposas. “The things that I love, the things that I need in my life”; tampoco hay que comerse mucho la cabeza. Por eso sigue reinterpretando su cancionero emocional de los ochenta, y en “HIGH ROLLERS” le da una nueva vida, entre pulsantes haces láser, a las letras del rapero Ice-T –“¿Quién necesita robar con toda esta tecnología?”–; en “NEED YOU TONIGHT” desnuda hasta el minimalismo club el hit de INXS, y la letra parece cobrar un significado muy alejado de la urgencia sexual y más cercano al puro hedonismo club. “Todo lo que tenemos es este momento / El siglo XXI fue ayer / Puedes preocuparte todo lo que quieras / Todo el mundo lo hace, cariño, está bien”.
“FRICTION” es genial por manejarse a la perfección en ese territorio extraño entre lo irresistiblemente infeccioso y la vergüenza ajena, puro acid progresivo que va de Chimo Bayo a Fischerspooner y Scissor Sisters. Es tech house en pantuflas, pero con glow up de sobra para destacar en la pista de baile: “You got the new Uggs on your feet / You know nobody can compete”, dice así como lánguida Shanny Wise de Fcukers en “SILK SCARF”. Todo ello habla también de una sexualidad evocadora a la que siempre ha querido confiarse el productor, y que se refuerza en la euforia sintética y percusiva de “ECSTASY SURROUNDS ME” o en una “I KNOW A PLACE” que parece sacada del “Zonoscope” (2011) de Cut Copy.
Puede que Tiga Sontag emule también aquí ciertos patrones de la epidemia de house progresivo que invade las pistas comerciales de todo el mundo, especialmente en temas como “IAMWHATIAM” o “CHERRY”, pero lo cierto es que el de Montreal siempre ha sabido moverse con elegancia entre el underground y una electrónica de masas y hortera. Y no va a dejar de hacerlo ahora: entre tanta fanfarria, y mientras Dom Dolla o Reinier Zonneveld lo reivindican con pasión, también es capaz de sacarse una aproximación al minimal techno –“I AM YOUR DETROIT SUNRISE”– que se disuelve por un rato en una selva de flautas, y que es prácticamente una anomalía en toda su carrera. Tanto como lo fue “L’Ecstasy”, su álbum colaborativo con Hudson Mohawke, hace no tanto tiempo: se publicó en diciembre de 2023. ∎