Jeff Tweedy, el líder de Wilco, ha comentado en varias entrevistas que la llegada de Pat Sansone (Meridian, Mississippi, 1969) y Nels Cline fue un antes y un después para la banda de Chicago. Sucedió en 2004, fue el cambio más importante en sus más de treinta años de historia y se produjo precisamente cuando el grupo atravesaba su peor momento: acababan de despedir a Jay Bennett y al batería fundador Ken Coomer, el guitarrista Leroy Bach los dejó nada más finalizar la grabación de “A Ghost Is Born” (2004), Wilco fueron expulsados de su discográfica y Tweedy ingresó en un centro de rehabilitación por su adicción a los calmantes. El lanzamiento del álbum se retrasó y la gira por Europa se canceló.
Entonces llegaron Sansone y Cline y el barco reflotó con más fuerza que nunca. “Hacer ese disco y encontrar a estos músicos fue el comienzo de algo, con una banda que podía tocar cualquier cosa. Por eso, veinte años después, seguimos aquí, seguimos adelante”, declaró Tweedy hace un año con motivo de la reedición de aquel disco que consiguió dos premios Grammy, incluido el de mejor álbum de música alternativa. Desde entonces, la formación que el compositor considera “definitiva” continúa intacta.
Cinco años antes, Sansone había formado The Autumn Defense con el multinstrumentista John Stirratt (Nueva Orleans, Luisiana, 1967), el único miembro fundador de Wilco que, junto con Tweedy, sigue en el grupo y ha participado en todos los discos. Ambos se conocieron en Nueva Orleans a mediados de los noventa, adonde nuestro protagonista se mudó desde Hattiesburg, ciudad del estado de Mississippi, después de que su amigo Glen Graham, batería de Blind Melon, lo convenciera para probar suerte en la cuna del jazz. Allí trabajó en Kingsway –estudio en el que han grabado Pearl Jam, U2, Peter Gabriel, Brian Eno o Bob Dylan– y dio sus primeros pasos como músico de sesión. Con el tiempo grabó con Andrew Bird, Mavis Staples, Ryan Adams y Phil Selway, el batería de Radiohead, entre otros.
“Antes de conocer a John, yo era amigo de su hermana Laurie, que tocaba en una banda de Mississippi llamada Blue Mountain. Ella actuaba en Hattiesburg y yo iba a verla. A veces incluso compartimos escenario. Cuando me mudé a Nueva Orleans, de donde son John y Laurie, él y yo nos hicimos muy amigos. Teníamos gustos parecidos y empezamos a ir a conciertos y a tiendas de discos y guitarras. John también había tocado en Uncle Tupelo (el grupo lo compartía con Tweedy, Ken Coomer y Max Johnston, que también formaría parte de la primera encarnación de Wilco) y, a pesar de estar en Wilco, empezamos a tocar juntos. Fue algo natural. Nos gustaba mucho hablar de música y estábamos en la misma sintonía”, recuerda Sansone en una videollamada desde la casa de sus padres en Atlanta, a los que ha ido a visitar.
En 2001, The Autumn Defense grabó su debut, “The Green Hour”, que fue publicado por el sello de Stirratt, Broadmoor. A este le siguieron otros cinco discos hasta que, en 2014, inmersos en su trabajo con Wilco, se dieron un respiro que se prolongó durante una década hasta la publicación de “Here And Nowhere” (Yep Roc-Popstock!, 2025). Lo estarán presentando este mes de octubre en Madrid (14), Málaga (15), Cádiz (16), Granada (17), Reus (18), Castellón (19) y Barcelona (20).
¿Cómo era la escena de Nueva Orleans cuando llegaste a mediados de los noventa?
En esa época podías ver a muchas figuras históricas tocando en locales pequeños. Había músicos legendarios como Ernie K-Doe, Walter “Wolfman” Washington y The Dirty Dozen Brass Band con noches fijas en clubes de barrio. Fue maravilloso tener un acceso tan fácil a toda esa música. Cuando me mudé, además, ya conocía a algunos de los ingenieros de Kingsway, el estudio de Daniel Lanois, así que empecé a pasar mucho tiempo allí y a participar en algunas sesiones. Pasé a formar parte de la familia del estudio y fue allí donde John y yo grabamos parte de “The Green Hour”.
¿Fue vuestro amor por el pop de los años sesenta y setenta lo que os unió?
En ese momento, John y yo escuchábamos prácticamente la misma música, muchos grupos de pop de cámara de los años sesenta como The Kinks, The Zombies y obviamente The Beatles. También nos interesaban artistas menos conocidos y oscuros como Scott Walker, mucha música californiana basada en armonías como The Byrds y, especialmente, el disco “Forever Changes” de Love. Este último trabajo fue muy importante para nosotros, porque nos mostró el camino hacia el tipo de álbum que queríamos hacer.
¿Cuándo se te presentó la oportunidad de entrar en Wilco?
En 2004, John y yo estábamos de gira presentando “Circles” (2003), el segundo disco de The Autumn Defense, y Wilco acababa de terminar de grabar “A Ghost Is Born”. En un momento dado, John me dijo que teníamos un concierto en Chicago pocos días después y que Jeff y Glenn Kotche (se refiere al batería de Wilco) se pasarían a vernos porque Jeff quería hablar conmigo sobre la posibilidad de que me uniera a ellos en la gira de presentación de “A Ghost Is Born”. Yo sabía que Leroy Bach también les había abandonado y necesitaban una nueva formación. John me dio una copia del álbum y lo escuché durante aquella gira.
¿Cómo te sentiste? En aquel momento Wilco ya era una banda mundialmente famosa.
Estaba emocionado, pero si te digo la verdad, cuando lo escuché, no estaba seguro de qué podía aportar yo. Es un álbum bastante minimalista y sabía que Nels Cline también iba a incorporarse. No sabía qué querían que hiciera, tenían todo cubierto, pero Jeff vino al camerino después de aquel concierto en Chicago y me preguntó directamente si quería unirme. Le dije que sí, claro… y aquí sigo 22 años después.
¿No hubo audición?
Nada de nada. Yo ya conocía a todos los miembros. Jeff había tocado en “Circles” y hasta había compuesto una de las canciones con John: “Why I’m Like This”. Era un poco parte de la familia. Me dieron un par de semanas para aprenderme todas las canciones y acabé mudándome a Chicago.
Supondría un gran cambio en tu vida.
Sí, claro, sobre todo porque fue inesperado. En ese momento no estaba buscando una banda. Vivía en Nueva York y tenía mucho trabajo como músico de sesión, además de que estaba empezando a producir a otras bandas. Como John estaba en Wilco, tenía mucho tiempo para involucrarme en todas esas cosas y con The Autumn Defense tenía suficiente. Sabía que Wilco sería una experiencia mucho más exigente y, además, al principio no sabía hasta cuándo me necesitaban. ¿Era solo una gira o querían que me uniera definitivamente? Ni se me pasó por la cabeza que acabaría tocando con ellos durante más de veinte años, pero fue emocionante emprender aquella aventura.
Jeff Tweedy dijo que Nels Cline y tú cambiasteis por completo el sonido de la banda.
No sé si lo cambiamos por completo, pero lo que está claro es que fue el comienzo de un nuevo capítulo. Es cierto que se produjo una aproximación más orquestal a la hora de hacer los arreglos. Glenn, Nels y Mikael (Jorgensen, teclista) generan un montón de texturas y posibilidades. Ese es uno de los puntos fuertes de la banda, que podemos pasar de arreglos muy densos y complejos a canciones muy sencillas, directas y bonitas. Es una paleta muy amplia.
¿Qué significa The Autumn Defense en tu carrera y cuánto ayuda en tu labor con Tweedy?
Es muy importante tener esta vía de escape creativa. Wilco es algo muy especial que me ofrece oportunidades increíbles de viajar, conocer a otros músicos que me influyen y vivir todo tipo de experiencias cuando estamos de gira. Como músico es maravilloso estar involucrado en una banda así, pero los seis somos gente creativa y muy curiosa que necesita hacer otras cosas. Es una de las razones por las que Wilco es la banda que es: todos hemos expandido nuestras redes a otros lugares desde un punto de vista creativo.
¿Os resulta difícil encontrar vuestra propia forma de expresión después de pasar tantos meses tocando con Wilco?
Realmente no. John y yo creamos The Autumn Defense hace 25 o 30 años, lo cual es alucinante. Empezamos a componer y grabar en 1999. Ha pasado mucho tiempo y estamos contentos de que siga siendo una entidad viva. Es verdad que nos tomamos un descanso de once años entre el lanzamiento de los dos últimos álbumes, pero cuando volvimos al estudio en 2022, con nuestra propia sección rítmica, fue una sensación estupenda, como volver a casa. Fue muy divertido hacer “Here And Nowhere”.
¿No ha cambiado nada en esos once años?
No mucho y me alegro de que sea así. Cuando volvimos al estudio, sentí una familiaridad instantánea y fue agradable. No creo que John y yo necesitáramos tener un sonido nuevo ni hacer algo diferente. Nunca quisimos salirnos de nuestro camino para intentar hacer algo más grande. Eso nos dio mucha libertad para ser creativos y fieles a nosotros mismos al mismo tiempo. Tampoco puedo decir que creáramos “Here And Nowhere” sin esfuerzo, pero fue muy natural. Lo cierto es que estoy orgulloso de que, después de 25 años, haya un hilo conductor estilístico entre los seis discos de The Autumn Defense.
¿No os esforzáis porque suene diferente a Wilco?
No, qué va, no es una motivación consciente hacer que suene diferente a nada. Nuestra intención siempre es hacer un álbum que nos guste tanto como los discos de otros músicos que tenemos en casa y nos han influido.
¿Fue el amor por esa música lo que te impulsó a “resucitar” la música de Big Star tras la muerte de Alex Chilton en 2010?
Fue idea de Chris Stamey, el cantante y bajista de The dB’s, que había tocado con Alex a finales de la década de 1970 en Nueva York. Además, fue el productor de “I Am The Cosmos”, el único sencillo que grabó en solitario Chris Bell, el guitarrista que fundó Big Star con Chilton en 1971 (Bell falleció en 1978). En 2010 organizó una serie de conciertos con un montón de músicos invitados entre los que me encontraba yo. Aquel tributo se prolongó durante años y pasó por muchas ciudades, hasta que, en 2022, Jody Stephens (batería y único miembro fundador vivo de Big Star) me llamó para hacer una gira con una banda más pequeña con la que tocar “#1 Record” (1972) en su 50 aniversario. Nos juntamos Jon Auer de The Posies, Mike Mills de R.E.M., Stamey y yo con Jody a la batería. Nos llamamos The Big Star Quintet. Es algo muy divertido que seguimos haciendo y que creo que los seguidores de Big Star agradecen.
¿Llegaste a conocer a algunos de esos ídolos de juventud?
Por extraño que parezca, nunca conocí a Alex, aunque tenía una estrecha relación con Jody y muchos amigos en común. Además, los dos vivíamos entonces en Nueva Orleans, la ciudad donde él murió. Me habría encantado, pero nunca forcé el encuentro. Si hubiera sucedido de forma natural, habría sido maravilloso. De hecho, John Stirratt también era amigo suyo y hasta tocó con él a principios de los noventa. Al que sí conocí fue a Arthur Lee. A principios de los años 2000, John y yo fuimos a saludarlo después de un concierto en Chicago en el que interpretó “Forever Changes”. Sin embargo, la sorpresa más maravillosa que he tenido fue conocer a Paul McCartney en una ocasión y mantener una larga conversación con él. Es uno de los grandes momentos de mi vida. Era mi héroe y representa todo lo que yo quería ser de joven.
¿De qué hablasteis?
Hablamos mucho de fotografía (Sansone publicó “100 Polaroids” en 2010, un libro con las imágenes que él mismo había tomado durante sus giras). También de un concierto al que yo había ido a verlo unos meses antes, en el Yankee Stadium de Nueva York, y que él recordaba perfectamente porque había sido maravilloso. Luego le comenté que el apellido de mi madre también es McCartney y hablamos de cosas familiares. Fue increíble. ∎