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La semana vista por…

Viernes, 19 de diciembre

Este diciembre que se apaga entre balances, excesos y titulares cruzados, la música vuelve a demostrar que nunca entiende de treguas: empezando por la muerte de Max Eider, guitarrista esencial de The Jazz Butcher y figura de culto del pop británico, y siguiendo con un rosario de noticias que han ido del luto a la trinchera judicial y del escándalo al anuncio de grandes celebraciones. Ahí están Wiz Khalifa condenado en Rumanía por fumar marihuana sobre un escenario, Dionne Warwick enfrentada a sus propios gestores de derechos, Steven Drozd confirmando que The Flaming Lips han seguido su camino sin él y Perry Farrell cerrando, con disculpas y heridas abiertas, el último capítulo de Jane’s Addiction. Mientras, Taylor Swift monopoliza documentales, búsquedas y récords, Nick Cave, Trent Reznor, Jonny Greenwood o Ed Sheeran se cuelan en la carrera hacia los Óscar y una avalancha de carteles –Sound Isidro, Momentos Alhambra, Canela Party, Blues & Ritmes o el BARTS Festival– anuncia que, incluso en pleno invierno, la música ya está pensando en el próximo verano.

Adiós a Max Eider (The Jazz Butcher).
Adiós a Max Eider (The Jazz Butcher).
Ayer supimos, con apenas detalles, que había muerto Max Eider, guitarrista fino, elegante y algo subestimado, una de esas figuras que nunca buscaron el foco pero dejaron huella allí donde tocaron. Nacido como Peter Millson, el músico inglés el responsable de poner literalmente el “jazz” en The Jazz Butcher –grupo liderado por el también difunto Pat Fish (1957-2021)– durante los años ochenta, con un estilo líquido y melódico de clara escuela Wes Montgomery, muy poco habitual en el indie británico de la época. Además de firmar canciones memorables como “Drink”, dejó un pequeño clásico de culto con su debut en solitario “The Best Kisser In The World” (1987) y colaboró con artistas como David J, que ha sido uno de los primeros en despedirle con palabras tan sentidas como etílicas. Tras reunirse de nuevo con Pat Fish en los noventa, siguió ligado al universo The Jazz Butcher hasta la muerte de este en 2021 y participó incluso en su álbum póstumo “The Highest In The Land” (2022). Eider continuó publicando discos en solitario hasta fechas recientes, el EP “All Shall Be Well” apareció en 2024, confirmando que la discreción nunca estuvo reñida con la constancia ni con el talento. No fue una estrella, pero sí un músico de los que elevan el nivel de todo lo que tocan. Y eso, en tiempos ruidosos, no es poca cosa.

The Jazz Butcher: “The Human Jungle” (con Max Eider a la guitarra solista).
Hollywood ya no se conforma con una gran melodía: ahora exige nombre propio, película de prestigio y, a ser posible, una buena historia detrás. En la carrera hacia el Óscar a la mejor canción original de 2026 aparecen títulos tan dispares como “Train Dreams”, la pieza crepuscular que Nick Cave firma para la película homónima; “Drive”, el tema de Ed Sheeran para “F1”, con Brad Pitt al volante y Hans Zimmer pisando el acelerador en la banda sonora; o “As Alive As You Need Me To Be”, donde Nine Inch Nails –Trent Reznor y Atticus Ross en modo industrial elegante– pone música a “TRON. Ares”. El pop de alto voltaje también asoma con “Dream As One”, de Miley Cyrus para “Avatar. Fuego y ceniza”, mientras que el fenómeno animado-coreano entra por la puerta grande con “Golden”, interpretada por el ficticio grupo HUNTR/X en “KPop Demon Hunters”. Completan el escaparate nombres como Kesha con “Dear Me”, de “Diane Warren. Relentless”; Billy Idol con “Dying To Live”, del documental “Billy Idol Should Be Dead”; o Ariana Grande y Cynthia Erivo con “For Good” desde el universo “Wicked. Por siempre”. Una lista que confirma que, hoy, el Óscar se disputa entre la épica, el hit y la firma de autor, todo mezclado en la misma alfombra roja sonora.

Nine Inch Nails: “As Alive As You Need Me To Be”.
Veinticinco años después de la muerte de Kirsty MacColl (1959-2000), la historia vuelve a removerse con un ruido incómodo bajo la alfombra. Steve Lillywhite, productor clave de “Fairytale Of New York” y exmarido de la cantante, sostiene ahora que lo ocurrido en Cozumel en diciembre de 2000 fue algo más que un trágico accidente: habla abiertamente de encubrimiento para proteger a un multimillonario mexicano. MacColl murió arrollada por una lancha mientras buceaba, y aunque oficialmente el culpable fue un joven marinero condenado a una pena simbólica que saldó con una multa irrisoria, la familia siempre denunció que actuó como cabeza de turco. Según Lillywhite, nadie quiso abrir la caja de Pandora de una gran demanda internacional porque el verdadero responsable habría sido uno de los hombres más ricos del país, Guillermo González Nova, fallecido en 2009. El caso se reabrió, se investigó, se cerró y se olvidó, como suelen olvidarse estas cosas cuando chocan con intereses demasiado grandes para hundirse. Mientras tanto, “Fairytale Of New York” sigue sonando cada Navidad como si nada, recordándonos que algunas canciones envejecen mejor que la justicia.

The Pogues feat. Kirsty MacColl: “Fairytale Of New York”.

Lo que empezó como un momento supuestamente inofensivo en una kiss cam de Coldplay acabó convirtiéndose en una tormenta perfecta de morbo, memes y linchamiento digital. Kristin Cabot, directora de recursos humanos de la tecnológica Astronomer, ha roto ahora su silencio para explicar el impacto devastador que tuvo aquel plano fugaz captado en el concierto de Boston del pasado verano, cuando apareció abrazada a su jefe, el CEO Andy Byron, antes de desaparecer ambos del encuadre con una torpeza que internet interpretó como confesión inmediata. El vídeo se hizo viral, los dos directivos dimitieron y ella quedó marcada, según sus propias palabras, con una “letra escarlata” que borró de un plumazo años de carrera profesional, pese a que estaba separada de su marido y no había ningún evento corporativo de por medio. Cabot denuncia ahora haber recibido amenazas, insultos y acusaciones misóginas a gran escala, lamenta que nadie del entorno del grupo rebajara la tensión y subraya que el episodio sigue teniendo consecuencias reales para ella y sus hijos. Un recordatorio incómodo de cómo un gag de estadio, un comentario improvisado de Chris Martin y la maquinaria de las redes pueden convertir una noche de música en un castigo público sin derecho a réplica.

La batalla por el alma de las listas de éxitos tiene algo de culebrón tecnológico y mucho de pelea por el mando a distancia. ‘Billboard’ ha decidido retocar su fórmula para que las escuchas de pago y las gratuitas se parezcan un poco más –sin llegar a confundirse– y la reacción de YouTube ha sido la de levantarse de la mesa y apagar la música: si no cuentan todos los streamings por igual, retiran sus datos. El ajuste parece técnico (pasar de un ratio 1:3 a 1:2,5), pero el enfado es mayúsculo. Para Lyor Cohen, jefe musical de YouTube, la lista sigue viviendo en el pasado, ignorando a millones de oyentes que consumen canciones con anuncios y sin tarjeta de crédito. El problema es que YouTube lleva en la lista Hot 100 desde 2013 y su salida deja a ‘Billboard’ con una foto incompleta del éxito real. Así que, mientras unos defienden que no todas las escuchas valen lo mismo y otros insisten en que cada play es un voto democrático, la pregunta flota en el aire: ¿quién manda hoy en las listas, el público o la calculadora?

El duelo también puede pintarse. A un mes de la muerte de Mani (1962-2025), bajista esencial de The Stone Roses y Primal Scream, John Squire –guitarrista de The Stone Roses– ha optado por el homenaje silencioso y cromático: una obra nueva que reinterpreta su imaginario clásico –ecos del mítico concierto de Spike Island de 1990 incluidos– para escribir el nombre del amigo con cuadrados de color y estrellas, como si el bajo siguiera marcando el pulso desde el lienzo. Sin comunicado solemne ni gran discurso, la pieza ha hecho lo que mejor sabía hacer Mani en vida: conectar de inmediato con la gente, que ya pide copias benéficas mientras recuerda que aquellas líneas graves sostuvieron himnos como “She Bangs The Drums” o “Fools Gold”. A veces el rock no necesita amplificadores: basta un cuadro bien afinado para que todo vuelva a sonar.

El homenaje a Mani de John Squire.<a href="https://www.instagram.com/p/DSYDoIGDA7g/?utm_source=ig_web_copy_link" target="_blank"> Ver post </a>
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Después de más de tres décadas siendo el arquitecto silencioso –y no tan silencioso– del sonido psicodélico de The Flaming Lips, Steven Drozd ha dejado caer, casi de puntillas y en un mensaje ya borrado en redes, que su historia con la banda ha llegado a su fin: “Ellos han terminado conmigo”, escribió, con ese tono críptico que anuncia tormenta pero pide discreción. Ausente de la gira reciente y sustituido en directo por AJ Slaughter, el multinstrumentista y principal compositor del grupo desde 1991 confirma así una ruptura tan poco explicada como significativa, mientras la banda mantiene silencio oficial y sigue anunciada en festivales como Latitude 2026, lo que deja el asunto en ese territorio incómodo donde el rock alternativo se cruza con el drama de vestuario: nadie habla, pero todos escuchan el ruido de fondo.

The Flaming Lips: “Race For The Prize”.
Después de convertir un concierto en Boston en algo más parecido a una pelea de bar que a una celebración del rock alternativo, Jane’s Addiction ha decidido cerrar el círculo –o al menos dejarlo bien atado– reuniéndose “una última vez” para limar asperezas y proteger el legado común, mientras Perry Farrell pide perdón por haber perdido los nervios sobre el escenario y haber dinamitado la gira. El cantante reconoce que falló a público y compañeros, Dave Navarro, Eric Avery y Stephen Perkins admiten errores propios –incluidas declaraciones precipitadas sobre la salud mental de Farrell– y todos coinciden en que lo mejor es separarse con dignidad, sin más demandas millonarias ni comunicados cruzados. El grupo se despide así con una mezcla de arrepentimiento, reconciliación tardía y ese dramatismo tan marca de la casa, dejando claro que Jane’s Addiction seguirá existiendo aunque solo sea en los discos, en la memoria colectiva y en el anecdotario más intenso del rock de los noventa.

Jane’s Addiction: “Just Because”.
Encender un porro en el lugar equivocado puede salir caro, incluso para una estrella del rap: un tribunal rumano ha condenado en ausencia a nueve meses de prisión a Wiz Khalifa tras prosperar la apelación de la fiscalía por el episodio de julio de 2024, cuando el artista fue detenido en Costinești después de fumar marihuana sobre el escenario de un festival, un gesto que entonces se saldó con una multa de unos 690 dólares y una disculpa pública (“no quise faltar al respeto a Rumanía”, escribió), pero que ahora se eleva a pena de cárcel tras un recurso. La sentencia es firme según la legislación local, aunque el rapero se encuentra en Estados Unidos y nadie parece especialmente convencido de que vaya a acabar haciendo turismo penitenciario en el Mar Negro; de hecho, estos días ha seguido con su agenda habitual –cameo en un concierto de Gunna incluido– y hasta se ha pasado horas en Twitch, fumando con la naturalidad de quien no teme a la extradicción inmediata. El caso vuelve a subrayar la rigidez de las leyes rumanas sobre el cannabis, ilegal incluso con fines médicos, y deja una moraleja tan vieja como el rock: hay países donde la marihuana sigue siendo un mal viaje, por muy global que sea la fama del artista.

Wiz Khalifa: “Roll It Up Freestyle”.

En el interminable culebrón judicial que acompaña desde hace años al personaje y al músico, la última escena vuelve a caer del lado de los tribunales: la demanda por agresión sexual presentada contra Marilyn Manson por su exasistente Ashley Walters ha sido desestimada de nuevo por un juez de Los Ángeles al considerar que los hechos denunciados quedan fuera del plazo legal para ser juzgados. No es una absolución moral ni un punto final definitivo –la defensa de la denunciante insiste en que seguirá peleando y recuerda que el archivo no invalida el relato–, pero sí otro cierre en falso que permite al artista dar por terminado, al menos por ahora, uno de los frentes legales más delicados de su carrera. Justicia procesal, reloj en mano, frente a un debate público que sigue sin apagarse y que demuestra que, incluso cuando los jueces cierran la puerta, el eco de estas historias continúa resonando bastante más allá de la sala.

Cuando parecía que el gran drama alrededor de ‘“Paint The Town Red” ya se había cobrado suficientes titulares, ahora el eco llega por la puerta menos glamurosa: los despachos de abogados. Una empresa especializada en recuperar derechos y regalías ha demandado a Dionne Warwick por, presuntamente, romper un acuerdo que les garantizaba quedarse con la mitad de todo lo que lograran cobrar en su nombre, incluidos los ingresos derivados del sampleo de “Walk On By” en el éxito de Doja Cat. Según la demanda, el trato –firmado en 2002 y basado en el clásico “si no gano, no cobro”– les habría reportado más de dos millones y medio de dólares a lo largo de los años y les daba derecho a una comisión perpetua, algo que la firma considera ahora vulnerado después de que la cantante intentara gestionar directamente sus pagos con discográficas y entidades de derechos. La reclamación habla de “cientos de miles, si no millones”, y añade un punto casi irónico al asunto: incluso las leyendas del pop pueden acabar peleándose por quién se queda con qué cuando una canción de hace seis décadas vuelve a conquistar TikTok y las listas de éxitos.

Doja Cat: “Paint The Town Red” (con el sample de “Walk On By”).
Taylor Swift ha decidido adelantar la Navidad a su ejército de fans y mover la fecha de estreno de los dos últimos episodios de “The End Of An Era”, su serie documental sobre “The Eras Tour”, que finalmente llegarán a Disney+ el 23 de diciembre, tres días antes de lo previsto. El cierre de la producción, dividida en seis entregas, completa el retrato del tour más exitoso de la historia reciente del pop, con acceso privilegiado a los camerinos, a la banda y al equipo que ha acompañado a la artista durante meses, además de momentos especialmente delicados, como la cancelación de los conciertos de Viena por una amenaza terrorista o escenas íntimas junto a Ed Sheeran y Florence Welch. Dirigida por Don Argott y Sheena M. Joyce, la serie no solo documenta una gira mastodóntica, sino que explica por qué Swift ha convertido cada paso de su carrera en un relato colectivo, emocional y perfectamente coreografiado… incluso cuando se trata de adelantar un regalo navideño.

En 2025, mientras medio planeta seguía intentando descifrar cómo Taylor Swift consigue estar en todas partes a la vez, Genius ha puesto cifras al fenómeno: fue la artista más buscada del año en la plataforma, con 46 millones de visualizaciones, y su álbum “The Life Of A Showgirl” (2025) se convirtió en el más consultado, acumulando 29 millones de visitas. Pero el dato más jugoso está en una sola frase, literalmente: el verso “he ah-matized me and opened my eyes”, del tema ‘Wood’, se coló como la segunda letra más vista del año, solo superada por el ya histórico “ayy, Mustard on the beat, ho” de Kendrick Lamar. La canción, dedicada sin demasiado disimulo a Travis Kelce, fue además el cuarto tema más buscado en Genius, mientras que otra composición suya, “The Fate Of Ophelia”, también entró en el top 10. En resumen: Swift domina álbumes, canciones, versos sueltos y hasta los puentes líricos, confirmando que en la era del streaming y las búsquedas compulsivas no solo se escuchan discos, también se diseccionan palabra a palabra.

Taylor Swift: la docuserie “The End Of An Era” (tráiler oficial).
Enero se pone serio –pero solo lo justo– con las últimas fechas de la gira de La Plata presentando “Interzona” (2025), un disco que confirma a los valencianos como una de esas bandas incapaces de repetirse aunque alguien se lo pidiera por favor. Ocho años después de irrumpir en la escena con una mezcla de indie, punk, synthwave y pulsión hardcore, el grupo sigue empeñado en dinamitar géneros y expectativas, ahora desde una filosofía casi artesanal: autoproducción, control absoluto del proceso creativo y alergia declarada al consumo rápido. “Interzona’” es su trabajo más ambicioso hasta la fecha y también el más coherente con esa forma de entender la música como laboratorio permanente, lejos de fórmulas y cómodas rutinas. Apunten, pues, que estarán tocando en enero en Valencia (10), Madrid (17) y Barcelona (31). La noche en Valencia se abrirá con Los Manises y en Madrid con ESTELA, cuyo pop ambiental, oscuro y delicado ejercerá de contraste perfecto antes de que La Plata despliegue su habitual intensidad emocional y sonora. Entradas ya a la venta, aviso para navegantes: no será un concierto de fondo, sino de los que exigen atención y luego dejan poso.

La Plata: “cerca de ti”.
Sound Isidro Vibra Mahou sigue creciendo en su edición 2026 como esas sagas que prometen trilogía y acaban en universo cinematográfico: casi 40 nuevos nombres se incorporan a la programación y el ciclo de conciertos madrileño roza ya los 70 artistas confirmados, a la espera aún de una última tanda en enero. La nueva oleada refuerza el carácter ecléctico del ciclo, con fichajes internacionales como Micah P. Hinson, DJ Koco aka Shimokita, Fin del Mundo, Tigre Ulli, Tatsuya Yoshida x Risa Takeda o The Dharma Chain, y una potente representación estatal que va del punk sin bozal de Mala Gestión al regreso siempre comentado de Cecilio G, pasando por la unión de Rapsusklei & Sharif, la verbena mutante de Ortiga, el empuje guitarrero de FUET!, Gara Durán, Teo Planell o Mohama Saz, sin olvidar el habitual músculo gallego con The Rapants, De Ninghures y Emilio José. Todo ello repartido entre abril y junio en salas de Madrid, con entradas ya a la venta y la sensación –marca de la casa– de que Sound Isidro no es un festival, sino una larga temporada de conciertos en la que siempre pasa algo; y casi siempre pasa de todo.

Teo Planell, en el cartel de Sound Isidro Vibra Mahou: “Dormir en tus manos”.
Momentos Alhambra empieza a dibujar su edición de 2026 con un primer avance de cartel que confirma que el ciclo seguirá apostando por la mezcla elegante de estilos y generaciones, con Kakkmaddafakka, Maria Arnal, Pancho Varona y Gonzalo Hermida como nombres más reconocibles de una tanda que también incluye a Yarea, Cocco Lexa, El Duende Callejero, dani dicostas, Germán Salto y Back To The Hills. Entre enero y mayo, y con paradas en Madrid, Valencia, Granada, A Coruña, Pontevedra y Galicia, el programa se mueve del indie festivo y hedonista de los noruegos Kakkmaddafakka al pop experimental y electrónico de Maria Arnal, pasando por el cancionismo de largo recorrido de Pancho Varona, el pop emocional de Hermida, el mestizaje sureño de El Duende Callejero o las nuevas coordenadas urbanas de Cocco Lexa. Un arranque contenido pero bien calibrado, fiel al espíritu del ciclo: conciertos de aforo medio, estilos diversos y la sensación de que aquí no se viene a tachar nombres, sino a escuchar con calma cerveza en mano, naturalmente

dani dicostas, en el cartel itinerante de Momentos Alhambra: “Estadios”.
Canela Party ya puede sacar la tarta y soplar las velas porque su próxima edición queda oficialmente cerrada con un cartel de mayoría de edad en modo pitote: del 27 al 29 de agosto, Torremolinos volverá a ser el epicentro del guitarreo con la incorporación final de nombres tan jugosos como Baiuca, Melody’s Echo Chamber, Nation Of Language, The Beths, Unknown Mortal Orchestra, DITZ, Basement, Speed o FUET!, una tanda que mezcla electrónica de raíz, psicodelia fina, post-punk nervioso y rock vitaminado sin pedir permiso. Estas confirmaciones se suman a un menú que ya incluía a Carolina Durante, Deafheaven, Mannequin Pussy, Rufus T. Firefly, La Paloma, Mala Gestión, Wavves o Maruja, consolidando esa fórmula canelista que combina vanguardia internacional, escena estatal en ebullición y espíritu festivo sin complejos. Todo ello presentado, un año más, bajo la bandera de SON Estrella Galicia y con imagen firmada por Bráulio Amado, en una edición que promete volver a llenar de disfraces, sudor y sonrisas el recinto y que ya tiene los abonos a la venta –con packs de ahorro incluidos– para quienes quieran celebrar los 18 años del festival como manda la tradición: bailando hasta que el cuerpo diga basta, que en Canela nunca suele decirlo.

Deafheaven actuarán en el Canela Party: “Heathen”.
El espíritu de la sala BARTS regresa pero no como ejercicio de nostalgia, sino como festival de verano con ambición, trasladando su programa al Poble Espanyol de Barcelona entre el 28 de junio y el 24 de julio y reivindicando aquello que siempre fue su marca de la casa: el criterio. La reapertura simbólica llegará con un golpe sobre la mesa llamado BEAT, la superbanda formada por Adrian Belew y Tony Levin de King Crimson con el batería Danny Carey de Tool y el guitar hero Steve Vai, que revisita el legado más audaz de los King Crimson ochenteros –Belew y Levin participaron en la trilogía disciplinaria del grupo británico, que supuso su retorno tras varios años de parada: “Discipline” (1981), “Beat” (1982) y “Three Of A Perfect Pair” (1984)– sin olor a museo, solo riesgo y músculo contemporáneo. A partir de ahí, el primer avance del cartel combina pedigrí internacional y gancho popular con ZZ Top, Belle And Sebastian, Biffy Clyro, Elvis Crespo o God Save The Queen, mientras que el bloque estatal suma nombres tan transversales como Joan Dausà, M-Clan, Lax’N’Busto, Antoñito Molina, Marta Santos u Ojete Calor, en una programación pensada para públicos diversos.

La superbanda BEAT inaugurará el nuevo festival de verano BARTS: “Neal And Jack And Me”.
El Blues & Ritmes vuelve a demostrar que la veteranía, cuando se administra con cabeza, es una virtud y no una carga: del 17 al 25 de abril, el festival badalonés –37 años de historia ya, que se dice pronto– reúne en su nueva edición un cartel breve pero quirúrgico encabezado por Rodney Crowell, leyenda del country y la americana, que por fin debutará en solitario en España el 25 de abril en el Teatre Zorrilla presentando su álbum “Airline Highway” (2025), como si Badalona fuera el lugar natural para saldar deudas históricas. Antes, el festival se despacha un primer fin de semana de alto voltaje en el Teatre Margarida Xirgu con la elegancia soul, blues y gospel de Izo FitzRoy (17), el regreso siempre celebrable de Orchestra Baobab (18) y el folk contemporáneo, fino y en ascenso de los irlandeses Ye Vagabonds (19), en una edición que además refuerza su compromiso con la accesibilidad incorporando mochilas vibratorias para personas con discapacidad auditiva. Cuatro conciertos, un abono único a 68 euros y una programación que vuelve a situar al Blues & Ritmes en ese lugar tan poco frecuente donde la palabra “prestigio” no suena ni grandilocuente ni vacía, sino simplemente bien ganada.

Ye Vagabonds estarán en el Blues & Ritmes con su folk irlandés: “On Sitric Road”.
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