La mirada analógica. Foto: Rosario López
La mirada analógica. Foto: Rosario López

Sintonizando a…

Leila Méndez: “No quiero ser rancia, pero hay cosas hiperproducidas que no puedo escuchar”

Desde Talk Talk hasta The Streets, desde Gainsbourg hasta Melenas, la playlist de la fotógrafa barcelonesa Leila Méndez traza un mapa emocional que dialoga con su ensayo “Disparos contados. Fotografiar con actitud analógica en la era de la inmediatez”: la búsqueda de pureza en tiempos de saturación, la defensa de la identidad propia frente al algoritmo, la vitalidad del error, la importancia de las colaboraciones y la conciencia de que documentar –ya sea con una cámara o con una canción– sigue siendo un acto profundamente humano.

En una época en la que la imagen se consume con la misma rapidez con la que se genera, Leila Méndez (Buenos Aires, 1972) apuesta por recuperar algo que parece casi subversivo: la pausa. “Disparos contados. Fotografiar con actitud analógica en la era de la inmediatez” (Anagrama, 2025), su ensayo, no es una elegía nostálgica del carrete, sino una defensa clara de la intuición, de la atención plena y del valor de lo imperfecto. En medio de la presión algorítmica y la tiranía de la inmediatez, Méndez reivindica una actitud analógica: concentrar la energía en el momento de la toma, aceptar la incertidumbre y confiar en el propio criterio, incluso cuando la pantalla ya no está para confirmarlo todo.

Esa misma actitud impregna la playlist que ha preparado para Rockdelux: una selección que funciona como un cuarto oscuro emocional, donde cada tema revela un pliegue distinto de su manera de mirar. Hay recuerdos de clubs y vinilos, pulsiones electrónicas moderadas “para pinchar, no para casa”, y canciones que, como sus fotografías, han envejecido bien. De Talk Talk a The Streets, de Gainsbourg a Melenas, Méndez traza un mapa sonoro que habla de pureza, paciencia, memoria y colaboración: ideas que atraviesan tanto su trabajo como su libro.

La playlist que has preparado tiene algo de ritual: de revelar, de desvelar. Es escénica, con humor y textura. ¿Cómo la planteaste?

Nada me puede gustar más que hacer una playlist. Justo esta mañana recordaba con una amiga una época en la que pinchábamos juntas. En los dos mil hubo una tendencia de que artistas pincharan, selectores, como se solía decir. Hacíamos esas sesiones en el Club 13, en Plaça Reial. Era ya más un club de baile, no un bar. Éramos un dúo muy ecléctico. Hacíamos pimpón al pinchar. Tengo muy buen recuerdo de preparar esas sesiones. No eran playlists: pinchábamos de verdad, mezclábamos de manera muy burda las dos. A veces con vinilo, según la temática, aunque no teníamos tanto material. Esta playlist la empecé pensando en cosas nuevas, y luego pensé: “No te hagas la moderna, que tienes 53 años; no intentes ser guay poniendo lo que escucha tu hija”. Así que intenté buscar canciones que envejecen bien, que me siguen sonando bien. Tengo gustos muy variados. Vengo del indie: esa es mi base. Tengo pasado mod, del que reniego totalmente –esas faldas de azafata…–, pero mi base es el indie. Viví una época muy guay de los noventa en la que el pop se mezclaba con la electrónica. Y luego ya fui full electrónica.

De la que no hay mucho aquí.

Muy poca electrónica, porque la concibo más para pinchar, no para escuchar en casa. También la uso cuando disparo en un rodaje: siempre electrónica, porque si no el equipo se me viene abajo. Pero para mí, cuando hablo de “tema”, lo concibo más para pinchar.

Ahora me has dejado con ganas de saber qué habrías puesto si hubieras hecho algo más moderno.

Yo qué sé… A mí el disco de rusowsky me parece muy guay. Creo que es una artista que no será flor de un día. Ya ha llenado sitios enormes: el WiZink –bueno, Movistar Arena–, una cosa gigantesca. Esto antes no ocurría. Esto solo pasa ahora. También me hacen gracia cosas más tontis, en plan pablopablo. Digo tonti porque es fácil, pero bueno, me hace gracia. Te diría mil cosas. Lo que pasa es que muchas no sé si aguantarán. Hay cosas que te hacen mucha gracia y te cansas enseguida.

“Esta playlist la empecé pensando en cosas nuevas, y luego pensé: ‘No te hagas la moderna, que tienes 53 años; no intentes ser guay poniendo lo que escucha tu hija. Así que intenté buscar canciones que envejecen bien, que me siguen sonando bien. Tengo gustos muy variados. Vengo del indie: esa es mi base”

¿La playlist es más un mapa emocional de lo que te gusta?

Sí, totalmente. El libro también podría tener muchas bandas sonoras diferentes, está ubicado en un momento de mi vida en el que empecé a disparar en analógico. He reconectado con ese momento. Yo aprendí en analógico y luego pasé al digital, una transición un poco farragosa. Tras muchos años disparando digital, echo de menos algunas virtudes del analógico, como la discontinuidad temporal: esas pausas que te dan un respiro para madurar. En la música también ocurre. Defiendo mucho la intuición. En el libro hablo de escucharla porque la tenemos tapada. Estamos tan pendientes de estadísticas de lo que funciona… Y la intuición siempre había estado ahí: al componer, algo te dice “por aquí voy bien”. Si dependiera de la IA, crearíamos hits todo el rato. Hay muchas cosas de los ochenta y noventa que envejecen muy bien; otras no tanto. Por ejemplo, el trip hop envejece mal.

Has incluido a uno de sus grandes exponentes.

Hombre, Massive Attack… pero eso es otra cosa, palabras mayores. Sigue siendo trip hop, pero trascienden. Aunque sí, hay bandas que ahora escucho y digo “uf”. Y es un sonido que no se está replicando tanto.

Tú hablas en tu libro de tomárselo todo con calma, de respetar el acto de fotografiar. ¿La paciencia de la música de Mark Hollis, de Talk Talk, se parece a lo que exige la fotografía analógica?

Sí, hay una similitud. En el libro subrayo mucho la actitud: puedes disparar digital con actitud analógica. Respetar los tiempos, confiar en tu criterio y hacer que los clientes confíen. Con el analógico, al no haber pantalla, el cliente confiaba en ti: era un acto de fe. Con la pantalla todo el mundo ve lo que haces y eso pervierte el proceso, a menos que te blindes. La actitud analógica también es concentrar la energía en la sesión, no en la posproducción. En música ocurre igual: tanto arreglo y tanta síntesis hacen que se pierda pureza. Para mí Talk Talk es la excelencia. “Spirit Of Eden” (1988) es un álbum redondo; no le pongo un pero. Mark Hollis estaba obsesionado con despojar la música de artificios, de buscar la pureza.

Fotografía y música. Foto: Rosario López
Fotografía y música. Foto: Rosario López

Las letras de Dan Bejar, Destroyer, evocan glamur y decadencia. Tu libro reflexiona sobre trabajar por cuenta propia y la lucha por sostener una vocación. ¿Sientes, como en la canción, que siempre hay esa tensión entre el romanticismo del oficio y la brutalidad de la economía que lo sostiene?

La fotografía vive un momento delicado, no solo por la revolución de la IA, sino por la precarización del oficio. Es brutal. Yo ya no soy precaria, imagínate. Pero sigo siendo muy guerrera: hay que defender una forma de trabajar. No hacer cosas gratis, no dejar que te atropellen. Tu oficio y el nuestro le gustan a todo el mundo: eso es un arma letal. Cuando yo empecé éramos menos fotógrafos y no había internet; entrar era complicado. La precarización actual es agónica. Pero hay que resistir.

Perdón por la pregunta trillada, ¿pero qué le augura a la fotografía con la IA?

Está en el libro. Sería absurdo no hablar de esto. La fotografía y el periodismo siguen siendo necesarios porque los humanos tenemos atributos que no hemos podido transmitir a la IA. Me gusta que algo huela a acabado humano. Igual que no me gusta el café de máquina. Creo que hay un valor intangible ahí. La IA no tiene bagaje, ni criterio, ni gusto. Lo que sale… en fin.

Trabajar por cuenta propia en fotografía exige ser creadora, editora, gestora, hasta comercial. ¿Te identificas con el espíritu de “soy todas las mujeres” de Chaka Khan?

Totalmente. En mi profesión soy economista, he hecho empresariales, hago de todo: mucha psicología, gestión… Es una mezcla de cultivar el talento y mantenerlo. Además, es aburrido hacer solo una cosa y que solo se te valore por esta cosa. Ahora se piden muchas habilidades. Cuanta más flexibilidad, multitasking y capacidad de regeneración y cambio mejor se sobrevive.

“La fotografía vive un momento delicado, no solo por la revolución de la IA, sino por la precarización del oficio. Es brutal. Yo ya no soy precaria, imagínate. Pero sigo siendo muy guerrera: hay que defender una forma de trabajar. No hacer cosas gratis, no dejar que te atropellen”

Antes me hablabas de una “playlist alternativa” moderna. Mencionaste a pablopablo y en la playlist final has puesto a Melenas.

Me hace gracia su cover del tema original (se refiere a “Eisbär” de Grauzone). Es difícil hacer un buen cover. Hubo una época en la que solo hacía playlists de covers. Han envejecido mal: ahora las oigo y me hacen sonreír, pero poco más. Tengo una hija de 17 años obsesionada con la música, es su única preocupación. Yo intento hablarle de la selectividad, pero ella está en el Festival B. Está tan al día que rechaza cualquier cosa que yo escuche si coincide con lo suyo. Piensa: “Mi madre es una ‘boomer’ de los cojones”. Lo entiendo. Compartimos Spotify y estoy mancillando su algoritmo para el wrapped. Estoy haciendo un mind fuck al algoritmo y eso mancha su reputación. Trabajando con gente joven me entero de cosas nuevas. He ido al Primavera Sound y he visto cosas que me gustan. Pero también muchas que no.

Tengo una hija de 5 años. En el coche se escucha lo que ella quiere. Me gusta que me cuentes esto porque me inquieta mucho cómo transmitirle una educación musical de la misma manera que mis padres hicieron conmigo. ¿Cómo se llega a todo eso?

No vas a llegar… o llegarás, pero mucho más tarde de lo que te piensas. Mi hija ha pasado por todas las fases, incluso Morad, que a mí me horrorizaba. Ahora ya lo ha superado y piensa que eso es básico y de gymbro. Tú vas metiendo cosas que van calando. Yo le ponía Sonic Youth y primero pensaba que era ruido. Ahora le encanta. Todo llega, pero tarda. Cuando son niños es más jodido: en los cumpleaños ponen música del infierno. Ya te llegará.

Vamos a The Streets, “Weak Become Heroes”. Pero te he de decir que yo hubiese puesto el remix de Röyksopp.

Iba a ponerlo, pero pensé en ser purista. Pero tengo que decir que el remix es mejor. The Streets y ese disco en concreto me marcó muchísimo. Conocí a Mike Skinner en Londres ese año. Me identifiqué. Hay algo británico ahí que no sé de dónde me viene sin ser yo nada de eso, pero me siento como en casa. Para mi generación, Londres era la cuna de todo.

Banda sonora y disparos. Foto: Rosario López
Banda sonora y disparos. Foto: Rosario López

Él inmortaliza la cultura rave y congela una escena en el tiempo. ¿La fotografía tiene también esa responsabilidad de atrapar subculturas antes de que desaparezcan o sean absorbidas?

Totalmente. Llevo tiempo con propuestas para sacar un libro de los dos mil porque tengo mucho material. Me da cringe, pero visto ahora tantos años después, sí, es el retrato de una época. El poder documental de la fotografía es lo que hará que siga viva. La IA puede hacer fake news, pero documentar de verdad, no. Ese poder de memoria se aplica igual que en la música.

Khruangbin & Leon Bridges, “Texas Sun”. Este tema fluye con languidez en colaboración. La fotografía puede ser solitaria, pero también muy comunitaria. ¿Cómo influyen las colaboraciones en tu visión, ya sea con sujetos, clientes o músicas de fondo?

Soy fotógrafa de encargo, siempre trabajo en equipo: director creativo, director de arte, mi equipo… Es colectivo. El retrato sí es más íntimo. En el libro hablo de una tendencia hacia lo colectivo. Venimos de mucho ego, pero eso se está disolviendo. Lo colectivo me interesa mucho, quizá también por supervivencia.

Terminamos con las imperfecciones. En la playlist hay canciones que reflejan eso: Momus, Santo & Johnny. ¿El analógico es una defensa de la imperfección?

A veces rechazo cosas que suenan tan hiperproducidas… Hay artistas que no puedo escuchar por eso. No por ranciedad, no quiero ser rancia. Es que el ser humano empatiza con el error. Todo lo creado durante siglos (pintura, música, fotografía) tiene gusto por el error. Incluso en la IA estamos añadiendo error porque lo demasiado pulido produce rechazo. En fotografía el error se ha buscado mucho; es parte del encanto del analógico. Y no hablo del crepitar del surco del vinilo y ponerse nostálgica: no voy por ahí. ∎

Playlist / Sintonizando a… Leila Méndez


  1. Talk Talk “Such A Shame” (de “It’s My Life”, 1984)
  2. Aldous Harding “The Barrel” (de “Designer”, 2019)
  3. Brigitte Bardot y Serge Gainsbourg “Bonnie And Clyde” (de “Bonnie And Clyde”, 1968)
  4. Destroyer “Tinseltown Swimming In Blood” (de “ken”, 2017)
  5. Men Without Hats “The Safety Dance (Extended Club Mix)” (del maxi “The Safety Dance (Extended Club Mix)”, 1982)
  6. The Beloved “The Sun Rising” (de “Happiness”, 1989)
  7. Cocteau Twins “Cherry-Coloured Funk” (de “Heaven Or Las Vegas”, 1990)
  8. Chaka Khan “I’m Every Woman” (de “Chaka”, 1978)
  9. Melenas “Osa polar” (del single “Osa polar”, 2021)
  10. Air feat. Beth Hirsch “All I Need” (de “Moon Safari”, 1998)
  11. Massive Attack “Unfinished Sympathy” (de “Blue Lines”, 1991)
  12. The Streets “Weak Become Heroes” (de “Original Pirate Material”, 2002)
  13. Bill Callahan “Javelin Unlanding” (de “Dream River”, 2013)
  14. Khruangbin & Leon Bridges “Texas Sun” (del EP “Texas Sun”, 2020)
  15. Helado Negro “País nublado” (de “This Is How You Smile”, 2019)
  16. Lee Moses “Bad Girl (Part 1)” (del single “Bad Girl”, 1967)
  17. Santo & Johnny “Sleep Walk” (de “Santo & Johnny”, 1959)
  18. Momus “I Want You, But I Don’t Need You” (de “Ping Pong”, 1997) ∎
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