Robert Del Naja, de Massive Attack, fue detenido en una protesta contra la prohibición de Palestine Action. Foto: Lucy North (Getty Images)
Robert Del Naja, de Massive Attack, fue detenido en una protesta contra la prohibición de Palestine Action. Foto: Lucy North (Getty Images)

Informe

Músicos en tiempos de activismo: la realidad toma el foco

“¿De qué lado estás?”, cantaban The Strokes al cierre de su concierto en la pasada edición del festival Coachella. Cuando el mundo se sumerge en una nueva guerra, mientras el genocidio en Gaza continúa, al igual que los horrores en Ucrania o Sudán, la cultura se ha activado como nunca antes. Mientras gobiernos criminalizan la protesta y grandes medios sucumben a los capitales, bandas como Massive Attack, KNEECAP o Geese vienen denunciando no solo desde los escenarios, sino también a través de firmas, boicots, medidas de presión y formas de defensa ante la censura y la intimidación.

“Solo quiero decir: ¡Free Palestine! ¡Fuck ICE! ¡RIP, Mani! ¡Vamos, Geese!”, espetó el baterista de la banda neoyorkina Geese, Max Bassin, al recoger el premio al mejor grupo internacional en los BRIT Awards, el pasado 28 de febrero. Aquel mes se había iniciado con escenas similares al otro lado del Atlántico, con Bad Bunny y su “fuera ICE”, “no somos salvajes”, en la entrega de los premios Grammy. O Billie Eilish recalcando que “nadie es ilegal en tierra robada” en la misma ceremonia. Luego llegaron los Óscar, donde Javier Bardem soltó su “no war, free Palestine”, luciendo el mismo pin de “No a la guerra” de hace 13 años en contra de la entrada estadounidense en Irak.

Acciones parecidas proliferan en las alfombras rojas, por mención expresa –en la entrega de los Goya– o forzada omisión –en la Berlinale–, mientras se recaudan fondos en conciertos solidarios por Palestina o Sudán, con entradas agotadas en Together For Palestine en Londres, en el ACT X PALESTINE” de Barcelona o en Artists For Aid de Los Ángeles. El mundo de la música está más movilizado que nunca y hasta artistas tradicionalmente menos “comprometidos” se vienen posicionando. ¿Activismo real u oportunismo? ¿Parte del rol del artista o marketing?

Desde veteranos activistas como Tom Morello hasta artistas más jóvenes como Olivia Rodrigo, Mustafa o Cameron Winter se manifiestan y denuncian; adaptan letras, como Green Day y su “American Idiot” de la Super Bowl; o crean títulos, como “Streets Of Minneapolis”, escrita por Bruce Springsteen días después de los asesinatos a manos del ICE de Alex Pretti y Renée Good.

The Strokes cerraban su concierto en el festival Coachella con el estribillo “What side are you standing on?” de “Oblivius”, mientras en las pantallas se sucedían imágenes de líderes derrocados con intervención de la CIA hasta llegar a los bombardeos en Palestina e Irán y el demoledor final: “La última universidad en pie en Gaza” y su explosión.

The Strokes: “Oblivius”, en Coachella 2026: “What side are you standing on?”.

De mal en peor

Fuera de los escenarios, 2026 comenzó marcado por la escalada de conflictos activos y latentes y el recrudecimiento de diferentes crisis humanitarias. En Gaza, un nuevo informe de Naciones Unidas alerta sobre la limpieza étnica de los palestinos por parte de Israel, mientras los asesinatos a civiles continúan a pesar del alto al fuego, con más de 730 nuevas víctimas. La agresiva expansión de los colonos sigue agravándose en la Cisjordania ocupada, al tiempo que Israel reactiva el registro de tierras, paralizado desde 1967.

Ucrania conmemoró este febrero el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala, registrando más de 2500 civiles muertos durante el año 2025, el más letal desde 2022. En Sudán, un informe de la ONU encontró indicios de otro genocidio. Y mientras en Estados Unidos persisten las protestas por los excesos de ICE y los escándalos por los archivos de Epstein aún no arrojan consecuencias, el gobierno de Donald Trump inició con Israel un “ataque preventivo” a Irán. Bautizado como “Furia Épica”, dejó más de 170 niñas asesinadas tras el primer bombardeo y ya no muestra señas de pronta resolución, sino la extensión de los ataques de Israel y su estrategia de desplazamientos al Líbano.

Ante tal panorama, no es casual que los pronunciamientos se hayan intensificado. Más aún cuando los medios de grandes potencias censuran voces críticas –un estudio muestra el sesgo sistemático de la BBC respecto a Gaza– y grandes tecnocapitalistas afines a Trump, como Elon Musk, Jeff Bezos o Larry Ellison, siguen apropiándose de los principales conglomerados mediáticos.

Visibilización, denuncia y movilización

El año 2025 supuso un punto de inflexión especialmente para la causa Palestina. El número de víctimas –que hoy asciende a más de 70.000– y dos nuevos informes de Naciones Unidas, confirmando el genocidio y desvelando los intereses económicos que sustentan el “proyecto colonial israelí”, dispararon la indignación internacional y generaron la mayor movilización cultural hasta ahora.

“La brutalidad del ataque israelí contra Gaza, la hambruna deliberada que ha azotado a la población y las descaradas declaraciones públicas de ministros israelíes que abogan por la limpieza étnica” han resquebrajado el miedo y las dudas, escribía Brian Eno. El músico impulsó en Londres uno de los mayores eventos benéficos a la fecha, Together For Palestine, con más de 67 artistas y activistas, incluyendo a Massive Attack, Damon Albarn, James Blake y Hot Chip, los palestinos Adnan Joubran y Faraj Suleiman, el actor Benedict Cumberbatch y el superviviente del holocauto Stephen Kapos.

La prohibición del ingreso de la prensa internacional y el asesinato de periodistas palestinos vienen impidiendo la cobertura en Gaza, facilitando la desinformación y la deshumanización, como advierte la ONU. El irreal cese al fuego y el surgimiento de otras noticias, como los archivos Epstein o la guerra con Irán, han desplazado a Palestina de los grandes titulares. Ante esto, numerosos artistas resaltan la necesidad de seguir denunciando la crisis humanitaria y dar visibilidad a las voces palestinas, como ocurrió en el ACT X PALESTINE de Barcelona.

El 29 de enero de 2026, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, se celebró ACT X PALESTINE.
El 29 de enero de 2026, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, se celebró ACT X PALESTINE.

Así, músicos como Morello, Roger Waters, Robert Del Naja o Annie Lennox, que llevan décadas manifestándose contra el racismo, la guerra o en defensa de los derechos humanos, han reforzado sus acciones. La cantautora Carsie Blanton incluso se embarcó en La flotilla Global Sumud. Y mientras las bandas lanzan consignas desde los escenarios, los temas reivindicativos y lanzamientos benéficos continúan, como “Lullaby” o el álbum “HELP(2)”, que ha sido impulsado por la organización War Child, y que incluye más de 20 canciones, entre ellas la versión de Olivia Rodrigo de “The Book Of Love”, original de The Magnetic Fields.

Olivia Rodrigo versionando a The Magnetic Fields (“The Book Of Love”) en “HELP(2)”, disco colaborativo auspiciado por la ONG War Child.

Las acciones de denuncia y presión son las que más se han intensificado, señalando “instituciones y gobiernos cómplices” que, en casos como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, vienen tomando incluso medidas de criminalización de la protesta. De hecho, Robert Del Naja, líder de Massive Attack, fue detenido en una protesta contra la prohibición de Palestine Action –declarada ilegal por el Tribunal Superior– días antes del lanzamiento de “Boots On The Ground”, su colaboración con Tom Waits denunciando el autoritarismo estatal y la creciente militarización de las fuerzas de seguridad en la era de Trump.

El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones, BDS, inspirado en el movimiento sudafricano contra el apartheid, es el que ha tomado mayor impulso, reforzado por otras iniciativas de denuncia del genocidio y su encubrimiento cultural. No Music For Genocide reúne a más de 1000 artistas como Massive Attack, Fontaines D.C, Primal Scream, Björk o IDLES, que han bloqueado el acceso a su música en Israel. “La cultura no puede detener las bombas, pero puede ayudar a rechazar la represión, orientar la opinión pública hacia la justicia y negarse a que el arte encubra cualquier empresa o nación que cometa crímenes de lesa humanidad”, decía su comunicado.

Más de 900 músicos lanzaron una campaña para que la promotora de conciertos Live Nation cese operaciones en Israel y otro gran número ha abandonado Spotify por las inversiones de su CEO en tecnología militar. Por último, a pocos días de la celebración de Eurovisión, más de 1100 artistas y trabajadores de la cultura han llamado a su boicot.

¿Al margen de la política?

El mundo de la música es uno de los que más se ha pronunciado sobre Gaza, sumando unas 7800 firmas de las más de 16.000 registradas en once cartas analizadas por la televisión ‘Al Jazeera’, exigiendo el alto al fuego, el fin del genocidio, el acceso humanitario a Gaza o el cese del suministro de armas a Israel. Las peticiones de Artists4Ceasefire y, sobre todo, Musicians For Palestine destacaron por multitudinarias. En 2026 se van sumando otras, reclamando la restauración de la atención médica en Gaza o en respaldo a la relatora de la ONU, Francesca Albanese, por las falsas acusaciones en su contra.

La industria del cine se activó especialmente desde septiembre de 2025 cuando más de 5000 profesionales se comprometieron, en Film Workers For Palestine, a no colaborar con instituciones israelíes “implicadas en el genocidio”. El 2026 llegó con unos premios Goya marcados por la solidaridad con Palestina y la edición más polémica del festival de Berlín, cuando el presidente del jurado, el director Wim Wenders, afirmó: “Debemos mantenernos al margen de la política”.

Estas y otras declaraciones a favor de un “arte apolítico” generaron una ola críticas y una carta de protesta de más de 100 artistas, aclarando que “no se puede separar una cosa de la otra” e instando a la Berlinale a condenar el “genocidio israelí”, como antes manifestó su solidaridad con Irán y Ucrania.

Desde entonces muchos han recordado al filósofo Walter Benjamin (1892-1940) respecto a que todo arte es intrínsecamente político al estar inserto en un contexto social y determinadas relaciones de poder. “Todas las películas y todas las historias son políticas, porque o bien refuerzan el estatus quo, o lo cuestionan”, destacó Susan Sarandon, antes de recibir su premio Goya.

“Muy a menudo, la prensa alemana dice: ‘Cállate y haz tu música’. Es muy condescendiente y muy frustrante para alguien que creció en Israel”, advirtió la música, poeta y artista visual Mary Ocher, nacida en Rusia, criada en Tel Aviv y residente en Berlín, tras rechazar el servicio militar en las Fuerzas de Defensa de Israel. “Cada vez que veo a un artista afirmar que el arte no es político, me resulta un poco vergonzoso. La política nos ofrece un sinfín de posibilidades. Si lográramos salir de las narrativas personales, podríamos unirnos al ver lo jodido que está todo”, recalcó. “Hoy más que nunca, el arte es política porque no se puede hacer arte en un estado fascista”, reiteró en los BRIT Awards la cantante irlandesa CMAT.

Declaraciones de artistas comprometidos durante los BRIT Awards 2026, con CMAT a la cabeza.

Más allá de pronunciamientos

“El mayor riesgo para la reputación podría provenir ahora de no hablar abiertamente sobre Palestina”, advertía Brian Eno. En tiempos tan convulsos, han sido muy comentados los silencios o mensajes ambiguos de artistas como Rosalía, Radiohead o Taylor Swift, mientras que otros han sido criticados por oportunistas: el EP “Days Of Ash” (2026) de U2 se ha visto como un intento de ganar relevancia capitalizando todas las causas en boga. No obstante, cada vez más artistas se movilizan, incluso enfrentando cancelaciones, represalias y hasta procesos administrativos o penales.

Este marzo, el cantante de KNEECAP, Mo Chara, fue finalmente librado de cargos de terrorismo –por un tecnicismo– al ser rechazada la apelación de la fiscalía británica. “Todo este proceso nunca se trató de mí, ni de ninguna amenaza para la población, ni de terrorismo”, declaró al salir del tribunal. “Todo se trataba de Gaza, de lo que ocurre si te atreves a alzar la voz”. Meses antes, Massive Attack, Brian Eno, Fontaines D.C. y KNEECAP crearon un sindicato para proteger a artistas de intentos de censura o cancelación, por parte de la industria o a través de organizaciones como UK Lawyers For Israel, denunciada por acciones intimidatorias.

Mo Chara (KNEECAP), en agosto de 2025, saliendo del tribunal de Westminster en Londres. Foto: Carl Court (Getty Images)
Mo Chara (KNEECAP), en agosto de 2025, saliendo del tribunal de Westminster en Londres. Foto: Carl Court (Getty Images)

“No debemos temer lo que pueda suceder si alzamos la voz; debemos temer lo que sucede si guardamos silencio”, decía Bobby del dúo Bob Vylan, investigado el año pasado y cuyo caso analizamos en este artículo. En una manifestación en París, instaba a los músicos a involucrarse, a “compartir publicaciones y denunciar las atrocidades”, a promover “organizaciones que luchan por ponerle fin” y amplificar las voces de palestinos sobre el terreno. “Asiste a las manifestaciones. Anima a tu público a protestar y boicotear. Son formas de ofrecer nuestra plataforma a quienes luchan más directamente”, apuntaba.

Este año se celebra en Londres el 50º aniversario del icónico Rock Against Racism, mientras conciertos grandes y pequeños, marchas, protestas y eventos solidarios siguen extendiéndose por el mundo, ahora también contra la guerra en Irán. “Cada acto artístico es un acto de resistencia”, dijo Tom Morello en Lollapalooza Chile, declarando “luchadores antifascistas” a los asistentes. “Soy guitarrista y es mi responsabilidad integrar mis convicciones en lo que hago. Es responsabilidad de todos. Tienes que encontrar maneras de generar el tipo de cambio que te gustaría ver”, recalcaba en una entrevista.“Cada acto de valentía, cada momento de solidaridad ayuda a preservar nuestra humanidad y nos conduce hacia la justicia colectiva”, decía Francesca Albanese en su intervención en Together For Palestine. Cuando los gobiernos están fallando en aplicar las leyes internacionales, “nos corresponde a nosotros, los pueblos, arreglarlo”, advertía. Resaltaba dos elementos para lograrlo: reclamar “el acto radical de soñar”, “imaginando un futuro diferente más justo y amoroso en Palestina y nuestras comunidades”, y actuar, “exijan más a sus representantes. Interrumpan, hagan huelga, boicoteen, hablen... No tengan miedo a perder, si suficientes de nosotros perdemos solo algo, todos ganaremos”. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.