ntre los grupos de la reciente corriente de nuevo post-punk más hablado que cantado, Dry Cleaning son los más claramente adictivos, y eso sin necesidad de seguir patrones probados de ninguna clase. Lo que engancha de ellos es la carismática dejadez de Florence Shaw, (casi) cantante y observadora del mundo que haría interesante la lectura de una lista de la compra. También están los fondos musicales angulosos que provee una banda amplia en referencias, con discotecas seguramente envidiables. Letras y música surgen a la vez, como por arte telepático, durante intensas jam session de las que van emergiendo temas cada vez más depurados sin dejar de sonar abiertos.
Tras los imponentes “New Long Leg” (4AD, 2021) y “Stumpwork” (4AD, 2022), Dry Cleaning siguen sonando a ellos mismos, pero progresando adecuadamente, en un absorbente “Secret Love” (4AD-Popstock!, 2026) con trazas de stoner rock, hardcore de los primeros ochenta o folk-rock estilo Pentangle. En la producción han sustituido a su habitual John Parish por Cate Le Bon, que en su carrera propia, como Shaw, basa la emoción en una cierta impasibilidad. Hablamos con ella, el guitarrista Tom Dowse y el bajista Lewis Maynard sobre la (al parecer no tan fácil) colaboración con este icono art-pop, la imitación como camino hacia la creatividad, el terror de ojos, el turismo de cruceros, la vida propia de las canciones y la falta de comunidad como motor de todo.
En apariencia vuestro proceso sigue siendo el mismo. Todavía desarrolláis vuestras canciones tocando y cantando-hablando sin cesar en la misma habitación. ¿Cómo ha evolucionado la eficacia del método? ¿Sois ahora más telepáticos que nunca?
Tom: Realmente hay una especie de telepatía. Nosotros solemos usar bastante la palabra alquimia. A veces lo vemos como algo que ni siquiera somos capaces de controlar. Podemos controlar ciertos parámetros, si quieres, pero es simplemente una combinación de nuestras personalidades. Hacemos lo que sabemos hacer de forma genuina y parece que funciona. Vamos explorando esta simbiosis de forma natural. No trabajamos durante demasiadas horas, no nos presionamos, salimos, comemos juntos y socializamos juntos. Es un poco como si cuidásemos la alquimia, aunque en realidad la alquimia sabe cuidarse sola.
En esta ocasión, tras acabar las maquetas, fuisteis con ellas a diferentes estudios en busca de nuevas herramientas, nuevas sugerencias. El primero que visitasteis fue el mítico The Loft de Wilco en Chicago, donde se perfilan cortes inesperadamente cálidos como “My Soul / Half Pint”, “The Cute Things” o “Let Me Grow, And You’ll See The Fruit”. Solo por curiosidad, ¿qué clase de conversaciones musicales tuvisteis con Jeff Tweedy?
Florence: No tuve ninguna conversación musical con él. Creo que solo tuve conversaciones sobre… cosas un poco al azar, como comida, por ejemplo. No me acuerdo mucho. Sí que recuerdo que era una persona agradable, muy relajada, nada intensa en realidad. Se pasaba el tiempo haciendo bromas.
Tom: Es un tipo realmente divertido.
Lewis: Muy sarcástico. Autocrítico, también. Se burla de sí mismo todo el tiempo, algo que no me esperaba para nada.
Tom: Es un gran fan de las bandas. Creo que esa devoción forma parte de la esencia de The Loft. Tweedy invita a grupos que le gustan para ver cómo funcionan por dentro e involucrarse en ellas de alguna manera. Dijo algo interesante muy al principio: “Tenéis vuestro propio lenguaje, una forma propia de comunicaros entre vosotros”. Y al final me he dado cuenta de que eso es cierto, de que es algo importante en nuestra banda. Cuando alguien acaba colaborando con nosotros, como Cate Le Bon produciendo o Erica Eyres haciendo el artwork, es porque su propio lenguaje conecta con el nuestro.
Florence, veo una clara conexión entre el iconoclasta estilo vocal de Le Bon y tu propia forma de lanzar palabras. Ambas sabéis ganaros los corazones con cierta inexpresividad. ¿Te sientes cercana a ella en este aspecto, en su forma de cantar?
Florence: Eso era lo que más me entusiasmaba de tenerla cerca. Saber que íbamos a entendernos en ese apartado y que la colaboración sería cercana. Tengo la sensación de que alguna gente me deja hacer mi historia. Ella, en cambio, estaba muy involucrada en todos los picos y las depresiones de emoción de la voz y que, en cierto modo, el tono fuera el correcto. Le interesaban todos los matices, por qué había cosas que parecían dichas de pasada, por qué podía haber interpretaciones más conscientes… Por otro lado, también teníamos ideas ligeramente diferentes sobre las voces, ideas que discutimos y en las que alcanzamos una especie de punto medio. Hablamos mucho sobre Chris & Cosey, sobre cómo eran las voces en sus discos. Y un poco sobre Annette Peacock. Cate sabe mucho de hacer tomas vocales y lo mucho que te exige psicológicamente. Quería ofrecer sugerencias de cómo hacerlo todo lo más libre y relajado que fuera posible. Por ejemplo, para hacerme olvidar que había un público esperando esas tomas vocales, llegó a sugerir que las hiciera con una venda sobre los ojos. No llegamos a hacerlo, pero sí que combiné distintas formas de grabarme; a veces lo hacía en la sala de control y otras en la cabina, completamente sola o con Cate a mi lado.
En este disco hay momentos curiosamente vulnerables, quizá los más ¿frágiles? que te hayamos oído enunciar. ¿Estás de acuerdo con la apreciación?
Florence: Eso viene en parte de haber ensayado en un espacio llamado Super Unison Studios, en Peckham, al sureste de Londres. Recuerdo que me costaba oír mi propia voz sobre los instrumentos. Era todo bastante privado, en cierto modo, ya que yo era la única que oía un poco lo que decía. Me pregunto un poco si eso ha acabado llevándome a composiciones más personales, cosas que sería difícil interpretar delante de mucha gente, especialmente en esa etapa naciente.
No has dicho todavía “te quiero” en una canción, pero ya has dicho, en “The Cute Things”, “por ti, estoy dispuesta a cambiar roles”, lo que resulta significativo. O, en el mismo tema, “tú eres para mí, ciertamente, una completa obra de arte”.
Florence: Todo eso está empañado por ideas más contradictorias, pero sí, es verdad. Quería que fuera una canción bonita pero a la vez algo confusa.
Te oímos cantar más que nunca. ¿Al parecer influida por Nourished By Time, antiguo telonero vuestro?
Florence: Realmente no tenía ninguna experiencia cantando ni escribiendo letras que deban ir en melodías. A veces tarareaba cosas, pero sin palabras discernibles. Había algunas excepciones, como “Gary Ashby”, en la que sí canto un poco. Pero me tuve que parar a pensar en cómo cantan sus canciones otras personas. A partir de ahí podía empujarme a componer melodías diferentes. Me podía preguntar a mí misma “¿qué clase de notas usa Marcus?” o “si estas fueran letras suyas, ¿cómo las cantaría?” (se refiere a Marcus Elliot Brown aka Nourished By Time). Hizo una versión de “Gary Ashby” en nuestro EP “Swampy” (4AD, 2023). Y era tan interesante escuchar cómo la cambiaba. Acrecentó las letras, además de componer nuevas melodías para acompañarlas o usar las que había en otro lugar. Pensé que era muy bueno y que quizá sería capaz de hacer algo similar. En plan coger algo nuestro y hacer como si tuviera su mente. Está bien pensar en las cosas de forma diferente, tratar de componer algo diferente.
Lewis: Lo que me recuerda que, cuando preparábamos las maquetas, hicimos una lista de gente con la que queríamos trabajar y en su caso no pudo ser. Queríamos hacer una sesión con Nourished By Time. Quizá la próxima vez.
Junto a las canciones más interiores o personales, sigue habiendo temas sobre cuestiones más generales o pequeños estudios de personaje, como el fantástico “Cruise Ship Designer”, cantado desde la perspectiva de un emprendedor náutico. ¿Estáis cansados de la industria de cruceros, como muchos de los que vivimos en Barcelona?
Florence: Esa canción surgió un poco por casualidad. Por algún motivo, no sé cuál, estaba pensando mucho en arquitectos y gente de ese estilo o, dicho de otro modo, una persona con mucho poder que diseña cosas más o menos gigantes. Hay una cierta arrogancia inherente a esa clase de actividad. Los cruceros me parecen destructivos y parece que no paran de suceder cosas terribles dentro de ellos. Dan un poco de miedo, son enormes, ominosos. Cuando estás delante de uno, la sensación es de ser dominado y es bastante horripilante. Me dediqué a fantasear con una persona que los diseña. Pero también, en cierto modo, lo que significa la creatividad como trabajo; la clase de consideraciones que has de hacer y los atajos que has de tomar.
Como decíamos antes, el grupo puede sonar más frágil que nunca, pero a la vez nunca habéis sido tan oscuros como en “Blood”, canción demoledora sobre nuestra creciente indiferencia a la violencia en Gaza, Cisjordania y Ucrania, o la virulenta ya desde el título “Evil Evil Idiot”. Es un disco que bascula entre extremos. ¿Fue una decisión consciente?
Lewis: Con cada nuevo disco hemos abierto nuevas puertas y caminado en direcciones diferentes. Nos atraía la idea de, por ejemplo, hacer una canción que sonara a stoner rock y que justo después hubiera una mucho más indie. Que la producción no sonara tan monocorde a lo largo de todas las canciones. Por eso grabamos algunas maquetas en Dublín con gente de Gilla Band, gente con oídos mucho más extremos. Lo que a nosotros nos parecía agresivo o ruidoso a ellos les parecía bonito y popero.
Tras la impactante portada de “Stumpwork”, os la volvéis a jugar con la nueva. Es un retrato de Florence tumbada mientras le lavan un globo ocular. Me trajo a la memoria desde Luis Buñuel hasta “Terror en la ópera” de Dario Argento. El terror de ojos es el que más duele.
Florence: La artista canadiense Erica Eyres nos sugirió imaginería de primeros auxilios. Usa muchas imágenes encontradas y extrae la inspiración de ellas. Así que todo fue idea suya. En mi opinión, si la imagen resulta atractiva es por su ternura; en ella vemos cómo se está ayudando a una persona. Pero a la vez es un poco brutal, y la persona, obviamente, está en una posición muy vulnerable, ¿no? Es un poco sobre la idea de ver cosas, o estar en una posición vulnerable, o ser testigo de algo… Se mezclan muchas ideas en una sola imagen. Es contradictoria. Es bastante violenta, aunque técnicamente no lo sea.
¿Cómo veis vuestro directo ahora mismo? ¿Diríais que las primeras canciones han cambiado mucho a través de los años?
Tom: Intentas que cambien. Creo que una canción debería tener su propia vida. Se quedaría ahí muerta si la tocaras igual todas las veces. Cuando vemos que una canción no está cambiando, la sacamos del set y dejamos que macere un tiempo. Luego hay casos como el de “Magic Of Meghan”, con la que he tenido períodos de tocarla y pensar “esta canción debe cambiar”, pero a la hora de verdad, cuando me pongo, solo se me ocurren un par de pequeños detalles. Me doy cuenta de que en realidad me encanta. Si no se te ocurre algo que realmente pueda mejorar la canción, igual es mejor seguir tocándola tal y como es. Lo que me gusta realmente de componer canciones es observar el viaje de cada una de ellas, comprobar que cada una tiene su propia historia. Y me haría especial ilusión que en algún momento la gente empezara a hacer versiones de ellas (el citado ‘remix’ de Nourished By Time de “Gary Ashby”, con nuevas voces, es básicamente un ‘cover’, dicho sea de paso).
Lewis: Cuando grabamos “Magic Of Meghan” en realidad la canción ni siquiera estaba terminada. Solo estábamos capturando lo que teníamos en ese momento. Así que nunca acabó de estar terminada y ha cambiado ligeramente con el paso de los años. Pero creo que muchas veces las cosas cambian porque un día te equivocas tocando y luego, sin darte cuenta, vuelves a hacer lo que hiciste esa última vez y así todo el tiempo y todo el tiempo. Solo te das cuenta de tu retoque cuando vuelves a oír la versión grabada, “ups, creo que ahora no la toco así” (risas).
Tom: Y luego está “Her Hippo”, que no tenía el final que tiene en directo ahora, mucho más de dar rienda suelta a lo que nos parezca. Siempre me ha gustado aquel mantra de Fugazi que decía algo así como “el disco es el menú y el concierto es la comida”. Yo vivo con esa misma filosofía. Cuando grabas una canción, es solo un boceto de algo que solo se activará realmente cuando se toque sobre un escenario. El disco es una declaración de intenciones, pero las canciones continúan.
En todos vuestros discos hay siempre una sugerencia, un indicio, de que las cosas podrían volverse aún más bailables en cualquier momento. ¿Habéis pensado en dar el paso definitivo hacia el dance-punk?
Lewis: En anteriores grabaciones hablamos mucho que estaría bien hacer, no sé, una remezcla. Con “Hit My Head All Day”, por ejemplo, sería fácil lanzar una versión maxi. Está la versión de radio, está la versión del álbum y podría haber, por qué no, esa versión extendida.
Tom: Al final, toda nuestra limitación es el tiempo. Hemos tenido un tiempo determinado para componer y grabar los dos últimos discos. Explorar nuevas vías es algo para lo que necesitas una agenda más despejada. Pero, desde luego, es algo que forma parte del plan.
Cuando os disteis a conocer, os catalogamos como parte de una especie de nuevo revival post-punk y spoken word que estaba animando el rock británico e irlandés. Desde dentro, ¿también os sentíais parte de un movimiento?
Lewis: Para serte sincero, no lo sentíamos así. Desde fuera, era algo realmente obvio, pero desde dentro no éramos conscientes en absoluto. Sería una locura decir que no existió, porque lo hizo, pero tampoco es que fuéramos todos amigos y quedáramos en los sitios. Nosotros nos dedicábamos a trabajar y, después, los domingos, quedábamos para hacer música. No éramos parte de una escena.
Florence: Yo no tenía mucha idea de música actual de ninguna clase. Solo lo que pudiera sonar en la radio del coche o algo así. Suena a locura, dado lo importante que es ahora mismo en mi vida. Solo oía música antigua, cosas muy variadas. Escuchaba un montón de Aphex Twin, pero no porque pensara que es cool o supiera que es cool. Estaba completamente desconectada del mundo musical. Después empezamos a dar conciertos y me di cuenta de que otros grupos estaban hablando en lugar de cantar. Para mí fue algo extraño. Casi chocante, de hecho. Sé que suena a trola, pero realmente fue así cómo se dio todo.
Tom: Yo no tenía ni idea de quiénes eran Black Country, New Road. Solo los conocí porque tocamos con ellos en festivales.
Florence: Pero es que estábamos en otro mundo. Yo estaba dando clases (de ilustración) en universidades o dibujando. Es difícil pensar en la vida de antes porque es como si estuvieras hablando sobre otra persona.
Tom: Lo más raro es que se hablara de una escena del sur de Londres, cuando muchos de los grupos mencionados no eran de allí. Por eso no nos los encontrábamos nunca.
Lewis: Acabas encontrándote con ellos en festivales y comentando lo curioso que es que la prensa siempre os ponga juntos en la misma frase. Así es cómo surge la amistad. Pero ni siquiera con los que tenemos más confianza hemos dado conciertos juntos fuera de festivales ni tocado en sitios parecidos. Existe la escena de The Windmill, y aunque nunca hemos tocado allí, suelen citarnos como parte de ella.
Florence: En cierto modo, debe significar algo.
Tom: Como si todos hubiéramos estado bebiendo de la misma fuente sin saberlo.
Florence: Pero no existía nada parecido a una comunidad. Probablemente todo sea resultado del hecho de que no hay comunidad (ríe a risotadas). Por eso todos hacemos esta música ligeramente distópica. ∎