Wet Leg, a todo trapo. Foto: Marina Tomàs
Wet Leg, a todo trapo. Foto: Marina Tomàs

Festival

Primavera a la Ciutat (3 de junio): diversión con arte

En su programa de ayer, Primavera Sound repartió juego entre las salas adscritas al ciclo Primavera a la Ciutat y la jornada de bienvenida en el Parc del Fòrum. Mucho ruido del bueno –por cortesía de Mogwai, Model/Actriz, Melt-Banana o Yard Act– y muchas nueces de cosecha reciente –Spirit Blue, KeiyaA, Cara Delevingne, Dexter In The Newsagent– articulando esa labor de divulgación y apuesta que debe acompañar a cualquier festival que aspire a trascender lo previsible. También fue la noche del impresionante debut de Geese, programados para hoy en el Fòrum.

Cara Delevingne

“Siempre ha sido mi mayor temor y mi mayor amor”, ha confesado más de una vez Cara Delevingne sobre su relación con la música. Es una de las modelos dosmileras más icónicas y cotizadas. Cansada de las pasarelas y las campañas publicitarias, dio el salto al mundo de la interpretación. La hemos visto en mogollón de pelis y series. Si os pica la curiosidad, las tenéis todas perfectamente referenciadas en IMDB. Aburrida de ser actriz, se ha pasado a la música, desde siempre su gran temor, su gran amor. La de ayer era una especie de cita a ciegas, pues más allá de los fragmentos que ha compartido en redes de los que serán sus primeros sencillos, “I Forgot” y “Out Of My Head”, nada más sabíamos de la Delevingne música. Gracias por haber venido a verme sin tener ni idea de cómo suena mi música”, dejó dicho tras la tercera o la cuarta canción. “Hoy es un día superespecial, en el que surgen todas las dudas y te falta la confianza, pero ahora y aquí, con todos vosotros, no podría ser más feliz”, aseguró. Y sonrió con los ojos brillando y dibujó un corazón con los dedos. En La Nau la acompañaron dos chicas enfundadas en monos de trabajo de un blanco nuclear y frontal luminoso en la cabeza. Colocadas cada una a un lado del escenario, ocultas tras una montaña de teclados y sintetizadores, se encargaron de recrear un muestrario de melodías que van a rebufo de las grandes divas del pop actual: Charli XCX, Taylor Swift, Dua Lipa... Pop electrónico que, cuando tiende a la pista de baile, muestra su perfil más atractivo con un par de canciones que son pepinazos, pero que en su lado más azucarado resuena como la banda sonora de una serie adolescente de Disney. Sin más. Oriol Rodríguez

Cara Delevingne: buscando su camino. Foto: Óscar García
Cara Delevingne: buscando su camino. Foto: Óscar García

Del Gesù

Del Gesù fue uno de los luthiers italianos más famosos de la historia y su “nombre artístico” deriva de la etiqueta que incluía en el interior de sus instrumentos, donde firmaba con el monograma de Cristo (IHS) y una cruz. La historia mola, pero no será él quien ponga las primeras notas a la velada en La Nau. Del Gesù, ahora, son él y ella. Él, descalzo y oculto tras la capucha de su sudadera, se encarga de las voces. Bramidos que, acompañados de bailes que más bien son convulsiones epilépticas, por momentos rozan el llanto de un demente. Ella acaricia un violín del que hace brotar notas disonantes. Con ellos, la máquina, amplificando una electrónica experimental, minimalista y ambiental. Rozan lo místico y lo divino. En otro entorno, podría ser una experiencia religiosa. Oriol Rodríguez

Del Gesù, pócima mística. Foto: Óscar García
Del Gesù, pócima mística. Foto: Óscar García

Dexter In The Newsagent

La británica Charmaine Ayoku, visiblemente emocionada durante su breve concierto en La (2) de Apolo, dio más un showcase que un concierto, luciendo especialmente las canciones de su mixtape de debut, “Time Flies” (2025), e impulsada por su actuación dentro de la plataforma COLORS. Todo fue algo caótico, pero también muy fresco y dinámico para el poco tiempo que tuvo, apenas 40 minutos: sacó la guitarra para deshacerse en momentos más íntimos, pero también supo poner a su DJ a bailar con ritmos rotos que recordaron a la primera Jorja Smith, a la de “Blue Lights”, entre el garage suave y el neosoul. Sus temas antiguos se pueden enmarcar más en el bedroom pop o en ese soul británico soleado con alma radiofónica y popera –“More To Me”, por ejemplo– y adquieren una dimensión más bailable y progresiva cuando crecen en directo y levantan la energía en una noche en general quizá demasiado relajada. Diego Rubio

DJ Python

Da gusto ver a los buenos DJs hacer lo que saben hacer: cualquiera podría haber pensado que DJ Python –Brian Piñeyro– se dejaría llevar por su versión reposada, vaporizada y sedosa del reguetón y del deep house en su cierre de La (2) de Apolo; o que optaría por una faceta más muscular relacionada con su último lanzamiento, “Bborn Again” (2026), en trío con DJ Plead y Piezo... Pero no fue ni lo uno ni lo otro, sino una curiosa mezcla entre los dos: al principio insinuó ritmos sincopados de reguetón y dembow bajo instrumentales punk; después se sacó de la maleta voces fantasmagóricas y sintetizadores ochenteros de baja fidelidad y alguna joya oculta de Helen Island como “It’s So Easy”, y luego se fue adentrando en una maraña de ritmos profundos y desacompasados, entre dubstep tropical y house elegante por momentos furioso, confrontando reguetón fractal con el “Summertime Sadness” de Lana Del Rey y terminando insinuando los tiros al aire del “Paper Planes” de M.I.A. Fue realmente entretenido, aunque también un poco funcional, y la verdad es que un remix o alguna sorpresa relacionada con temazos como “Pez” o “Wisco” –ausentes pese a estar recién estrenados– hubiera entrado de maravilla. Diego Rubio

Guitarricadelafuente

Guitarricadelafuente apareció en el escenario Estrella Damm del Parc del Fòrum con una camiseta en la que podía leerse “Dreamer” y unos shorts iluminados desde dentro. Una imagen extraña, a medio camino entre alumno del Liceo Francés que se ha escapado de clase y estrella pop perfectamente consciente de cómo ocupar una pantalla gigante. A lo largo del concierto se cambió de ropa hasta tres veces, reforzando la sensación de que cada bloque de canciones representaba un capítulo distinto de una misma historia. Había llegado al Fòrum la estrella pop de la nueva generación El repertorio estuvo marcado por los temas de “Spanish Leather” (2025), su segundo álbum. Sonaron canciones como “Futuros amantes” y “Port Pelegrí”, pero el momento culminante llegó con “Full Time Papi”, cuando Bad Gyal apareció a través de las pantallas para acompañarlo, desatando una de las mayores ovaciones de la noche. Entre canción y canción, se dirigió al público en catalán y agradeció a Barcelona el cariño recibido durante todos estos años, asegurando que la ciudad siempre lo había acogido como a un hijo propio. Fue uno de los momentos más sinceros de una actuación marcada por la conexión emocional con los asistentes. Sin embargo, los instantes más memorables llegaron cuando decidió reducir la escala del espectáculo. La interpretación acústica de “Guantanamera” dejó al descubierto una de sus principales virtudes: una voz capaz de sostener por sí sola la atención de un festival entero. Más tarde bajó por la pasarela para cantar “Agua y mezcal” rodeado de público, transformando durante unos minutos un escenario masivo en algo parecido a una reunión íntima. Guitarricadelafuente ya no es únicamente aquel joven que reinterpretaba la tradición desde la habitación de su casa y llegaba a través de Instagram. Hoy es un artista capaz de ocupar uno de los principales escenarios del Primavera Sound, hacer gritar a miles de personas y convertir la intimidad en un espectáculo multitudinario. Laia Marsal

Guitarricadelafuente: confirmación global. Foto: Marina Tomàs
Guitarricadelafuente: confirmación global. Foto: Marina Tomàs

Hannah Diamond

El pop contemporáneo no se entiende sin ese laboratorio de ideas que fue PC Music, y no hay rostro que defina mejor la estética del sello de A.G. Cook que Hannah Diamond, esa diva hyperpop que borra la frontera entre lo humano y lo virtual. El cierre de la jornada en la sala Apolo, ya de madrugada, llegó con un torbellino de nostalgia y melancolía bailable. Dos canciones de su aclamado “Perfect Picture” (2023) –“Poster Girl” y “Affirmations”– para empezar y poner en marcha esa especie de karaoke futurista que son sus directos. Ella, sola en el escenario, bañada por el rosa chicle corporativo de sus visuales en un espectáculo en apariencia perfectamente milimetrado para mantener esa ilusión de perfección digital y estética de alta saturación. Pero a medida que avanzaron los temas, desde “Concrete Angel” a esa “Paradise” que comparte con Charli XCX o “I’m The One / I’m The Sun”, lo orgánico y lo procesado se fundieron en un torbellino hyperpop más techno, pistero y acelerado. Cesc Guimerà

Hannah Diamond, diva hyperpop. Foto: Rosario López
Hannah Diamond, diva hyperpop. Foto: Rosario López

KeiyaA

Una controladora, muchos loops y una actitud desafiante que marcó todo el show. KeiyaA –Chakeiya Camille Richmond– cumple a priori con el tópico de artista R&B estadounidense –entre cantante intensa y rapera contundente, entre divas noventeras y SZA–, pero realmente está más alineada con los preceptos sonoros de la Kelela del sello Warp: no hay por qué cantar bien siempre, y a veces es hasta bueno gritar y desafinar; no hay por qué recostarse demasiado en melodías soleadas y no hay por qué mantener activos los mecanismos de la dopamina emocional rápida. Su concierto en La (2) de Apolo, sola sobre el escenario, fue breve, conciso y muy evocador, manteniendo una constante melódica como hilo pero desplegándose entre beats rotos y ritmos que tienen, realmente, mucho más que ver con la IDM o con el trap deconstruido que con un R&B canónico. Diego Rubio

Melt-Banana

Es encomiable la longevidad del dúo nipón, en liza desde 1992. Innegable, visto lo visto en la sala Apolo, el magnetismo inalterado por el paso del tiempo. Ya desde el momento de su irrupción, entonces como cuarteto, llamaron la atención occidental hasta el punto de que Steve Albini les produjo su debut “Speak Squeak Creak” (1994). Ahora dúo, Yasuko “Yako” Onuki y Ichirou Agata, desprovistos de bajo y batería y armados con un arsenal de bases programadas que van lanzando para formar aturdidores torrentes sonoros. Pop acelerado hasta los límites de lo imaginable, casi a la velocidad de la luz, como la voz de Yako, que proyecta a un ritmo casi absurdo, ininteligible, mientras Agata –como siempre enfundado en su máscara quirúrgica que ya es un rasgo distintivo irrenunciable– consigue con una guitarra eléctrica tradicional y una técnica de púa salvaje lanzar un ruido abstracto. Se presentan sobre el escenario con un prehistórico videojuego 8 bits sonando a través de unos auriculares crujidos, pero es una mínima concesión antes de su catarsis ruidista, un caos controlado y atronador, para dejar patente que el noise-punk nipón y el cybergrind siguen latentes. Eminencias del noise. Cesc Guimerà

Melt-Banana, tsunami de ruido. Foto: Rosario López
Melt-Banana, tsunami de ruido. Foto: Rosario López

Model/Actriz

No habían transcurrido diez minutos de su concierto en la sala Apolo y Cole Haden ya era uno más del público. La fama de la puesta en escena sumamente teatral, intensa y magnética es de sobras conocida desde la irrupción del cuarteto de Brooklyn con “Dogsbody” (2023). La performatividad siempre ha sido uno de los fenómenos más magnéticos del underground. Tan física como psicológica, la extravagancia implacable de Haden, su teatralidad cargada de artificiosidad consciente rompe con la masculinidad ruda y agresiva del post-punk. También con la jerarquía. No surfea altivo en el público, se integra al colectivo. Se funde en una particular celebración en la que el ruido industrial se abraza de forma extraña con la euforia pop para dar lugar a una extraña catarsis colectiva. Su dance-punk frenético sitúa a Model/Actriz en el extremo más experimental de la escena neoyorquina, con Liars como el referente más directo, consagrados al rock experimental y al post-punk, con un imaginario para el ruidismo extremo, la rítmica perturbada y las desviaciones bailables, tomado a partes iguales de aquellos primeros dosmiles en la Gran Manzana o del estruendo desafiante de la no wave de finales de los setenta. Ritmos maníacos, repetitivos e industriales desde la entrada en escena con una “Vespers” que se cuece a combustión lenta y “Mosquito”, que es toda una ráfaga de pura energía cinética. En dinámica de festival, no hubo tregua. Una decena de canciones en un show sudoroso con “Cinderella” y “New Face” en el rush final. Cesc Guimerà

Model/Actriz: NYC boys. Foto: Rosario López
Model/Actriz: NYC boys. Foto: Rosario López

Mogwai

Prácticamente circunscritos a los festivales de gran formato, es un auténtico lujo disfrutar de los escoceses Mogwai en sala en un único concierto en Barcelona dentro de la programación del Primavera a la Ciutat, ya que ni siquiera forman parte del cartel del recinto del Fòrum. Agradeciendo continuamente a la audiencia su presencia y con una bandera palestina sobre el ampli y una kefia en el pie de micro, Stuart Braithwaite ejerció de maestro de ceremonias en la sala Razzmatazz, dirigiendo a la guitarra las derivadas melódicas del reciente doble LP “The Bad Fire” (2025), que, con teclados y efectos, intentó esquivar la consabida estructura de toboganes sónicos a base de calma y ruido. “The Bad Fire” protagonizó el setlist con hasta cuatro temas, que no desentonaron y contribuyeron a oxigenar el repertorio. Así, me gustó mucho el aire a “The Diamond Sea” de Sonic Youth en “Hi Chaos” y, sobre todo, como “God Gets You Back” encajó con el final de “New Paths To Helicon, Pt. 1”, con Stuart sentado dibujando las míticas líneas de bajo del tema editado en 1997. Pero el sello de la casa son esas clásicas tormentas de riffs donde Braithwaite siempre acaba pidiéndole al técnico que lo suba todo “al 11” como en el chiste de Spinal Tap, y que dan sentido a míticas descargas como “Mogwai Fear Satan”, que descoyuntaron oídos y cervicales una vez más. Como despedida, un descomunal bis con una extensa toma de “My Father, My King” iniciada sin proyecciones y culminada con un aquelarre sónico con los tres guitarristas estrujando sus instrumentos y pedaleras hasta el clímax final, con los músicos abandonando el escenario uno a uno conscientes y orgullosos del trabajo bien hecho. Half Nelson

Mogwai, clásicos sin moho. Foto: Clara Orozco
Mogwai, clásicos sin moho. Foto: Clara Orozco

Ouineta

Ouineta abrió la jornada inaugural en el Fòrum con una puesta en escena marcada por su frescura y energía. Con un sol que aún pegaba fuerte, Marta Ros apareció sobre el escenario luciendo un vestido rosa chillón, imagen que encajó con el carácter desenfadado y colorista de su propuesta. Al principio no había mucha gente, pero poco a poco se fue llenando de fans jóvenes que tarareaban sus temas mientras bailaban con alegría. En el concierto destacaron las canciones de “Ouineta Verificada” (2026), su reciente álbum. A lo largo de la actuación sonaron temas como “Buganvilla”, “Ves-te’n de la festa”, “La roda”, “DMs” y “Bikini Kill”. Curioso ver cómo los fans usaban Shazam en pleno concierto y las encontraban. Uno de los momentos más destacados llegó con la interpretación de “Va x tu” junto con Maria Jaume. Más adelante, Mushkaa se sumó al concierto para interpretar “NOIS”, una de las colaboraciones más celebradas de la noche que reforzó la complicidad en el escenario. Con una propuesta que mezcla pop en catalán y electrónica, Ouineta consiguió conectar con los fans adolescentes amantes de las coreografías y de los abanicos de colores. Laia Marsal

Ouineta, producto local. Foto: Marina Tomàs
Ouineta, producto local. Foto: Marina Tomàs

Serpent

El turno de noche en la sala Apolo prometía ruido a raudales y la formación local de post-hardcore fue la encargada de preparar el terreno. Serpent es un grupo con miembros curtidos en la escena barcelonesa, con años picando piedra en el underground catalán. Cobijo en el sello BCore y la herencia de todo aquello iniciado en los noventa que va desde Washington D.C. hasta Sant Feliu de Guíxols. La misma sensación de intensidad física que transmiten sus discos, especialmente su último “Absolutisme zen” (2026), más hiriente y agresivo, la plasman sobre el escenario con canciones que son golpes de realidad rabioso. De principio a fin. De “Mai ningú enlloc” al cierre con “Himne nacional”, que es todo un dardo al lado oscuro de lo nostrat. Y como no hay hardcore sin mensaje, Sergi “Beni” Bertrán reivindicó la pequeña escena local, que puede coexistir con un festival referente global como el que nos ocupa, y el idioma para aquellos que no acabaran de pillar que se cantaba debajo esas guitarras frenéticas y esa batería pesada: “it’s catalan” y sí, “it’s fucking beautiful”. Cesc Guimerà

Serpent: post-hardcore hiriente. Foto: Rosario López
Serpent: post-hardcore hiriente. Foto: Rosario López

Spirit Blue

Era la primera vez en Barcelona del dúo londinense formado por los misteriosos Impey y Sleepie, y realmente una de las primeras también fuera de la burbuja de pop fantasmagórico que los ha acogido en la capital del Reino Unido y en el seno de la emisora de radio NTS: en La (2) de Apolo se hicieron corpóreos, pero solo de forma figurada; en lo literal, Spirit Blue renuncian a cualquier anclaje físico y se abandonan a una nebulosa etérea de dream pop gótico y oscuro, impulsada por guitarras puntiagudas bañadas en reverb, voces venidas de otro plano, lamentos melódicos y pulsos ralentizados y cannábicos. Son mejores, sin embargo, en los interludios de las canciones, en la forma de enlazarlas, que cuando enfrentan las convenciones sin más, y es ahí donde quedó espacio para intensidades mayores. Terminaron con una canción nueva, escrita hace pocas semanas, que los ve enfrentar dinámicas más móviles. Pero, de nuevo, demostraron que son más certeros cuando no lo son. Mucho futuro aquí. Diego Rubio

Wet Leg

Wet Leg salieron al escenario de Estrella Damm con aquella tranquilidad de quienes ya han pasado por plazas gigantes como Coachella y saben qué hacer con una multitud dispersa. A las 21:55, cuando arrancaron los primeros acordes de “Catch These Fists”, la banda británica dejó claro que estaba allí para conquistar y domar al Fòrum. Partiendo de una base heredera del rock alternativo de los noventa, con influencias de Elastica, Veruca Salt o Sleeper, Wet Leg han creado una identidad propia basada en el descaro, el sentido del humor y una mirada crítica hacia las relaciones sentimentales actuales. Sus canciones están llenas de ligones ridículos, conversaciones incómodas y pequeñas miserias cotidianas convertidas en himnos para toda una generación, recordando a Pulp en su ironía. La cantante Rhian Teasdale proyecta una imagen de fuerza que nos dejó impactados: corre, baila, se agacha, desafía al público y ocupa cada rincón del escenario como si hubiera nacido para actuar frente a miles de personas. Sin embargo, esa presencia casi animal contrasta con una forma de cantar que a menudo se acerca al spoken word más íntimo, creando un contraste entre vulnerabilidad y actitud que la hace poderosa y sensual a la vez. Wet Leg sonaron compactas, precisas y tremendamente efectivas. Cada canción encontraba una respuesta inmediata en un público que celebró tanto los temas más conocidos como las nuevas composiciones de su álbum “moisturizer” (2025). El concierto terminó por todo lo alto con “Mangetout”, que confirmó el excelente momento que atraviesa el grupo. A estas alturas, Wet Leg han dejado de ser la banda revelación que sorprendió al mundo hace unos años para convertirse en una de las propuestas más sólidas y divertidas del Primavera Sound. Humor, actitud, grandes canciones y una frontwoman capaz de convertir cualquier escenario en su territorio. Laia Marsal

Wet Leg: diversión y mensaje. Foto: Marina Tomàs
Wet Leg: diversión y mensaje. Foto: Marina Tomàs

​​Yard Act

Yard Act salieron al escenario Estrella Damm cuando todavía quedaban restos de colores del concierto anterior flotando sobre el Fòrum. El problema de los festivales es que nadie te debe atención, tienes que ganártela a codazos. Y James Smith –el cantante de Yard Act apareció con una camiseta de los años del “From Enslavement To Obliteration” (1988) de Napalm Death, uno de los discos fundamentales del grindcore británico– lo sabe. Mientras el grupo explora el art rock, la electrónica y el spoken word, Smith sigue llevando al escenario el legado de una de las bandas políticamente más combativas del Reino Unido. Un detalle que resume la mezcla de ironía, conciencia social y cultura musical que caracteriza a Yard Act, que jamás han sido una banda para todos los públicos. Los primeros pogos aparecieron como tormentas en mitad de la multitud. “Dark Days” empezó como una bofetada elegante; “Blackpool Illuminations” convirtió el escenario en una postal torcida de la Inglaterra actual; “The Undertow” y “Redeemer” desplegaron esa mezcla rara de ansiedad, ironía y belleza que la banda maneja mejor que nadie. Terminó el postureo en el Fòrum. Porque Yard Act no tienen esa necesidad desesperada de aparentar importancia que afecta a tantas bandas. Smith no canta sus canciones, las escupe, las lanza contra el público como una conversación incómoda en una mesa de Navidad. Y camina de un lado a otro con la energía de un predicador que ha perdido la fe pero sigue disfrutando del sermón. “¿Quién es de Barcelona? ¿Quién es catalán? ¿Quién viene del resto de España? ¿Quién viene de cualquier otra parte?”. La gente responde. Él sonríe. Dice que “no importa una mierda”. Y durante un instante tiene toda la razón. Parte del concierto consistió en observar cómo Yard Act intentaban reducir la distancia con el público porque el escenario está diseñado para artistas mucho más obvios. Lo consiguieron a ratos. Sobre todo cuando sonó “Tall Tales” y “You’re Gonna Need A Little Music”; ahí el público ya era suyo. Cuando terminaron, la sensación fue rara. Yard Act dieron un buen concierto, muy bueno por momentos, pero también confirmaron algo que muchos sospechábamos: su hábitat sigue siendo una sala abarrotada. Algunas bandas nacieron para llenar estadios y otras para hacerte sentir incómodo a dos metros de distancia. Laia Marsal

Yard Act: arte puro. Foto: Marina Tomàs
Yard Act: arte puro. Foto: Marina Tomàs
Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.